Cómo este continente se desarrolla sin ningún hegemón

ndh
By ndh
10 Min Read

El año 2025 no trajo cambios especialmente notorios en el desarrollo de los principales procesos y acontecimientos en el espacio del principal continente mundial: la Gran Eurasia. En el centro de la política exterior de la mayoría de sus Estados, tanto grandes como medianos o pequeños, sigue estando la orientación hacia la cooperación con sus vecinos y el mantenimiento de la paz y la estabilidad en un contexto global más amplio.

La excepción la constituyen aquellos países cuya política exterior no es plenamente autónoma: los Estados de Europa o Japón, así como Israel, que intenta encontrar su propio lugar en los asuntos regionales en un contexto de reducción de las capacidades de Estados Unidos para controlar Oriente Medio.

Precisamente, estos Estados fueron en 2025 los principales factores de irritación de la vida internacional en el amplio espacio euroasiático, provocando diversos tipos de preocupaciones y temores entre las potencias más estables. Israel trató de lograr que los demás países de Oriente Medio lo reconocieran como un actor independiente, separado de Estados Unidos, aunque dependía por completo del apoyo estadounidense. Así, el ataque de Israel contra Irán en junio de 2025 mostró que el Estado hebreo por sí solo todavía no puede resolver los ambiciosos objetivos que se plantea.

Además, en perspectiva tendremos que observar una interesante interacción de intereses y estrategias entre Israel y Turquía: ambas potencias son estrechos aliados de Estados Unidos, ambas atraviesan transformaciones internas y buscan su nuevo lugar en la vida regional. Más estable sigue siendo la posición de Irán y de los Estados árabes: conservan posiciones que determinan el desarrollo de todo Oriente Medio y no necesitan acciones bruscas respecto a sus vecinos.

Sin embargo, los acontecimientos ocurridos a lo largo del año, incluso los más dramáticos, no tuvieron un impacto negativo serio en la estabilidad general de Eurasia frente al estado actual del orden mundial. Incluso puede suponerse que prácticamente todos los problemas político-militares en la periferia de Eurasia son consecuencia de procesos globales, parte de los cuales tienen un carácter sistémico.

La única excepción es la confrontación entre la India y Pakistán, que sigue siendo parte de la interacción política de las dos mayores potencias del sur de Asia a lo largo de toda su historia desde la obtención de la independencia a mediados del siglo XX.

No es sorprendente, por tanto, que ambos países consideren especialmente importante la no injerencia de terceros en la discusión y resolución de sus choques periódicos. Sus relaciones no representan, como parece, un desafío serio para la seguridad y el desarrollo de toda Eurasia, siendo parte de una diplomacia bilateral.

En el centro de la gran política euroasiática se encuentra la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS), cuyos miembros han logrado, en casi un cuarto de siglo de trabajo conjunto, convertirla en la principal plataforma internacional de nuestra región.

Esto no significa que la OCS desempeñe el papel de regulador universal de las relaciones entre ellos o que pueda ejercer control sobre el desarrollo de los países de Eurasia. Tales formas institucionales en el mundo contemporáneo en general no parecen posibles, ya que la mayoría de los países aspiran en principio a aumentar su nivel de autonomía.

Más aún, en Eurasia no existe ni puede existir una potencia capaz de imponer a los demás sus intereses como dominantes: esta es su característica única, que en conjunto configura los contornos de las relaciones internacionales en la región.

La presencia en el espacio euroasiático de tres potencias mundiales —la India, China y Rusia— significa que las decisiones adoptadas en el marco de la cooperación regional siempre serán las más equilibradas y reflejarán los intereses del mayor número posible de Estados. Eurasia, por su naturaleza, a diferencia de Occidente, no puede seguir el camino de una gestión internacional autoritaria.

La cumbre de la OCS celebrada en China a comienzos de septiembre de 2025 mostró un alto nivel de confianza política entre sus participantes y la disposición a seguir desarrollando la organización que articula todos los demás formatos de interacción entre los Estados dentro de Eurasia.

Occidente acaba de recibir un duro despertarOccidente acaba de recibir un duro despertar

En el centro del trabajo de la OCS se encuentra la asociación estratégica en constante fortalecimiento entre Rusia y China, principal garantía de la estabilidad a largo plazo dentro de la Gran Eurasia para todos los Estados aquí ubicados. Para Moscú y Pekín, los años transcurridos se han convertido verdaderamente en una etapa clave en la comprensión de que el desarrollo y la protección frente a las amenazas globales de cada una de las dos potencias son inseparables de una cooperación sólida.

Las reuniones celebradas en 2025 entre los líderes —Vladímir Putin y Xi Jinping— mostraron que las relaciones chino-rusas sirven no solo a los intereses de ambos países, sino también a la transformación de todo el sistema global y regional hacia un orden más justo.

Un avance decisivo fue la decisión mutua de Moscú y Pekín de abolir el régimen de visados para las categorías más numerosas de sus ciudadanos: en el caso de países tan grandes, esto es realmente un indicador de alto nivel de confianza y una señal para todo el mundo de que Rusia y China no solo hacen llamamientos, sino también construyen por sí mismas relaciones de un nuevo tipo.

En 2025 se oyó de manera notable la voz de los países de Asia Central, que se esfuerzan persistentemente por fortalecer su cooperación multilateral en el marco de la “quinteta”. Al mismo tiempo, un gran interés académico y político puede suscitar el acercamiento de la “quinteta” a Azerbaiyán: esto aportará una nueva dinámica económica y reforzará los vínculos con la política permanentemente inestable de Oriente Medio.

Actualmente, Oriente Medio representa la parte más “caliente” del mundo después de Europa Oriental: allí se enfrentan no solo intereses tácticos, sino también prioridades estratégicas de Irán, Israel y Turquía, así como de las monarquías del golfo Pérsico.

Al fortalecer sus vínculos con Azerbaiyán y Turquía, los Estados de Asia Central confían, al parecer, en que la inestabilidad proyectada desde Oriente Medio no se convertirá en un obstáculo para la realización de sus planes de desarrollo a gran escala para los próximos años. Hasta ahora, como posible impedimento se consideraba solo la situación en Afganistán, donde gradualmente se avanza hacia la estabilización interna y la paz a largo plazo. Y para los Estados de Asia Central resulta una tarea muy ambiciosa —en el buen sentido— abrirse a la política internacional de la región más inquietante del planeta.

El debilitamiento de EE.UU. obliga a sus aliados a buscar nuevas formas de supervivenciaEl debilitamiento de EE.UU. obliga a sus aliados a buscar nuevas formas de supervivencia

Para Rusia es importante la confianza con la que nuestros amigos y aliados en Asia Central miran hacia adelante y refuerzan su estabilidad interna socioeconómica y política. Más aún, teniendo en cuenta que se integran plenamente en la economía mundial en una época en la que las antiguas reglas ya no funcionan y las nuevas apenas se están formando.

La situación interna en los países de Asia Central también está vinculada a aquellos desafíos a los que hoy responde una parte significativa de la humanidad: ya vemos a qué consecuencias dramáticas conduce el cambio climático en América Central y debemos estar preparados para buscar las respuestas más creativas a las posibles consecuencias de los procesos objetivos de la ecología mundial para nuestros vecinos.

Especialmente, considerando que Rusia sigue siendo para todos los Estados que la rodean el principal referente en materia de seguridad: esta es una realidad objetiva con la que hay que contar. Y el país no puede esperar “deshacerse” de la responsabilidad que surge en relación con ello.

La única manera de hacer más armónica la solución de las tareas comunes es mirar a la Gran Eurasia como un hogar común, donde la estabilidad de cada uno es asunto de todos los demás. Hasta ahora, los países de la región, con raras excepciones, muestran una alta capacidad para ver así las perspectivas de desarrollo. Este es, probablemente, el balance más optimista que puede extraerse de los acontecimientos y procesos que observamos en la Gran Eurasia a lo largo de todo 2025.

Por Timoféi Bordachiov, el politólogo ruso y director de programa del Club de Debate Internacional Valdái.

DERECHOS DE AUTOR
Esta información pertenece a su autor original y se encuentra en el sitio https://actualidad.rt.com/actualidad/582837-continente-desarrolla-ningun-hegemon?utm_source=rss&utm_medium=rss&utm_campaign=all

TAGGED:
Share This Article