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Las redes sociales digitales lo amplifican todo y es una emoción muy peligrosa: Jorge Cuchí

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Las redes sociales digitales lo amplifican todo y es una emoción muy peligrosa: Jorge Cuchí

▲ Fotograma del documental Ballena azul, del director y guinista Jorge Cuchí.

Sergio Raúl López

Especial para La Jornada

Periódico La Jornada
Domingo 5 de diciembre de 2021, p. 7

Al volverse una noticia mainstream, generadora de reportajes y despachos informativos para el gran público, el rumor que aparecía ocasionalmente, por aquí y por allá, en el Internet, acerca de la existencia de un juego ruso llamado La Ballena azul, en la que un administrador incógnito le planteaba medio centenar retos a suicidas voluntarios de cualquier parte del mundo para realizar una serie de acciones, unas fijas y otras flexibles, hasta la exigencia terminal, mortal de naturaleza, fascinó y motivó a Jorge Cuchí a escribir y desarrollar un guion al respecto.

Juego ruso con 50 juegos

“Lo ví en un noticiario, informaban que había un juego que venía de Rusia, que se llamaba La ballena azul y que consistía en 50 retos durante 50 días; que estaba provocando la muerte de adolescentes porque el último de ellos justo era suicidarse. Entiendo que la finalidad del juego sea el suicidio pero dudo mucho que una persona lo haga sólo porque lo inviten a hacerlo, creo que es una decisión muy seria, de entrada, y que precede a la determinación de la manera en que lo vas a hacer”, explica el ex publicista y ahora guionista y director cinematográfico.

Uno de los retos fijos, recuerda, era tener una cita con otra ballena azul, lo que le llamó mucho la atención, y a partir de ahí desarrolló el argumento de dos personas, dos adolescentes de 17 años en la Ciudad de México, Elisa (Karla Coronado) y Félix (José Antonio Toledano), ya involucrados en el juego, que se juntan y conectan entre ellos ya que sus melancolías provienen de razones muy distintas y deciden seguir haciendo los retos pero unidos.

Decidí que no estaría mal regresar la responsabilidad a la gente que decide suicidarse y no a las películas, los videojuegos y otros contenidos, cuando probablemente los grandes problemas empiezan desde la casa y la familia, y en esta época la tecnología y las redes sociales ayudan a amplificarlos dramáticamente.

El resultado es 50 o dos ballenas se encuentran en la playa (México, 2020), que ganó la edición 37 de Cine en Construcción en Cinelatino, Recontres de Tolouse, en Francia, en 2020 y que tendría su estreno mundial en la Semana de la Crítica del 77 Festival Internacional de Cine de Venecia y que luego de participar en Tallinn Black Nights, El Cairo y Lima, logró los premios a Mejor Largometraje Mexicano, Mejor Actor y Mejor Actriz en el Festival Internacional de Cine de Morelia.

Padres y maestros, ausentes

Independientemente de que la ópera prima de Cuchí sea una película muy seria y no de puro entretenimiento, el realizador quería lograr una narrativa interesante, además de universal, pues la única diferencia de su generación y la actual es la tecnología y la amplificación, lo que permite que se conecten con otros, con desconocidos, de una manera muy amplia, fuera de la escuela y del círculo físico. Pero la melancolía, la tristeza, el bullying o los adultos, ya sean padres o maestros, que no te hacen caso, eso, es lo mismo y sólo se preocupan si te drogas o si chupas, si no todo está bien.

“Como que quería que esta historia tuviera todo: que el tema importara y fuera una cosa seria, pero que me permitiera hablar no solamente del juego de La Ballena azul sino de cosas que se desprenden de ahí y me permitió hablar de los adolescentes, de su relación con los padres y con los maestros, de la tristeza y cómo la gente que esta afligida se conecta en un mundo de redes sociales que lo amplifican todo se vuelve una emoción muy peligrosa”, explica el realizador de origen puertorriqueño pero afincado en México hace varias décadas.

La película está filmada con pantallas divididas: las autoridades escolares y los padres, sin retratarlos en el cuadro para que parezcan presencias ausentes y que deberían estar más en la vida de los adolescentes ignoran las intenciones suicidas, a cambio, Elisa y Félix aparecen siempre en pantalla para generar una complicidad entre ellos y el espectador, explica.

La publicidad, una gran escuela

Luego de 25 años de carrera como publicista –se retiró en 2014 para dedicarse a escribir guiones para cine–, con más de mil comerciales producidos para cine y televisión en ese lapso, Cuchí encuentra que a diferencia de la cinematográfica, la publicitaria es una industria poderosísima en México, que tiene muchísimos recursos y de la que se aprende mucho.

A mí me ayudó un montón en temas del lenguaje cinematográfico, yo sabía de lo que se trata una filmación y aprendí a construir historias, aunque sean muy chiquititas, pero tienen un inicio, una trama, un clímax y un final. La publicidad te obliga a pensar mucho y te acostumbra a tener ideas diarias: buenas, malas, regulares, fregoncísimas o a veces malísimas, pero te habituas a pensar todo el día en cosas que intentas que sean originales. Buscas el impacto, la originalidad y contar algo sin que la gente se aburra. Es una gran escuela, advierte.

Actualmente la película, producida por Catatonia Cine, se encuentra en charlas con distintos distribuidores con el propósito de estrenarse a inicios de 2022.

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