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Poderosos, caminamos seis horas para llegar al festival, recuerda El Rebelde

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Mónica Mateos-Vega

 

Periódico La Jornada
Sábado 11 de septiembre de 2021, p. 4

Un viernes por la noche, en septiembre de 1971, El Rebelde y sus amigos El Pescado y El Japo, todos a punto de cumplir 15 años y declarados jipis pata de perro, caminaron seis horas desde Aragón, en la Ciudad de México, hasta Avándaro. Iban al concierto de rock y a las carreras de automóviles que tanto se había anunciado en Radio Juventud.

Llegaron cerca de las tres de la mañana del sábado 11 a ese paraje hoy legendario de Tenantongo, en el estado de México. El Rebelde se parecía a miles de chavos que hicieron la misma ruta: llevaba chaleco sin camisa, al cuello colgado el símbolo de amor y paz, pantalones de mezclilla de pata de elefante, huaraches y una melena esponjada que le llegaba a la cintura.

Íbamos poderosos. Sí se imagina por qué, ¿verdad?, consumiendo mariguana y pastillas. Eso nos reanimaba. Caminamos en lo oscuro, pero no éramos los únicos. Otros iban en auto, en moto, hasta en carreta que se podía alquilar desde Santa Fe. Era un mar de gente; calculo que habríamos llenado dos estadios Azteca, recuerda con emoción quien hoy es un teniente militar jubilado.

Hace 20 años, en Avándaro, añade don Álvaro Posada en entrevista con este medio, “estuvimos quienes sólo queríamos nuestra libertad, pues los padres de esa época eran más duros y enérgicos. Haga de cuenta como Luis Echeverría y Gustavo Díaz Ordaz; le besábamos las manos a nuestros papás para demostrarles respeto.

“A los 14 años mis amigos y yo andábamos en el rocanrol y, como muchos, estábamos en contra del gobierno por su actitud hacia los jóvenes que clamábamos libertad de expresión y de vida. Nuestro lema era Amor y paz porque todo lo que decíamos o hacíamos el gobierno lo tomaba a mal. Ellos creían que estábamos en son de guerra, sobre todo después de lo que había pasado en octubre de 1968, y sí, estaba calientita la papa.

Entonces, el concierto en Avándaro no fue de rebeldía, sino una manera de exigir que se respetara a los jóvenes, que se detuvieran las guerras que había en todo el mundo: en Vietnam, los conflictos en Japón, en Bangladesh, en la India. Fue una expresión para pedir que se calmara todo, por eso había surgido en nuestra época la música de los Beatles, los Rolling Stones, Janis Joplin, Jimi Hendrix y muchos grupos mexicanos que comenzaron a cantar en inglés y no en español, porque el gobierno lo calificaba de agresión.

Mariguana y felicidad

Cuando El Rebelde habla de su experiencia en Avándaro, su memoria está intacta. Sus canciones favoritas, a flor de piel: Yo canto el blues/ porque yo soy un incomprendido/ yo tengo muchos problemas que quiero olvidar/ la única forma de hacerlo es ponerme a cantar/ yo canto el blues/ le canto a las mujeres y al vino/ yo canto el blues/ por que el blues es mi único amigo (del grupo Three Souls in my Mind, que se puede escuchar en la liga: https://www.youtube.com/watch?v=qAJVr4jK5Z8)

Don Álvaro continúa su relato: “Todos deseaban llegar hasta enfrente del escenario, nadie quería quedarse hasta atrás. Las carreras se suspendieron por toda la gente que llegó, pues ya no había espacio. Cuando comenzó el concierto algunos chavos traviesos se subieron a una torre y ésta se vino abajo. El rock nos volvía locos.

▲ Cuando llegamos había olor a pasto quemado, señala uno de los tres amigos que viajaron a pie desde la capital del país al estado de México.Foto Trilce Ediciones

“Tocaron los Dug Dug’s, El Epílogo, La División del Norte, Tequila, Peace and Love, El Ritual, Bandido, Los Yaki con Mayita Campos, Tinta Blanca y El Amor. Me acuerdo perfectamente. Desde que llegamos ya había olor al pasto que estaban quemando”, dice y sonríe con malicia y de inmediato reitera “pero nuestro ambiente era de pura paz. Nos poníamos mariguanos, pero escuchando música éramos felices.

“Después se dijo que ese concierto fue una orgía, que encuerados todos contra todos, pero no fue cierto, para nada. Si alguien tuvo sexo por ahí, se escondió, y no faltó que alguna chava se quitara la blusa y el brasier, pero se respetaba.

“Por ejemplo, El amor, con su tema I love you more (https://www.youtube.com/watch?v=GdFtvcslnSk) tenía letras sencillas, sin mensajes agresivos. Luego tocó El Ritual, de los que más me gustaron. Fue colosal, una hermandad: entre todos compartían comida con los que no llevábamos nada.

“El momento cumbre de Avándaro fue estar ahí, desde el inicio hasta el final. Terminó el domingo 12 de septiembre, como a las 9 o 10 de la mañana se fue disipando. Me dio tristeza cuando comenzó la lluvia, pues se hizo un lodazal y para desalojar el área no había transporte. Llegaron unos camiones que mandó el gobierno de Luis Echeverría para apoyar a los jipis, a pesar de que estuvo en contra del concierto.

“Y luego me dio más tristeza porque ya no se hicieron otros conciertos que estaban programados, a pesar de que había salones donde tocaban esos grupos (los hoyos fonquis), como El Petulias de la colonia Peralvillo, que después cambió su nombre a Salón Chicago. Fui a esos lugares, al Salón Maya que estaba en La Villa, pero en todos llegaba la policía montada para reprimirnos; no nos querían que porque éramos locos mariguanos y hacíamos despapaye. No, nosotros sólo íbamos a bailar.

“Por eso se fue apagando el rock. Al Pescado le perdí la pista, El Japo se fue a vivir a Guadalajara. Mi papá me metió al Ejército y me tuve que pelar, perdí mi potencia de Sansón, pero el destino me llevó a Avándaro.

“Haber estado ahí me hizo vivir al cien por ciento. Ese fue nuestro momento, el de todos nosotros, los revolucionarios de la paz y el amor.

“Imagínese a 300 mil personas brinque y brinque, baile y baile, gritando ‘tenemos el poder, tenemos el poder’ (con la canción We got the Power, del grupo Peace and Love https://www.youtube.com/watch?v=bvaSFcGhkLs), ¡fue fantástico!”, concluye El Rebelde, para continuar tarareando las rolas que en medio siglo lo han acompañado, en las buenas y en las malas.

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