Peligran millones de aves por la pérdida de bosques en América Central, alerta científica
▲ Dos viveros gestionados por la comunidad en la Selva Maya de Guatemala producen decenas de miles de plántulas de árboles nativos cada año para reforestar pastizales. En la imagen de la derecha, un zorzal, especie que pasa el invierno en los cinco bosques de Centroamérica.Foto Andrew Spencer/Lab of Ornithology/Macaulay Library, y Claudia Novelo/WCS Mesoamerica
& Western Caribbean
▲ Datos científicos que orientan la conservación transfronteriza de aves migratorias.Foto Lello-Smith
Eirinet Gómez
Periódico La Jornada
Lunes 5 de enero de 2026, p. 6
Cinco grandes bosques de América Central, que se extienden desde el sur de México hasta el norte de Colombia, son corredores vitales indispensables para docenas de especies de aves migratorias, reveló un equipo científico que analizó millones de registros hechos por observadores de aves en la plataforma eBird, una de las bases de datos científicas participativas más grandes del mundo.
El estudio impulsado por la Wildlife Conservation Society (WCS) y el Laboratorio de Ornitología de Cornell (Cornell Lab) identificó que estos bosques sustentan entre 10 y 46 por ciento de las poblaciones mundiales de 40 especies de aves que se reproducen en América del Norte y pasan el invierno boreal en América Latina y el Caribe.
Un caso representativo es el de la reinita cerúlea, una especie que ha disminuido en 70 por ciento desde 1970. “Más de 40 por ciento de su población mundial pasa por estos bosques durante la migración de primavera”, dijo Viviana Ruiz Gutiérrez, líder del Programa de Ciencia para la Conservación en el Laboratorio de Ornitología de Cornell y coautora de la publicación.
Los bosques a los que se refiere esta investigación son Selva Maya, de México, Belice y Guatemala; la Moskitia, de Honduras y Nicaragua; Indio Maíz-Tortuguero, de Nicaragua y Costa Rica; La Amistad, de Costa Rica y Panamá, y el Darién, de Panamá y el norte de Colombia.
Uno de los hallazgos relevantes del trabajo es que estos sitios tienen un vínculo clave con las zonas boscosas del noreste de Estados Unidos, Ontario y Quebec, Minnesota y Wisconsin, el delta del Misisipi y las regiones de los Apalaches, así como la región montañosa de Texas, donde se reproducen las especies.
“Nuestros resultados evidencian el papel de los cinco grandes bosques de América Central como punto de referencia para la conservación de las aves migratorias”, señala el trabajo publicado en Biological Conservation.
“Cuando uno ve un mapa de Centroamérica y se imagina a las aves sobrevolando la región hace 50, 100 años, todo eso era verde. Pero ahora, estos bosques parecen unos parches verdes, islas, en un mar de urbanización y agricultura”, apuntó Ruiz Gutierrez.
Y agregó: “Sin estos bosques, las aves no tendrían adónde parar, no tendrían esa protección para pasar la temporada de invierno y después irse otra vez a Estados Unidos a reproducirse”.
Para realizar esta investigación se analizaron más de 2 mil millones de observaciones de aves enviadas por más de un millón de personas a eBird, una plataforma global de ciencia participativa desarrollada por el Laboratorio de Ornitología de Cornell que reúne millones de registros aportados por personas de todo el mundo.
Ruiz Gutiérrez afirmó que, por medio de herramientas de verificación y modelos avanzados de aprendizaje automático y estadístico, transformaron los reportes de eBird en mapas de distribución, estimaciones de abundancia y patrones migratorios de alta resolución.
“Tener acceso a millones de datos y analizarlos ha generado una información tan importante como la del artículo”, señaló la científica.
Al consultarle sobre las debilidades de eBird, la investigadora mencionó que las zonas sin población o donde no hay gente que esté capacitada para subir los registros a la plataforma son la mayor limitación.
“Tenemos dificultades para el avistamiento de aves marinas; en esos casos, a veces la gente va en un bote pesquero o en un crucero, y es cuando tenemos registros, pero todavía hay un gran vacío en esas regiones.”
La investigadora planteó que el principal propósito de este trabajo es impulsar una cooperación internacional en la conservación. “Si alguien disfruta ver reinita cerúlea en el Central Park de Nueva York, en Estados Unidos, o quiere seguir observando aves en el bosque cerca de su casa en Canadá, debe entender que eso sólo es posible gracias a las personas que, día a día, protegen esos hábitats en el sur”.
El informe menciona que pese a la relevancia de los cinco bosques de América Central, éstos se han reducido entre 5 y 30 por ciento desde 2000, principalmente por la ganadería ilegal. “Estamos en un punto crítico. Si esa deforestación sigue, millones de aves desaparecerán”, comentó.
En América del Norte se han perdido 2 mil 500 millones de aves migratorias de 419 especies desde 1970.
En este contexto, Ruiz Gutiérrez se pronunció por fortalecer los esfuerzos de conservación en comunidades locales o indígenas por medio de un financiamiento multianual que provenga de países del norte, a fin de incentivar la regeneración de esos bosques, el manejo sostenible y la agroforestería.
“A veces no percibimos de manera directa cómo nos afecta la pérdida de estos hábitats ni entendemos la magnitud de estas conexiones. Sabemos que las aves llegan y se van, pero no siempre comprendemos qué significa eso para nuestro entorno. Eso es justamente lo que debemos comunicar mejor y lo que espero que este estudio ayude a hacer visible.”
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