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Luego del concierto, todos nos hicieron pedazos, recuerda Luis de Llano

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Ap

 

Periódico La Jornada
Sábado 11 de septiembre de 2021, p. 3

Su nombre remite de inmediato a la música pop y a la televisión, pero hace medio siglo, el productor Luis de Llano fue uno de los responsables de organizar el festival Avándaro, una versión mexicana y modesta de Woodstock, que logró convocar a unos 250 mil asistentes cuando apenas esperaban 2 mil, el cual ayudó a abrir paso al género del rock a nivel nacional.

En su libro Avándaro: 50 años, cuando el rock mexicano perdió la inocencia, que publica hoy Ediciones de Lirio, De Llano recuerda el caos de la organización, los días que duró el festival y, sobre todo, el escándalo y la censura que cayeron sobre esa actividad, el sábado 11 de septiembre de 1971 en un valle boscoso a 150 kilómetros de la Ciudad de México.

Después de que terminó el concierto, nos cayó encima todo el poder de la liga de las buenas costumbres, el poder gubernamental, la opinión pública y los medios sensacionalistas. Todos, menos los jóvenes, nos hicieron pedazos, escribe De Llano.

Ser joven en México, en aquella época, era peligroso. Cuando ocurrió Avándaro, aún estaban frescas las heridas de la matanza de estudiantes del 2 de octubre de 1968 en Tlatelolco y el llamado halconazo del 10 de julio de 1971, cuando un grupo paramilitar creado por el gobierno reprimió de forma violenta una marcha juvenil.

Para el gobierno, entonces, ver a cualquier joven con pelo largo, barba y pantalones acampanados era un peligro para México. Cualquier reunión de más de 10 personas, la reprimían, y ver a 250 mil reunidas por razones no políticas, claro que les inquietó, escribe.

La mayoría de los videos que él y su equipo tomaron fueron confiscados por Televicentro, ahora Televisa, y enviados a una bodega en Tijuana, adonde iba a parar todo el material comprometedor que no debía ser difundido, señaló De Llano en una entrevista reciente con Ap. Nadie sabe si las cintas aún existen o cuál fue su destino final.

El lunes posterior al festival, se reunió con los más altos directivos de Televicentro, incluido su presidente Emilio Azcárraga Milmo y Jacobo Zabludovsky, el periodista que condujo durante 27 años el principal noticiario del país, para revisar los videos. El material no les agradó, a pesar de que la propia empresa había promovido esa actividad.

“Me dijo el señor Azcárraga: ‘¿Pues qué vamos a hacer? ¿Vamos a atacarlo o vamos a defenderlo?’. Le dije: ‘Pues mire, lo va usted a defender porque nosotros lo promovimos’. Zabludovsky me dijo: ‘Bueno, ve y hazme una edición de 10 minutos para que lo pase en la noche’”, recuerda De Llano.

La edición, dice, quedó maravillosa pero se perdió. “Ya no encontramos la cinta después. Ha de estar perdida en Noticieros. El problema es que el videotape se degrada. Esas cintas me las recogieron todas y se las llevaron a una bodega en algún lugar de Tijuana y se perdieron, o se echaron a perder”, lamenta.

De Llano organizó Avándaro, originalmente, como una carrera de autos, pero entonces se le ocurrió la idea de que hubiera música en vivo.

Pedimos permiso para hacer una carrera de coches con música y de repente yo inventé que quería hacer un concierto y empecé a invitar a grupos, y al rato ya no hubo carrera. Hubo rock, pero no ruedas.

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