Para las personas que viven con depresión, incluso los movimientos básicos pueden volverse apagados. Los neurocientíficos han observado una reducción de la expresividad facial, los gestos y la postura, lo que algunos describen como una pérdida del vocabulario emocional del cuerpo.
La danza ofrece una forma única de reconectarse con uno mismo. Puede activar vías emocionales, cognitivas y sensoriales, despertando una sensación de conexión dentro y fuera del yo.
La depresión no es solo una cuestión de estado de ánimo. También afecta a la forma en que nos relacionamos con nuestro propio cuerpo y con los demás. “El cerebro humano necesita a otros seres humanos a su alrededor para mantenerse sano y equilibrado, tanto física como mentalmente”, subraya Christensen. “Por razones evolutivas, nuestro cerebro entra en modo de supervivencia si está solo”.
Bailar también puede ofrecer algo que la terapia conversacional no puede: una forma de procesar las emociones sin necesidad de utilizar el lenguaje. “La danza invita a las personas a expresar algo sin necesidad de ponerlo en palabras”, insiste. Para muchos, esto puede ser increíblemente curativo y una gran terapia complementaria a la terapia conversacional.
Eso puede explicar por qué las intervenciones más eficaces en los ensayos clínicos no solo implicaban movimiento, sino también bailar con música y otras personas, algo que, según Noetel, puede ser clave para la eficacia de la danza.
Más allá de la mejora del estado de ánimo o la actividad física, bailar en grupo proporciona algo exclusivamente humano: una conexión profunda.
En la década de 1980, en Detroit, innovadores como Juan Atkins llevaron cajas de ritmos a las fiestas juveniles, creando lo que se convertiría en la música house y techno. No se trataba solo de innovaciones musicales, sino de espacios de sanación comunitaria donde la gente se reunía en tiempos difíciles. Desde entonces, los historiadores culturales y los etnomusicólogos han descrito estos espacios como lugares fundamentales para la alegría, la resistencia y la solidaridad.
Christensen señala que bailar con otras personas puede difuminar las fronteras entre ellas. “Si nos movemos en sincronía, nuestro cerebro se confunde de una manera positiva y hace que la percepción de mí y de ti se superponga”, afirma. Los neurocientíficos se refieren a esta superposición como “co-representación”. Puede aumentar los vínculos, la confianza y la empatía, componentes esenciales del bienestar mental.
Estos hallazgos han inspirado nuevos enfoques para la terapia y la asistencia social, donde se están utilizando programas basados en el movimiento para ayudar a los pacientes que tienen dificultades con la expresión verbal o el aislamiento social.
En el Reino Unido, el Servicio Nacional de Salud ofrece programas de baile para adultos mayores con demencia. En Australia, los investigadores han descubierto que los programas de baile estructurados, en todos los grupos de edad, pueden ser igual de eficaces o más que otros ejercicios para mejorar la salud mental, la motivación y la función cognitiva.
En entornos de laboratorio, muchas intervenciones para la depresión se centran en controlar los síntomas. El baile, según algunos, va más allá: crea momentos de alegría.
Desde clases de salsa hasta pistas de baile en clubes underground, los mejores resultados se obtuvieron con programas que priorizaban la interacción social y la musicalidad. El baile prospera en entornos donde se fomenta la creatividad y la iniciativa. Los investigadores sostienen que esto ayuda a restablecer la sensación de control y la expresión personal, dos aspectos que a menudo se ven mermados por la depresión.
Esta idea está dando forma a una nueva generación de programas basados en el baile. Desde las aulas escolares hasta los centros de adultos mayores, los instructores están cambiando su enfoque de la precisión técnica al movimiento expresivo y la creación de vínculos comunitarios.
El baile también puede restaurar algo que la depresión a menudo nos quita: la capacidad de acción. Te da la oportunidad de elegir tu estilo, tu ritmo, tu manera de ser.
“Si las personas no saben lo que la danza puede hacer por ellas, es probable que aún no hayan encontrado su estilo de baile”, finaliza Christensen. “Hay cientos de estilos de baile en el mundo entre los que elegir”. A medida que la atención a la salud mental sigue evolucionando, la danza está emergiendo como algo más que una práctica cultural o un ejercicio físico.
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