¿Quién fue la verdadera Virgen María, la madre de Jesús según la tradición cristiana? | National Geographic

ndh
By ndh
6 Min Read

Por último, Tabor aboga por sacar a María de la “vitrina” de la tradición cristiana y recordarla como una figura históricauna mujer judía del siglo I que crió a sus hijos bajo el yugo del dominio romano. Esto debería ser obvio, pero la pesada nube de siglos de interpretación y tradición cristianas ha oscurecido tanto su identidad religiosa original como las dificultades a las que se enfrentó.

Esto comienza con su nombre. Aunque nosotros la llamamos María, el Nuevo Testamento se refiere a ella con el nombre griego Mariam, un nombre hebreo que la conecta con Mariam, la hermana de Moisés y Aarón, y que podría traducirse mejor al español como Miriam. Esta María es una joven madre que probablemente dio a luz en condiciones precarias, iba a buscar agua todos los días y luchaba por alimentar a sus hijos. Probablemente era joven, de unos catorce años, cuando dio a luz a Jesús.

El linaje de Jesús estaba envuelto en controversia. Aunque los Evangelios presentan a Dios como el padre de Jesús, es poco probable que los contemporáneos de María fueran tan generosos. Hay leyendas posteriores, explica Tabor, que afirman que Jesús era hijo de un soldado romano, pero, en última instancia, “desde nuestro punto de vista histórico, tendríamos que decir que su padre es desconocido”. 

Es posible que José, como atestiguan los Evangelios, la protegiera de los rumores y los chismes crueles, pero su apoyo fue solo temporal. Es probable que, algún tiempo después de su matrimonio concertado con José, enviudara y criara a sus hijos e hijas con una ayuda limitada. José, señala Tabor, nunca aparece en nuestras fuentes después de que Jesús cumpliera doce años. En cambio, se muestra a María viajando sola con sus hijos.

Según los Evangelios, también era una mujer judía que visitaba Jerusalén y el Templo para las fiestas religiosas y estaba profundamente arraigada en la vida judía. Vivió en una época de terror político, ya que la dinastía de Herodes y Roma ejecutaban a los aspirantes a mesías.

En el año 4 a. C., justo cuando María entraba en la edad adulta, Galilea estalló en revuelta. Un rebelde llamado Judas el Galileo se apoderó de la armería real en Séforis y se autoproclamó rey, lo que encendió las esperanzas mesiánicas entre las aldeas circundantes, incluida Nazaret, donde vivían María y José. 

La respuesta de Roma fue rápida y despiadada. El legado sirio Varo marchó con dos legiones (aproximadamente 12 000 hombres) hacia Galilea, quemó Séforis hasta los cimientos y desató un terror masivo. El historiador judío Josefo registra que los romanos crucificaron a unos dos mil rebeldes a lo largo de las principales rutas, de modo que, hasta donde alcanzaba la vista, las cruces se alineaban en los caminos, cada una con una víctima retorciéndose.

Para los aldeanos como María y su familia, que podían ver el humo de la ciudad desde la cercana Nazaret, el espectáculo era ineludible: el hedor de las ruinas carbonizadas, los gritos de los crucificados, la visión de los cuerpos de sus vecinos colgados a pocos metros de los caminos por los que transitaban a diario. Fue, como observa Tabor, un trauma formativo, una lección temprana sobre los costos del imperio y el precio de la esperanza mesiánica. 

Pero no fue la experiencia más desgarradora. Al final de su vida, tres de sus hijos (Jesús, Santiago y Simón) habían sido asesinados por sus reivindicaciones o su liderazgo. Su vida se definió por la resistencia, el dolor y la resiliencia.

Tabor cree que devolver a María a la historia significa verla no como una figura etérea, sino como una mujer cuya fe y coraje se forjaron en el sufrimiento. Su judaísmo era importante: vivía y respiraba la Torá, los rituales del templo y las esperanzas de liberación de Israel. Pertenecía a una comunidad que esperaba justicia e inculcó esa esperanza en sus hijos.

Durante siglos, la tradición cristiana ha celebrado a María como la Virgen Madre, mientras descuidaba a la mujer detrás del mito. La reconstrucción de Tabor no está exenta de controversia, y muchos debatirán elementos de su argumento, pero nos invita a ver a María de una nueva manera: como fundadora, matriarca, visionaria y sobreviviente.

Al recuperar su historia, descubrimos no solo las raíces ocultas del cristianismo, sino también un modelo de resiliencia que trasciende el tiempo. María, como muestra Tabor, nos recuerda que detrás de cada movimiento hay mujeres cuyas voces han sido silenciadas, cuya influencia ha quedado oculta a plena vista.

Dos mil años después, quizás el acto más radical sea llamarla por lo que fue: no solo “bendita entre las mujeres”, sino una fundadora olvidada del cristianismo.

DERECHOS DE AUTOR
Esta información pertenece a su autor original y fue recopilada del sitio https://www.nationalgeographicla.com/historia/2025/12/quien-fue-la-verdadera-virgen-maria-la-madre-de-jesus-segun-la-tradicion-cristiana

TAGGED:
Share This Article