De La Redacción
Periódico La Jornada
Lunes 12 de enero de 2026, p. 6
Un misterioso padecimiento cerebral causa controversia entre los expertos de la salud en Canadá. Todo empezó en 2019, cuando funcionarios de un hospital en la provincia de Nuevo Brunswick notaron que dos pacientes habían contraído un trastorno cerebral extremadamente raro, conocido como enfermedad de Creutzfeldt-Jakob o ECJ.
Un grupo de expertos se reunió para investigarla, pues lo único que se sabía hasta ese momento fue que el padecimiento era mortal y potencialmente contagioso.
Entre ellos se encontraba Alier Marrero, un neurólogo cubano que llevaba trabajando en la provincia unos seis años y que compartió información preocupante, por ejemplo, que atendió a pacientes con síntomas inexplicables similares a los de la ECJ durante varios años, incluidos jóvenes que mostraban signos de una demencia que progresaba rápidamente. El número de casos fue mayor a 20, dijo Marrero, y varios pacientes ya fallecieron.
Asimismo, observó una variedad de síntomas, entre los que destacaban pérdida de peso, inestabilidad, movimientos espasmódicos y tics faciales. Algunos pacientes sufrieron espasmos, visiones, dolor en las extremidades, atrofia muscular, piel seca y caída del cabello.
Después de un lustro, el número de casos aumentó hasta 500 sin que hubiera avances científicos.
El año pasado, un artículo de investigación escrito por neurólogos y neurocientíficos canadienses concluyó que no existía ninguna enfermedad misteriosa y que probablemente todos los pacientes padecían afecciones neurológicas, médicas o siquiátricas previamente conocidas, lo que puso en duda la existencia de la ECJ.
Ese documento podría haber marcado el final de un capítulo extraño en la ciencia canadiense, pero cientos de personas no lo consideran así, al argumentar que el artículo es deficiente y rechazar cualquier sugerencia de que el grupo de pacientes no es real.
Los Institutos Canadienses de Investigación en Salud (CIHR) y el reconocido médico Samuel Weiss coincidieron en que Marrero necesitaba un apoyo considerable. Los CIHR ofrecieron a la provincia de Nuevo Brunswick 5 millones de dólares canadienses para investigar.
Lo increíble fue que la provincia no tomó el dinero y lo devolvió a los institutos, no hubo más investigaciones y los pacientes seguían muriendo. Muchos neurólogos y médicos desaprobaron el trabajo de Marrero, a quien describieron como “un caso de diagnóstico erróneo que evoluciona hacia la desinformación”.
Con información de la BBC
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