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“La Neza fue el foro ad hoc para los festivales de blues en México”

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▲ Willie Dixon, quien convenció a John Lee Hooker de participar en el festival.Foto Writers and Musicians/Dixon html, Internet Yahoo

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▲ De la Rosa en la librería de esta casa editorial.Foto Roberto García Rivas

Juan Ibarra

 

Periódico La Jornada
Lunes 10 de enero de 2022, p. a10

El mantra que Raúl de la Rosa se ha repetido durante años tiene un origen popular en los dichos de las abuelas: Cuando las cosas van, van.

Con la confianza puesta en las fuerzas de la naturaleza, hace 43 años De la Rosa logró organizar con éxito el primer Festival de Blues en México y con esto establecer los cimientos para recibir este género en el país. Desde entonces, su labor como promotor cultural y divulgador del blues y el jazz no ha cesado. Por eso, este año se le otorgará el premio Keeping the Blues Alive, que otorga The Blues Foundation a personas que hayan hecho contribuciones significativas al mundo de esa música.

Los viejos espíritus del delta del Missisipi bajaron y me susurraron al oído, relata De la Rosa sobre el día en que, ante el extinto Consejo Nacional de Recursos para la Atención a la Juventud (Crea), mencionó un género musical del que se había enamorado luego de haber escuchado apenas unos pocos discos: el blues. Por la voz de Howlin’ Wolf, el promotor mexicano se había convencido. Me llevó un poco a la lágrima, yo oyendo solito aquello. Una voz podrida, grave. Me tocó recovecos, no sé si del alma, del pulmón o del cerebro, y pues me marcó, dijo.

Uno de los argumentos que De la Rosa ofreció al Crea fue una síntesis sobre la importancia del blues. Explicó que se trataba de una base de mucha música popular estadunidense, como el rock, que entonces comenzaba a popularizarse por todo el mundo. “Parece que les agradó un poco –o un mucho– la explicación porque pensaron que una bola de viejitos negros no iban a causar ningún problema. No sabían de lo que estaban hablando”, cuenta el también columnista y locutor.

Unos días después, De la Rosa se enteró de que su propuesta, aunque era sólo una idea, había sido aceptada. Lo primero que tenía que resolver era la falta de músicos para el festival. A finales de la década de los 70, conseguir información sobre casi cualquier tema o persona era muy complicado, y la escena del blues se mantenía como fenómeno local. Sin tener idea de dónde ir, sin conocer a nadie ni saber a qué músicos invitaría, viajó a Chicago junto con su colega Gastón Martínez.

Cuando las cosas van, van, y cuando no van, no van, vuelve a mencionar el promotor, quien considera que desde aquel viaje las cosas han ido y lo han llevado en la dirección del blues. A través de amigos, él y Martínez lograron dar con Jim y Amy O’Neil, editores de la única revista de blues que se publicaba en Estados Unidos en esa época.

Se reunieron con ellos en un pequeño lugar consagrado al género. Al entrar, “oigo una armónica de esas que te erizan el pelo, y le dije a Gastón: ‘No sé quién sea, pero a éste lo quiero llevar’”, recuerda. Escuchando a Big Walter Horton, tocando con Jimmy Rogers. Sorprendidos de que hubiera en México personas interesadas en llevar a cabo un festival del género, los músicos hicieron buenas migas con los promotores culturales. Tras una noche de celebración, De la Rosa había conseguido su primer contrato.

A la mañana siguiente, todavía con resaca, se dieron cuenta de que el documento había sido escrito en una servilleta que el promotor conserva todavía en algún libro. El compromiso, sin embargo, era grande. Los músicos los llamaron para invitarlos a conocer su estudio y les preguntaron a quién más deseaban agregar al festival. Aún debutante, sólo atinó a pronunciar los nombres que ya conocía, pero Howlin’ Wolf y Little Walter, le informaron, ya habían fallecido.

Luego probó suerte con Willie Dixon. Lo llamaron y aceptó, incluso se ofreció para convencer a John Lee Hooker, quien también se sumó. Poco a poco empezamos como los siete samuráis, reclutando a los músicos, describió De la Rosa. El mantra vuelve a aparecer.

Durante el regreso a México, los promotores se dan cuenta de que no tenían un lugar para llevar a cabo el festival ni la certeza de que el publico llegara. El foro elegido terminó siendo la sala Nezahualcóyotl, algo que hasta hoy en día lo enorgullece, pues logró ofrecer la mejor sala de conciertos, con todo el respeto que estos viejos músicos se merecían. Así fue, detalla.

Una veintena de emisiones que duró 10 años

Para informar a los aficionados del entonces Distrito Federal sobre blues, se le ocurrió hacer un programa de radio compuesto de 24 emisiones, pensado así porque ese número daba para la información con que contaba. La emisión, sin embargo, se transmitió por Radio Educación durante casi 10 años.

Estos festivales de blues que empezamos a organizar fueron como un retorno a los primeros conciertos para jóvenes que volvieron a abrir un poquito esa puerta tan herrumbrada que había, comenta. El 12 de octubre de 1978, una repleta sala Nezahualcóyotl vio nacer al primer Festival de Blues en México.

Fue maravilloso, extraordinario. Es todo un libro: las reacciones, los músicos, lo que hicieron, las vivencias; cómo estuvieron en mi casa y la relación que hubo, describe De la Rosa sobre ese primer encuentro. Como artífice y testigo privilegiado de esa historia, pudo mirar más allá del escenario. “En mi casa había un piano. Y que se hace una jam session, creo que la primera del blues que se da en este país. De ese tamaño: con esos músicos, en la sala de la casa de alguien.

Si hubiera sido consciente, hubiera fotografiado todos los días los primeros festivales como con 20 mil fotos, lamenta al pensar en retrospectiva.

Después de ese primer encuentro de blues, se hicieron otros 11 con muy buen éxito pero poco apoyo. En el segundo festival, en el Auditorio Nacional, hubo incluso un portazo debido a la cantidad de interesados en ingresar. El cuarto fue cancelado al segundo día, con el argumento de que así no habría desmanes. De haber tenido apoyo, hubiéramos continuado. Hoy estaríamos en la edición 43 y, sin duda, sería el mejor festival de blues del mundo, expresa Raúl.

Aunque el género es originario de Estados Unidos, para el también columnista de este diario, quizás es el único al que yo no le pondría el término gringo. Por dos razones: lo gringo para nosotros tiene un sentido peyorativo, además, lo gringo abarca todo. Creo que este género es, ni más ni menos, las raíces de la música popular estadunidense. Es música fundamental, no sólo para Estados Unidos, sino que la música popular de ese país ha influido en la música popular de todo el mundo.

Además, debido a su trabajo de organizador de festivales de blues, Raúl de la Rosa está nominado por su labor como divulgador. En este aspecto su actividad se ha concentrado principalmente en el programa de radio Por los senderos del blues, que se transmite desde 2005 por Horizonte, así como en la columna Tiempo de blues, que publica este diario, los cuales continúan con el espíritu de aquel primer programa transmitido por Radio Educación.

“Sucede que La Jornada también es el primer diario, en México al menos, que dedica un espacio al blues. Es sorprendente saber que hay espacios que también se van abriendo”, estima. De esta labor, De la Rosa ha rescatado una buena parte de sus escritos y los ha reunido para un libro, porque son las bambalinas: cómo se organizó, cómo fue.

El volumen, que se publicará más tarde este año y el reconocimiento Keeping the Blues Alive, que le será entregado en Estados Unidos el 21 de este mes, son parte de una misma cosa. Hay una memoria, una crónica que nos pertenece a nosotros, que es muy pequeña, pero muy importante porque sucedió aquí, la vivimos aquí, porque es nuestra, y había que narrarla, indica.

Además de alegrarse por el premio que le será otorgado, De la Rosa celebra que su testimonio sea reconocido. Para que se enteren allá, los de la Blues Foundation de Memphis, que en México hicieron unos festivales a nivel internacional, de lo mejor. Estoy seguro de que ningún festival de blues del mundo tuvo un lugar como la sala Nezahualcóyotl.

De la Rosa parafrasea a Pablo Neruda y sentencia: Confieso que me he divertido.

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