▲ El ex director de programación de ATG Entertainment, Kevin Couch, confirmó su renuncia a The Washington Post.Foto cortesía del Kennedy Center
The Independent
Periódico La Jornada
Viernes 30 de enero de 2026, p. 8
El recién nombrado jefe de programación artística del Kennedy Center renunció, pocos días después de que se anunciara su nombramiento.
El Kennedy Center, que se ha visto envuelto en una controversia política desde que el presidente Donald Trump tomó el control el año pasado, anunció que Kevin Couch se convertiría en su nuevo vicepresidente de programación artística en un comunicado de prensa del 16 de enero, compartiendo el anuncio nuevamente el 22 de enero en X.
Pero menos de una semana después de anunciar su nombramiento, Couch renunció.
El ex director de programación de ATG Entertainment, quien declaró en el comunicado de prensa que se sentía “honrado de unirse al Trump Kennedy Center en un momento tan crucial para las artes escénicas”, confirmó su renuncia a The Washington Post el miércoles. Couch declinó hacer más comentarios.
La rápida salida de Couch se produce en un momento en que el Kennedy Center enfrenta una serie de cancelaciones de artistas tras la controvertida toma de control por parte de Trump. El presidente destituyó a miembros de la junta que no había nombrado y añadió varios nuevos, entre ellos la jefa de gabinete de la Casa Blanca, Susie Wiles, y la segunda dama, Usha Vance. En aquel momento, declaró que su misión era eliminar la programación woke del centro.
En diciembre, los miembros de la junta designados por Trump votaron para cambiar el nombre de la institución histórica a Centro Trump-Kennedy.
Los cambios se produjeron rápidamente después de la votación: la señalización del edificio se modificó para reflejar el nuevo nombre, a pesar de que los académicos dicen que tal cambio requiere la aprobación del Congreso.
En los días siguientes, los demócratas en el Congreso actuaron para intentar revertir la decisión.
La representante Joyce Beatty, demócrata de Ohio, presentó una demanda en Washington, en diciembre pidiendo al juez que anulara la votación, que según ella excedía la autoridad estatutaria de la junta.
“Dado que el Congreso nombró al centro por estatuto, cambiar el nombre del Kennedy Center requiere una ley del Congreso”, afirma la demanda, y agrega que “la intención del Congreso era que el Centro fuera un monumento viviente al presidente Kennedy y una joya de la corona de las artes para todos los estadunidenses, independientemente del partido”.
También en diciembre, la representante Chellie Pingree, demócrata de Maine, presentó un proyecto de ley que eliminaría el nombre de Trump del centro. La legislación recibió el apoyo de más de 70legisladores.
A raíz de la decisión, varios artistas se han retirado de sus próximas actuaciones en el centro, incluido el galardonado compositor Philip Glass, que tenía previsto tocar en el centro en junio.
“La Sinfonía n.º 15 es un retrato de Abraham Lincoln, y los valores del Kennedy Center hoy día están en conflicto directo con el mensaje de la Sinfonía”, declaró Glass en un comunicado publicado el martes por su publicista. “Por tanto, me siento obligado a retirar este estreno de la Sinfonía del Kennedy Center bajo su actual dirección”.
Roma Daravi, vicepresidenta de relaciones públicas del centro , dijo a Ap: “No tenemos lugar para la política en las artes, y aquellos que piden boicots basados en la política están tomando la decisión equivocada”.
Si bien muchas presentaciones en el Kennedy Center han sido canceladas en los recientes meses, el estreno del controvertido documental de la primera dama, Melania, se llevó a cabo ayer en el centro.
Se prevé que Melania tenga un mal fin de semana de estreno en taquilla. Si bien el presidente Trump ha afirmado que la película es imprescindible, se espera que sólo recaude entre 1 y 5 millones de dólares, a pesar de que su adquisición y promoción le costó a Amazon 75 mil millones de dólares.
A pesar de las afirmaciones del presidente de que las entradas para Melania se estaban “agotando rápido”, las ventas de entradas visibles públicamente en los teatros de las principales ciudades de Estados Unidos y Reino Unido mostraron lo contrario.
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