151 papeles, 4.000 actuaciones, 12 Grammy y más de medio siglo de carrera internacional avalan a Plácido Domingo como una leyenda viva de la ópera. El conocido como ‘El Granado’ no solo ha sido —y es— uno de los tenores más influyentes del panorama operístico de los siglos XX y XXI, sino que también ha ejercido como director y productor, y su imagen ha quedado consolidada en el imaginario colectivo.
Sin embargo, a pesar de su fama y reconocimiento mundial, Domingo cayó en desgracia y fue ampliamente cuestionado en 2019 cuando la agencia ‘Associated Press’ publicó los testimonios de varias mujeres que le acusaban de acoso sexual. Ahora, cuando cumple 85 años, con acusaciones sobre sus hombros y una prolífica carrera, queda preguntarse si su conducta invalida su trayectoria y si el calificativo de leyenda es apropiado.
Primeros pasos bajo los focos.
Madrileño de nacimiento, Domingo creció entre bambalinas y sobre un escenario: sus padres, Plácido Domingo Ferrer y Josefa ‘Pepita’ Embil Etxaniz, crearon una compañía de zarzuela en Ciudad de México, cuando la familia se trasladó allí en 1949. De joven, Domingo acompañaba a su madre en recitales líricos, interpretaba papeles de niño en algunas zarzuelas y asistía a las funciones en las que actuaban sus progenitores.
También, mientras cursaba sus estudios primarios, tomó clases de solfeo con Manuel Barajas, su primer mentor y maestro musical. Y, a pesar de que en un principio no estaba entre sus planes adentrarse en el mundo de la ópera —fue jugador de fútbol, quiso ser torero, participó en comedias musicales y recibió ofertas para hacer cine— su infancia marcó su destino.

Si bien el momento decisivo para la carrera de Domingo ocurrió cuando un amigo le sugirió probar suerte en la ópera y se presentó a una audición en la Academia de la Ópera de México, su debut ocurrió en 1959 en un papel de barítono en la ópera ‘Rigoletto’, de Verdi, en Ciudad de México. Y, dos años más tarde, llegó su salto a la fama cuando interpretó, esta vez como tenor, a Alfredo, protagonista de ‘La Traviata’, de Verdi, en Monterrey.
Su paso por los principales escenarios del mundo.
Tras Alfredo, ‘La Traviata’ y México, Domingo se subió a los principales escenarios del mundo. Primero, se estableció en 1962 en el Teatro de la Ópera de Tel Aviv (Israel) junto a su mujer, la soprano mexicana Marta Ornelas. Allí realizó 280 representaciones. Y no fue hasta 1966 que el tenor debutó en su país natal, en el Gran Teatre del Liceu (Barcelona), junto a la Compañía de la Ópera Nacional de México.
Después, actuaciones en las principales urbes: Hamburgo, Lima, Berlín, Santiago de Chile y Viena… Como mención especial, el tenor interpretó el papel principal en el estreno de ‘Don Rodrigo’, de Alberto Ginastera, en la New York City Opera y, a los 28 años, debutó en La Scala de Milán con ‘Ernani’, de Verdi.
Conforme evolucionaba la trayectoria de Domingo también lo hacía, de forma natural, su voz: fue perdiendo su registro agudo y adquiriendo destreza y potencia en tonos medios y graves, lo que le permitió incorporar a su repertorio personajes de barítono de óperas como ‘Macbeth’, de Verdi, o de zarzuelas como ‘Luisa Fernanda’, de Federico Moreno Torroba.
Una carrera más allá del canto lírico.
“Cuando descanso, me oxido”, afirmó Domingo en una entrevista con ‘The New York Times’ en 2018. Quizá por ello, durante la década de los 90, el madrileño combinó su carrera artística con la de gestor musical —ha dirigido la Ópera Nacional de Washington y la Ópera de Los Ángeles—. Además, ha formado parte de múltiples proyectos discográficos como Los Tres Tenores, un grupo vocal formado por Domingo, José Carreras y Luciano Pavarotti, cuyos discos vendieron miles de ejemplares.

Entre otros eventos relevantes de su vida profesional destacan la grabación del tema oficial para la Copa Mundial de Fútbol de 1982 y su actuación en las ceremonias de apertura y clausura de los Juegos Olímpicos de Barcelona, en 1992. También, Domingo ha sido el protagonista de tres adaptaciones de ópera para el cine: ‘La Traviata’, ‘Otello’ y ‘Carmen’; y ha tenido una incursión en la cultura pop: apareció en un episodio de Los Simpson interpretándose a sí mismo.
Entre otros reconocimientos, el cantante es caballero del Imperio Británico y premio Príncipe de Asturias de las Artes. También es doctor ‘honoris causa’ por la Universidad de Oxford, la Universidad de Nueva York y la Universidad de Salamanca, entre otras. Y, en 2012, fue nombrado Embajador de Buena Voluntad de la UNESCO.
La caída del ídolo: 27 acusaciones de acoso sexual.
Hasta 2019, la imagen de Domingo estaba intacta. Pero, en agosto de ese año, su persona y su legado se oscurecieron cuando ‘Associated Press’ publicó el testimonio de nueve mujeres, ocho cantantes y una bailarina, que acusaban al cantante de agresión sexual. Incidentes que datan de finales de la década de 1980.
Según la agencia, el tenor presionó a las supuestas víctimas, mujeres jóvenes en los inicios de su carrera, para tener relaciones sexuales con él por medio de ofertas laborales. Las demandantes también alegaban que él tomó represalias profesionales contra ellas cuando le rechazaron. Poco a poco, más testimonios se hicieron públicos y Domingo acabó enfrentando 27 incriminaciones, todas anónimas salvo la de la mezzosoprano Patricia Wulf.
En su momento, él aseguró que las interacciones contra estas mujeres fueron “bienvenidas y consensuadas” y respondió a la agencia de noticias a través de un comunicado: “Las acusaciones de estas personas no identificadas son profundamente preocupantes e inexactas. Aun así, es doloroso saber que puedo haber molestado a alguien o haberles hecho sentir incómodas, sin importar cuánto tiempo haya pasado y pese a mis mejores intenciones”.
Tras las acusaciones, en febrero de 2020, un informe encargado por el sindicato de músicos de ópera de Estados Unidos concluyó que las denuncias eran “ciertas” y que iban desde “el flirteo hasta proposiciones sexuales, dentro y fuera del ámbito de trabajo”. Al mismo tiempo, Domingo aceptó toda la responsabilidad en los casos de acoso sexual.
El amplio espectro estilístico de Domingo le ha permitido moverse entre el Barroco y la ópera contemporánea, entre Mozart y Gian Carlo Menotti, entre ‘Parsifal’, de Wagner y ‘El gato montés’, de Manuel Penella… “Me gusta que les guste lo que hago. Lo de leyenda… No lo sé. Yo me siento una persona muy normal. Me ha gustado la variedad de personajes, de repertorios, de estilos, de idiomas. He tenido una curiosidad muy grande”, dijo a ‘Los Angeles Times’ en 2018.
El repertorio y la trayectoria de Domingo le consolidan como una figura relevante en la historia de la ópera. Sin embargo, las consecuencias de sus actos perduran y, especialmente en su caso, el debate continúa vigente: ¿Se puede separar al artista de su obra?
Andrea Insa Marco.
EFE REPORTAJES
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