La UNAM explicó por qué ocurrió el sismo de magnitud 6.5 en Guerrero, una región altamente activa por el contacto entre placas tectónicas, y detalló el comportamiento de las réplicas.
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IMER Noticias
El sismo de magnitud 6.5 registrado a las 7:58 horas del 2 de enero, con epicentro en San Marcos, Guerrero, responde a un comportamiento característico de la región, donde ocurre el contacto entre la placa de Cocos y la placa de Norteamérica, explicó la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
En entrevista, el investigador del Instituto de Geofísica de la UNAM, Víctor Hugo Espíndola, señaló que este tipo de sismos no son inusuales en la costa de Guerrero, una de las zonas con mayor actividad sísmica del país, aunque destacó que el evento fue fuerte pero moderado dentro del contexto regional.
“El sismo ocurrió muy cerca del límite entre placas, por eso no es de extrañarse que periódicamente se registren movimientos de este tipo en la región de San Marcos”, explicó el especialista, quien detalló que las aceleraciones del suelo fueron altas en la zona epicentral, lo que explica la fuerte percepción en municipios cercanos y en ciudades como Acapulco.
De acuerdo con el Servicio Sismológico Nacional, hasta el momento se han registrado más de 450 réplicas, de las cuales nueve superaron la magnitud 4.0, siendo la mayor de 4.7, un comportamiento que el investigador calificó como normal tras un sismo de esta magnitud. Espíndola añadió que el número elevado de réplicas también responde a la mayor sensibilidad de los instrumentos actuales, que permiten detectar sismos de menor magnitud que antes pasaban desapercibidos.
El especialista recordó que esta región ha sido escenario de sismos históricos relevantes, como el de 1957, conocido como el sismo del Ángel, que causó daños importantes en la Ciudad de México, y el de 1989, de magnitud 6.9, ambos originados en zonas cercanas al actual epicentro.
Espíndola subrayó que la poca profundidad del rompimiento, considerada superficial, influyó en que el movimiento se percibiera con mayor intensidad, aunque aclaró que esto no implica una mayor magnitud, sino una menor atenuación de la energía sísmica en la zona epicentral.
Respecto a la respuesta institucional, el investigador destacó que el sismo puso a prueba los protocolos de protección civil y los sistemas de alertamiento, como el operado por el CIRES, los cuales resultan efectivos cuando los epicentros se localizan a cierta distancia de la Ciudad de México.
“No podemos predecir los sismos, por eso es fundamental mantenernos atentos, seguir las recomendaciones de Protección Civil y tomar con seriedad los simulacros”, señaló, al insistir en la importancia de que la ciudadanía conozca qué hacer en casa, en el trabajo o en espacios públicos ante un movimiento telúrico.
Finalmente, el investigador explicó que la magnitud, la energía liberada y la ubicación del epicentro corresponden plenamente con los efectos registrados en Guerrero y otras regiones del país, reiterando que la actividad sísmica en esta zona es constante y seguirá siendo monitoreada por las instituciones científicas del país.
La radiografía del sismo en San Marcos, Guerrero
El sismo de magnitud 6.5 registrado el 2 de enero de 2026 en San Marcos, Guerrero, forma parte de una dinámica sísmica recurrente en el estado, que concentra alrededor del 25% de la sismicidad nacional, de acuerdo con el Servicio Sismológico Nacional (SSN) de la UNAM.
Especialistas explican que esta alta actividad se debe a la subducción de la placa de Cocos bajo la placa de Norteamérica, un proceso que ocurre frente a las costas del Pacífico, desde Jalisco hasta Chiapas. Esta interacción tectónica provoca la acumulación de energía que, de manera periódica, se libera mediante sismos.
Guerrero ha sido escenario de eventos sísmicos históricos, como el sismo del Ángel de 1957 (M7.5) y el de Petatlán en 1979 (M7.6), ambos con afectaciones significativas en zonas cercanas al epicentro y en la Ciudad de México.
La UNAM advierte que una de las regiones de mayor atención es la llamada Brecha de Guerrero, ubicada entre Acapulco y Petatlán. En esta zona, el paso del tiempo sin un sismo mayor incrementa la probabilidad de un evento significativo, ya que la energía acumulada no ha sido liberada completamente, incluso tras el sismo de magnitud 6.3 ocurrido en 2004.
Ante este panorama, los especialistas subrayan la importancia de reconocer el riesgo sísmico y fortalecer la prevención, en un país como México, donde interactúan cinco placas tectónicas y la ocurrencia de sismos es un fenómeno constante.
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