Justo cuando tu mente comienza a relajarse en la playa, tu cuerpo puede acelerar el ritmo dando un largo paseo, nadando o jugando a la pelota con amigos.
Las investigaciones sugieren que los paisajes costeros fomentan el ejercicio y los innumerables beneficios para la salud que este conlleva. Aunque las personas parecen realizar actividades físicas más intensas en los espacios verdes, un estudio de 2020 publicado en la revista Environmental Research descubrió que tienden a hacer ejercicio durante más tiempo cuando sudan en el llamado “gimnasio azul”, posiblemente porque perciben el tiempo como más amplio cuando están cerca del agua.
Esta actividad física prolongada, combinada con los beneficios del alivio del estrés que proporciona la costa, puede mejorar el sueño. Un análisis de 2024 de los datos de 18 838 adultos de 18 países muestra que, en promedio, las visitas más frecuentes a los espacios azules y verdes se correlacionan con una menor probabilidad de dormir insuficientemente (lo que se considera menos de seis horas al día).
Desde hace mucho tiempo, las personas recurren a la terapia marina para hacer frente al dolor y el estrés, pero nunca ha quedado del todo claro si estos beneficios se deben realmente a estar en la costa o simplemente a tomarse un descanso de las responsabilidades cotidianas. Esto se debe a que es difícil demostrar científicamente que el paisaje en sí mismo disminuya el dolor.
Los ensayos controlados doble ciego, en los que los sujetos son asignados aleatoriamente a un tratamiento o control, son el estándar de oro en la investigación científica. Pero también son casi imposibles de realizar en entornos al aire libre. “No se puede ocultar la condición a alguien: sabrá si está mirando el mar o no”, señala White.
Sin embargo, algunos investigadores están utilizando ahora la realidad virtual para estudiar de forma más rigurosa el efecto de la naturaleza sobre el dolor. Un bonito ejemplo de ello es un ensayo controlado aleatorio realizado en 2017 en, nada menos, una consulta dental.
Los investigadores estaban interesados en saber si las cualidades reductoras del estrés de la costa podían ayudar en tiempo real a los pacientes dentales ansiosos. Teletransportarlos a la playa sería imposible, pero ¿por qué no intentar la mejor alternativa?
“Nuestra idea era que, si contábamos con una realidad virtual potente, podríamos interferir en las imágenes mentales de las personas y ayudarlas a afrontar mejor [la visita al dentista]”, explica Sabine Pahl, una destacada psicóloga social e investigadora del espacio azul que participó en la autoría del estudio.
Durante el tratamiento dental, los pacientes llevaban unas gafas de realidad virtual que simulaban un paseo al aire libre, ya fuera por la costa o por una ciudad limpia y agradable. Efectivamente, el grupo de realidad virtual costera experimentó niveles de dolor significativamente más bajos durante el tratamiento en comparación con los paseantes urbanos y el grupo de control.
Los avances tecnológicos permiten ahora a los investigadores estudiar con mayor precisión cómo influye la naturaleza en el dolor. En una investigación publicada en Nature Communications en marzo de 2025, otro equipo de científicos mostró a 49 personas sanas representaciones virtuales detalladas de un paisaje natural (una vista de un lago), un paisaje urbano y un paisaje interior, todo ello mientras les aplicaban descargas eléctricas.
Las imágenes por resonancia magnética funcional (fMRI) mostraron que mirar la escena natural se asociaba con un menor dolor autoinformado y una alteración de la actividad en las regiones del cerebro responsables de la percepción del dolor.
Esto proporciona una posible base neurológica para lo que los investigadores observaron en el estudio del dentista y demuestra que, más allá de promover emociones positivas, las escenas naturales podrían mejorar nuestra capacidad para lidiar con el dolor.
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