▲ La simbólica actuación del puertorriqueño en la final de la NFL sigue generando intensos debates.Foto Afp
De la redacción
Periódico La Jornada
Miércoles 11 de febrero de 2026, p. a12
Cuando Bad Bunny dijo “God bless America”, una expresión habitual en inglés para referirse a Estados Unidos, durante el espectáculo de medio tiempo del Supertazón, y comenzó a nombrar a los países de todo el continente, la frase funcionó a la vez como juego de palabras y como una declaración. En español, América se refiere a todo el hemisferio y no a un solo país; esa diferencia importó para millones de personas que observaban desde lejos.
En México, Puerto Rico y comunidades latinas en Estados Unidos, el show de medio tiempo de Bad Bunny fue recibido como algo más que entretenimiento. Varias personas lo describieron como un momento de orgullo y reivindicación identitaria: un artista que can-ta en español dominando uno de los escenarios más vistos de la cultura pop estadunidense sin traducirse, en un contexto en el que, afirman los latinoamericanos, la visibili-dad cultural convive con la vulnerabilidad política.
Declaración de inclusión
Muchas personas en América Latina rechazan la idea de que “americano” pertenezca a un solo país. Al exclamar “God bless America” y luego ampliar el concepto para incluir a decenas de naciones, Bad Bunny convirtió esa ten-sión lingüística en una declaración de inclusión.
Liliana Colanzi, escritora boliviana y doctora en literatura comparada por la Universidad de Cornell, expuso en sus redes sociales una lectura sobre un hecho podero-so en el Supertazón: la resignificación de los códigos dominantes desde la periferia.
“Lo de Bad Bunny el domingo fue el supremo acto de antropofagia: ir a uno de los espacios culturales más grandes del imperio y canibalizarlo hasta convertirlo en una celebración y reinvidicación de la cultura latinoamericana; es decir, la resignificación magistral de la cultura dominante desde la periferia”, escribió en su cuenta de Facebook.
“Una intervención, además, perfectamente consciente de la historia colonial latinoamericana y puertorriqueña y que la escenifica y la cuestiona con la vitalidad, la astucia, el swing, la enorme energía erótica del ‘caníbal’ (en términos del modernismo) latinoamericano”, apuntó.
Aunque existen otras lecturas. Por ejemplo, José Manuel Valenzuela, investigador en estudios culturales del Colegio de la Frontera Norte, en Tijuana, advirtió que la idea de que el valor cultural fluye únicamente desde Estados Unidos refleja una perspectiva “colonizada” de larga data, moldeada por la historia, el poder y los medios. A su juicio, el momento de Bad Bunny es real, pero no borra las desigualdades más profundas que hacen que este tipo de giros resulten novedosos.
En tanto, Vanessa Díaz, profesora asociada de estudios chicanos y latinos en la Universidad Loyola Marymount y coautora del libro P FKN R: Bad Bunny y la música como un acto de resistencia, señaló que la actuación refleja un cambio más amplio en lo que significa pertenecer a la corriente dominante en Estados Unidos, es decir, aquello que define el gusto popular y alcanza a las audiencias mayoritarias.
Afirmó que Bad Bunny no es un artista alternativo, sino parte de la corriente dominante, aun si ésta ya no se centra en la música en inglés o en audiencias blancas. Agregó que lo que ha sorprendido a muchos no es sólo que un artista en español haya llegado al escenario del Supertazón, sino que Bad Bunny lo haya hecho después de años de éxitos globales, incluso entre oyentes que no hablan español.
(Con información de Ap)
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