Colas y demoras en la consulta para las secuelas del chikunguña

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By ndh
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La Habana/Berta acaba de conseguir cita, luego de intentarlo durante casi un mes, en el Instituto de Neurología y Neurocirugía de La Habana, uno de los lugares donde el Gobierno ha puesto en marcha una consulta especializada para convalecientes del virus del chikunguña. La atenderán dentro de diez días.

Contagiada a principios de octubre, la mujer, vecina de Centro Habana, pasó varias semanas en cama, postrada con dolores. Cuando remitió la fiebre, no podía salir a la calle, y tuvo que tomar prestada una silla de ruedas. Más de tres meses después, está mejor, pero sigue con muchas secuelas. “No puedo dormir, paso las noches en blanco con dolores en las manos y las rodillas”, cuenta a 14ymedio.

Desde que el Ministerio de Salud anunció, el pasado 22 de diciembre, el inicio de la atención a los pacientes con secuelas del chikunguña en el Neurológico, el marido de Berta estuvo intentando conseguir un turno, pero apenas lo obtuvo hace dos días.


“La primera vez que te ve el doctor en la consulta, me dieron medicamentos, pero luego, si necesitas fisioterapia, te remiten a otro sitio”

Cientos de personas forman cada día, impenitentemente, una cola para pedir cita en la institución, situada en El Vedado, en la calle 29, entre F y D. Este miércoles, 14ymedio pudo atestiguar dos filas: una para solicitar turno y otra para la consulta. La primera, iba a buen paso; la segunda, casi no caminaba. “Llevo desde las siete aquí, y desde las 8 que abrieron hasta las 12, solo habían pasado cuatro”, contaba una anciana que esperaba. “Esto es demasiado lento”.

Las citas las están dando para un plazo de 15 días aproximadamente. “La primera vez que te ve el doctor en la consulta, me dieron medicamentos, pero luego, si necesitas fisioterapia, te remiten a otro sitio”, explicaba otra mujer, más joven que la anterior. Los médicos que podían observarse eran, en su mayoría, jóvenes y extranjeros. La mayoría de los que esperaban, por contra, tenían más de 60.

“Yo estoy esperanzada de que me puedan ayudar, aunque mi marido no lo cree”, refiere Berta. “Por lo menos en el noticiero cuentan que esto sí sirve”. 

Efectivamente, la información difundida por los medios oficiales no puede ser más optimista. Así, prometen el diseño de “programas de fisioterapia personalizados para promover la rehabilitación y la pronta reincorporación a las actividades cotidianas y laborales”. El servicio, explicó el Ministerio de Salud, está destinado “al manejo del dolor neuropático, las afecciones articulares y las parestesias”, algunas de las consecuencias que acarrean los enfermos de chikunguña, algunos de manera crónica.

Multitud ante las puertas del Instituto Neurológico de La Habana.
/ 14ymedio

“Nuestro objetivo es evaluar y tratar cada caso de manera individualizada, facilitando un camino hacia la recuperación funcional y la mejora de la calidad de vida”, prometía Orestes López Piloto, director del Instituto de Neurología. El proyecto lo lleva a cabo un equipo multidisciplinario integrado por neurólogos, neurocirujanos, anestesiólogos y fisioterapeutas, aseguraba también el Ministerio.

Además, las autoridades sanitarias dibujaban un panorama con estudios sofisticados como tomografías, ultrasonidos e incluso “intervenciones anestésicas especializadas” para el alivio de las secuelas. Preguntado al respecto, López Piloto decía que no podían saber el número exacto de personas que acudirían a la consulta, pero que el Instituto contaba con los recursos necesarios. “La fortaleza de nuestro sistema de salud nos permite organizar este tipo de respuestas”, aseveraba.

La larga espera ante el establecimiento parece contradecirlo. 

“Al menos tienen una consulta”, objeta Amauri, vecino de Ciego de Ávila. “Aquí a los que pasamos el virus solo nos queda tener paciencia”. Él, su pareja y su madre tuvieron la enfermedad en noviembre, y aún padecen sus consecuencias. “Yo por las mañanas amanezco con las manos entumecidas, tengo que moverlas mucho para poder funcionar medio bien”, confiesa.


“Yo por las mañanas amanezco con las manos entumecidas, tengo que moverlas mucho para poder funcionar medio bien”

Según la Organización Panamericana de la Salud, que se basa en estadísticas oficiales cubanas, un total de 65 personas han muerto a causa de chikunguña y de dengue. Sin embargo, cálculos estadísticos del Observatorio Cubano de Auditoría Ciudadana y Cuba Siglo 21 fijan la cifra en 8.700 personas.

La mayoría de los fallecidos en el registro oficial son menores de edad. De este grupo de edad, los más vulnerables son los recién nacidos, cuya vida corre peligro si enferman.

En 2025 se registraron 51.217 casos de chikunguña y 30.692 de dengue. La epidemia, como ya sucedió con el covid-19, ha dejado en evidencia la fragilidad del sistema de salud, otrora emblema de la Revolución. A la falta de medicamentos y el deterioro de las instalaciones sanitarias se suma una disminución del 27% del número de médicos en apenas cinco años, que pasó de 103.835 en 2020 a 75.364 en 2024.

El reto, publica este mismo jueves Periódico 26, es lograr “mediante una línea de investigación certera, las claves para impactar en la recuperación de los pacientes con secuelas” de la arbovirosis. Las autoridades aún no lo ven claro. Una de las medidas ha sido impulsar pruebas con Jusvinza, también conocido como Cigb-258, un medicamento creado por el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (Cigb) hace más de una década como modulador del sistema inmune, pensado originalmente para enfermedades autoinmunes como la artritis reumatoide, y que aún no se prueba efectivo para los convalecientes de chikunguña.

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