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Reza Salazar, de payasito callejero en Sudamérica a intérprete en Broadway

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Periódico La Jornada
Lunes 27 de diciembre de 2021, p. a10

Nueva York., Como parte del elenco de Clyde’s, Reza Salazar presenta ocho funciones por semana en el Hayes Theater de Broadway junto con la galardonada Uzo Aduba y otros. Es un logro que no da por sentado: el actor peruano, por necesidad, comenzó su carrera de niño, cuando él y su madre se disfrazaban de payasos para ganarse la vida.

Lo que hice con mi madre creo que hasta ahora fue mi fundación, la esencia de lo que sigo haciendo, dice el actor. Siempre llevo el payaso adentro y me ha abierto las puertas hasta Broadway.

Clyde’s, escrita por la ganadora de dos premios Pulitzer Lynn Nottage y dirigida por Kate Whoriskey, se desarrolla en un una tienda de sándwiches, cuya dueña (Aduba) contrata a ex presidiarios para darles la oportunidad de reinsertarse a la sociedad. Mientras la dura Clyde trata de mantenerlos bajo control, obligándolos a apegarse a sus viejas recetas y costumbres, ellos sueñan con crear el sándwich perfecto.

Salazar interpreta a Rafael, uno de estos empleados.

Nacido en Lima de padre peruano y madre argentina, Salazar tenía cuatro años cuando se divorciaron y su mamá lo llevó a Cali, Colombia en unas vacaciones que duraron tres años y medio. Así empezó una vida inestable y llena de necesidades que los llevó también a Ecuador, Bolivia y Argentina antes de finalmente llegar, una década después, a Estados Unidos.

Eran finales de los 80, principios de los 90, cuenta el actor, quien como niño dice que la pasó muy bien recorriendo con su madre Sudamérica, tipo Che Guevara… No viajábamos por avión, sino de pueblo en pueblo en autobuses, pero en Colombia nos encontramos en momentos muy difíciles.

Sin dinero para pagar una niñera, a su madre se le ocurrió disfrazar a ambos de payasos para llamar más la atención en una feria de calle donde trataría de vender adornos artesanales. “No teníamos ningún show, ningún número ni nada. ¡Y no vendimos nada ese día!”, recuerda Salazar entre risas. “Sí, tuvimos una audiencia que nos miraba y se reía… De ahí mi madre tuvo la idea de hacer un número y nos llamamos Hany y Bingo”.

Yo ya trabajaba de actor sin saber que lo era porque éramos muy pobres. Viajábamos y rentábamos cuartos. No tenía casa ni televisión; la que podía ver era cuando trabajábamos en las calles y veíamos por afuera de las tiendas electrónicas.

También actuaba en fiestas infantiles de niños que muchas veces eran de su misma edad. Al preguntarle si le divertía, Salazar responde que era una forma de estar más cerca de su madre en un momento difícil. En aquel tiempo no lo analizaba como niño, pero creo que me hacía sentir seguro, protegido, y de alguna forma creábamos historias entre mi madre y yo que hasta ahora tenemos.

Su vida dio un giro en Salta, en el norte de Argentina, donde dice que comenzó un nuevo capítulo. Un día vieron un letrero afuera del teatro La Fundación que ofrecía clases de actuación para adultos y niños. En un principio su madre pensó inscribirlo porque no podía pagar por ambos, pero no había cupo y terminó estudiando ella. Lo llevaba, al no tener con quién dejarlo.

Cuenta Rafael Monte, el director de aquel entonces de ese grupo de teatro, que yo me paraba desde las butacas y hacía todo lo que hacían los demás hasta que un día me miraron y me invitaron arriba al escenario.

Hoy los créditos de Salazar incluyen Sweat, en Broadway, también de Nottage o My Mañana Comes en el circuito off-Broadway. Ha aparecido en series de televisión como Daredevil y The Blacklist, y en varias cintas.

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