Para el análisis, recogieron muestras de 17 individuos diferentes de tiranosaurios rex, desde ejemplares jóvenes hasta ejemplares muy viejos y grandes. En el artículo, los investigadores contaron que analizaron los anillos de crecimiento cortando rodajas de 3 milímetros de grosor de los huesos de la parte inferior de la pierna y, a continuación, los trituraron hasta que quedaron tan finos que la luz podía atravesarlos.
Woodward y su equipo también dieron un paso más allá al contar grupos de anillos estrechos agrupados, algo que los investigadores anteriores no habían tenido en cuenta porque creían que esos grupos representaban breves interrupciones del crecimiento dentro del mismo año. Además, el equipo examinó los fragmentos de hueso de la pierna bajo luz polarizada cruzada, revelando anillos ocultos que, de otro modo, serían invisibles.
Los estudiosos también desarrollaron un algoritmo que combinó los anillos de crecimiento de doce T. rex para crear una única curva de crecimiento para la especie. Curiosamente, cuando los investigadores incorporaron los anillos agrupados y ocultos en su modelo, la incertidumbre estadística de la curva de crecimiento resultante disminuyó. Los anillos adicionales, al parecer, merecían ser contabilizados, ya que encajaban en la misma secuencia biológica.
El análisis actual, cuyo resultado se publicó a principios de 2026, revela que el T. rex crecía más lentamente de lo que se pensaba anteriormente y que su tasa de crecimiento era variable, dependiendo de las condiciones ambientales. Probablemente no alcanzaba sus gigantescas proporciones hasta los 40 años de edad, un crecimiento similar al de otros tiranosaurios conocidos, lo que contradice las afirmaciones de estudios anteriores de que crecía muy rápidamente.
Entre los fósiles analizados, dos crecieron más lentamente que los demás, lo que llevó a los investigadores a plantear la posibilidad de que pertenecieran a otras especies, como el Nanotyrannus, o que formaran parte de un “complejo Tyrannosaurus”. “Basándonos en las diferencias de crecimiento, proponemos que estos dos son de una especie diferente, o tal vez sean T. rex enfermos o heridos, o incluso enanos debido a alguna razón ambiental”, señala Ballard en el artículo.
Los resultados de este nuevo análisis también sugieren que el T. rex pudo haber pasado gran parte de su vida como un depredador de tamaño pequeño o mediano, en lugar del gigante que todos imaginamos. Debido a esto, se habría adaptado gradualmente a diferentes hábitats a medida que envejecía, lo que probablemente lo puso en mayor competencia con otros depredadores de su entorno.
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