Infantino enfrenta la mayor crisis de la FIFA en su historia

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▲ Gianni Infantino, presidente de la FIFA, es duramente criticado por su cercanía con el mandatario estadunidense y ahora debe hacer política ante la creciente inquietud por un posible boicot al Mundial.Foto Afp

Miguel Delaney

The Independent

Periódico La Jornada
Jueves 22 de enero de 2026, p. a11

Altos mandos de la FIFA y la UEFA están “muy preocupados” por las posibles repercusiones en la Copa Mundial y en el futbol en general debido al interés de Estados Unidos por controlar Groenlandia, de acuerdo con diversas fuentes, mientras las federaciones intentan sortear una crisis diplomática.

No hubo reuniones oficiales ni declaraciones públicas. Todo el mundo mira al presidente de la FIFA, Gianni Infantino, y se pregunta qué estará pensando exactamente. Es una consecuencia de que la federación esté orientada en torno a una figura central; en cierto modo, eso significa que puede no tener la gobernanza adecuada para hacer frente a la agitación de Trump. Si parece absurdo que todo esto sea responsabilidad de un solo hombre, es que así es como se diseñó el sistema. La FIFA no es el foro adecuado para un debate constructivo.

Obviamente, esto va mucho más allá de cualquier vergüenza por el Premio de la Paz de la FIFA, incluso cuando éste adquirió un nuevo y absurdo simbolismo con la publicación de Donald Trump sobre su “competidora” en el Nobel. Pero lo más relevante es que convierte a Infantino en el protagonista de una historia que podría colapsar este Mundial. Si eso suena ridículo, basta con mirar los titulares.

En casos normales, después de todo, una federación más apolítica podría considerarse víctima de los acontecimientos geopolíticos.

Sin embargo, el cortejo abierto de Infantino a Trump lo convierte en un personaje mucho más central en el drama. “Simplemente tie-ne que estar preocupado por lo que viene después”, en palabras de una fuente que lo conoce.

Situación sin precedente

Otros altos directivos creen que Infantino espera que esto acabe pasando como la mayoría de las broncas de Trump. Pero aunque no ocurra nada, es una situación sin precedente para la FIFA, acentua-da por la proximidad de su pre-sidente al gobierno estadunidense.

Si algo sucede, Infantino se enfrenta a la mayor crisis que tuvo la FIFA en su historia. El Mundial más lucrativo puede convertirse en el más ruinoso. El torneo está en el centro de todo.

La “salida” habitual del futbol en estas situaciones –como se vio con los llamados para expulsar a Israel– es que las asociaciones naciona-les individuales suelen estar guiadas en sus posiciones geopolíticas por sus gobiernos. Sin embargo, como afirma Nick McGeehan, de FairSquare, la Copa es ahora “un evidente punto de apoyo” para las federaciones europeas.

Según los informes, en círculos políticos alemanes se planteó la idea de amenazar con un boicot y también hubo una petición en Países Bajos.

“Sería sorprendente que los líderes europeos no estuvieran debatiendo seriamente la posibilidad de un boicot”, añade McGeehan.

Aunque ninguna federación quiere hablar abiertamente de “líneas rojas” y suele referirse a “hipótesis”, cualquier invasión estadunidense a Groenlandia forzaría naturalmente una respuesta contundente. Lo que preocupa especialmente a los funcionarios es que la exclusión de Rusia del Mundial, por la invasión a Ucrania, deja a las federaciones sin margen de maniobra sobre Trump y Groenlandia.

Algunas altas personalidades creen además que un bloque europeo –y potencialmente toda la UEFA– podría tener que adoptar una postura antes que nada. La mayoría quiere mostrar su solidaridad con Dinamarca. Una veintena de federaciones debatieron al respecto en una ceremonia con motivo del aniversario número 150 de la Federación Húngara.

Aquí es donde la FIFA necesita un liderazgo fuerte. Cada vez que se plantean las relaciones con el presidente de Estados Unidos o con líderes autocráticos reales, como Mohammed bin Salman, de Arabia Saudita, el argumento desde dentro de la FIFA es que Infantino no tiene más remedio que facilitar las insinuaciones de esas figuras. Incluso se sugirió la debatible idea de que dicha “integración” frenará realmente los peores excesos de las dictaduras. En otras palabras, una diplomacia deportiva moderna.

La FIFA rechazó históricamente tal papel, consciente de que los acontecimientos geopolíticos que escapan a su control pueden causar inmensas complicaciones. “Por eso no se hicieron políticos”, dice un alto ejecutivo.

Fue explícito sobre el papel del futbol y de la Copa Mundial a la hora de unir al mundo y acercar a “la gente”. Las personajes próximas al presidente en el seno de la FIFA llegaron a hablar de que pocas personas en el mundo están tan bien preparadas para mediar entre Israel y Palestina.

El propio Infantino llegó a describir la Copa 2026 como “el mayor momento de la historia, uno que une al mundo entero.

“Y queremos que todos estén unidos, el mundo se parará para ver lo que ocurre en los tres increíbles países anfitriones”. Eso fue en su Instagram en 2023. No hay nada de esto ahora. Y el mundo está mirando.

Si alguna vez hubo un momento para que la cuestionable relación de Infantino con Trump fuera útil, e incluso justificable, es ahora. ¿Quién es mejor para hablar con él de esto? Otros “primeros ministros” no lo son, dadas sus propias presiones nacionales.

Pero, ¿tiene Infantino la capacidad de hablar así con Trump? Algunos sostienen que el Premio de la Paz de la FIFA se concedió específicamente con este fin, para cortejar al republicano con vistas a una futura influencia política. Esa perspectiva depende por completo del planteamiento de Infantino.

“Trump sigue siendo, en el fondo, un hombre obsesionado con los índices de audiencia, y un boicot europeo acabaría con este Mundial y lo privaría de su papel en el ‘mayor espectáculo del orbe’”, añade McGeehan. “Más allá de eso, un boicot provocaría la ira en las ciudades anfitrionas, y entre los patrocinadores y los organismos de radiodifusión”.

Esto podría dejar a Infantino en la cuerda floja, sobre todo teniendo en cuenta que otras figuras del futbol son en general mordaces con su histrionismo geopolítico.

“Vuelve a pensar que se codea con Trump y el jerarca de Arabia Saudita, mientras que ellos lo ven como un idiota útil”, dice uno.

Los funcionarios más abrasivos creen que una FIFA verdaderamente politizada debería ser ahora más firme y amenaza con trasladar ya la Copa del Mundo, dado que Dinamarca es uno de sus miembros.

La UEFA también tiene la posibilidad de conceder finalmente a Groenlandia la condición de miembro de pleno derecho, como solicitó, pero por ahora no hay voluntad.

La situación se propagó de otras maneras. Últimamente, los inversionistas estadunidenses se interesaron especialmente por los clubes daneses debido al ambiente futbolístico y al acceso a Europa, pero una fuente implicada en una negociación afirma que ésta se suspendió a la espera de lo que ocurra con Groenlandia.

De momento, como gran parte del mundo, el futbol está a la espera y con esperanzas. Nadie más que el presidente de la FIFA, que llevó el torneo a Estados Unidos. Llegó la hora de la política.

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