El IL-96 repatría militares cubanos y envía refuerzos a Venezuela

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By ndh
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La Habana/La versión que ha circulado en Cuba –según la cual los vuelos del Ilyushin IL-96 entre La Habana y Caracas estarían destinados solo a repatriar médicos y personal civil– es falsa. Así lo asegura a 14ymedio una fuente con acceso directo a las fuerzas de seguridad cubanas, que confirma que la aeronave está trasladando principalmente a uniformados de los ministerios del Interior y de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y que, además, no regresa vacía a Venezuela.

“Están haciendo rotaciones. Regresan algunos, llevan a otros”, explica la fuente. Los militares que vuelven a la Isla son sustituidos por nuevos efectivos, reclutados bajo un régimen de “voluntariado”, pero incentivado con pagos en divisas. “Son 1.000 dólares mensuales, al margen del salario en Cuba”, precisa.

El IL-96 de Cubana de Aviación –el único cuatrimotor de largo alcance de la flota estatal– ha completado ya nueve viajes a Caracas desde la captura de Nicolás Maduro, según pudo confirmar este diario. El más reciente aterrizó nuevamente en la capital venezolana este fin de semana, apuntando a una reorganización acelerada del contingente militar cubano desplegado en ese país. Está previsto que regrese a La Habana este domingo a las 4:00 pm., y que vuelva a Caracas el lunes en la mañana, según fuentes consultadas por este diario.

Este mismo avión fue el que trasladó a La Habana a militares cubanos heridos durante la operación estadounidense en Caracas. Desde entonces, sus movimientos se han multiplicado, casi siempre envueltos en un fuerte secretismo. Fuentes del Aeropuerto Internacional José Martí consultadas por 14ymedio aseguran que la aeronave es estacionada en pistas apartadas y operada casi exclusivamente por personal militar. “No dejan acercarse a empleados civiles, salvo a los que ellos consideran absolutamente confiables”, señala un trabajador aeroportuario que pidió anonimato.


“Son 1.000 dólares mensuales, al margen del salario en Cuba”

El CU-T1250 fue entregado a Cuba a finales de 2005 y está identificado en los registros aeronáuticos con el número de serie 74393202015. Está equipado con cuatro motores PS-90, un diseño característico de la aviación rusa de principios de siglo que prioriza la redundancia y el alcance sobre la eficiencia de consumo. Aunque este tipo de avión ha quedado prácticamente relegado del tráfico civil regular por sus altos costos operativos, sigue siendo valorado para vuelos gubernamentales por su robustez y su capacidad para operar con cargas elevadas y sin escalas en rutas largas.

Con una capacidad estándar cercana a los 300 pasajeros –ampliable a más de 400 asientos en configuraciones de emergencia–, el IL-96 ha permitido trasladar en pocas semanas a miles de personas. Los cálculos más conservadores indican que, solo en los primeros seis vuelos, pudieron trasladarse hasta 2.500 cubanos.

La cronología de los vuelos refuerza la tesis de una operación militar y no humanitaria. El primer despegue tras la captura de Maduro ocurrió el 5 de enero, apenas 48 horas después de la intervención estadounidense. Algunos de esos trayectos no aparecen reflejados en las plataformas públicas de rastreo aéreo, una práctica habitual en esta aeronave, que suele activar el transpondedor cuando ya se encuentra a gran altura.

El vuelo del 8 de enero terminó de forma abrupta cuando el avión dio vueltas frente a las costas colombianas y regresó sin aterrizar en Caracas. Según explicó entonces un especialista consultado por 14ymedio, Colombia negó el permiso de sobrevuelo y el IL-96, por sus limitaciones técnicas, no pudo desviar su ruta por Curazao. Días después, sin embargo, la aeronave volvió a cruzar el espacio aéreo colombiano sin contratiempos, lo que da más fuerza a la hipótesis inicial de que la presencia de un dron estadounidense la disuadió de seguir su vuelo el 8 de enero.


La Habana necesita mantener su influencia en Venezuela

El silencio del Gobierno cubano contrasta con la magnitud de la operación. Ninguna autoridad ha informado sobre la salida o el relevo de efectivos militares en Venezuela, pese a que los vuelos del IL-96 se han vuelto imposibles de ocultar.

La reconfiguración coincide con movimientos diplomáticos de alto nivel. La reciente visita del director de la CIA, John Ratcliffe, a Caracas, y sus reuniones con las nuevas autoridades venezolanas dispararon rumores sobre una retirada supervisada de las fuerzas cubanas dedicadas a tareas de seguridad e inteligencia. Analistas regionales sostienen que Washington habría exigido mayor transparencia y una reducción inmediata de la presencia militar de la Isla.

Según versiones que se comentan en círculos de inteligencia, el proceso estaría siendo monitoreado por el Comando Sur de Estados Unidos, desplegado en el Caribe. En ese contexto se inscribe también el reciente encuentro del jefe de misión de la Embajada estadounidense en La Habana, Mike Hammer, con el máximo responsable de ese mando militar, una reunión que la propia sede diplomática describió como centrada en “la situación en Cuba y el Caribe”.

Para la fuente consultada, la lógica es inequívoca: “No están sacando médicos, están moviendo soldados. Y los que llegan de relevo saben a qué van”. Los incentivos en dólares, en un país donde el salario estatal apenas alcanza para sobrevivir, funcionan como un poderoso anzuelo, pero también como un indicador de urgencia. La Habana necesita mantener su influencia en Venezuela, incluso a costa de exponer a más militares cubanos a un escenario cada vez más inestable.

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