▲ El puertorriqueño ondeó la bandera de Puerto Rico, en su versión azul celeste de 1895, que simboliza la independencia de su pueblo.Foto ApW
Juan Manuel Vázquez
Periódico La Jornada
Lunes 9 de febrero de 2026, p. a10
Un jíbaro con sombrero de paja en un cañaveral. Una introducción con títulos a la manera de las telenovelas latinoamericanas, personajes y oficios que identifican a la región y que cada vez se ven más en todas la ciudades del continente. Los viejos que juegan al dominó frente a casa, manicuristas especializadas en uñas postizas, peluqueros, novios con pastel de merengue, boxeadores y vendedores ambulantes, un puesto de tacos con el letrero “Villa’s Tacos”, un guiño al revolucionario mexicano Pancho Villa. Esto es el otro sueño americano que pregona la estrella global puertorriqueña Bad Bunny en el espectáculo del medio tiempo del Supertazón 60 de la NFL. Una presentación anticipada y que provocó ámpula entre los estadunidenses más conservadores y en el propio corazón de la Casa Blanca, quienes lo consideraron casi una afrenta a su nación. Una arenga política que se enuncia en el terreno de lo simbólico.
Esto no es sólo un espectáculo de medio tiempo en otro Supertazón. Es algo más, detrás del despliegue espectacular, se canturrea la proclama de reivindicación política de toda una región, América Latina, y del español, una lengua con más de 60 millones de hablantes en Estados Unidos. Bad Bunny es una presencia a contracorriente de lo que acostumbran estos entretenimientos en el mayor espectáculo deportivo de ese país y que siguen unos 130 millones de personas en los medios de comunicación.
Nada es inocente en la puesta en escena de Benito Antonio Martínez Ocasio, el nombre real de ese personaje llamado Bad Bunny. Eligió no presentarse en Estados Unidos en la gira de su más reciente producción Debí tirar más fotos, porque el gobierno de Donald Trump ha desplegado una estrategia de crueldad contra la migración con su aparato del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas conocido con el acrónimo de ICE.
“La casita” apareció otra vez en el centro del concierto como en su más reciente gira, ahora en la cancha del estadio Levi’s en Santa Clara, California. No es simple escenografía, sino un enunciado que parece decir “Hey, estadunidenses, así vivimos los latinos”. Con el Conejo Malo brotaron los cantos que remiten a esa hibridación de los ritmos urbanos y las músicas tradicionales de Latinoamérica.
El repertorio de esta vez no sólo fue un repaso a su propia producción, sino de toda una hermandad de sonidos regionales. Algunos de sus temas más conocidos como Baile inolvidable lo hizo en pareja con la cantante Lady Gaga –una declarada opositora al presidente Donald Trump–. En la canción Nuevayol, así escrito en fonética del Caribe, realizó un gesto de ternura: le entregó su premio Grammy –que recibió hace una semana acompañado del discurso de “Fuera ICE”– a un niño.
Ricky Martin, uno de los primeros puertorriqueños que alcanzaron fama internacional, interpretó Lo que le pasó a Hawái, letra que denuncia el despojo de tierras y barrios al pueblo de Puerto Rico.
Benito enviaba señales en cada toma. Cada gesto y estrofa, cada atuendo y movimiento decían más de lo que aparentaban. De pronto, el escenario, que replicaba un barrio latino, simuló un apagón, mientras el artista subía a un poste de cableado eléctrico, una alusión a los cortes de luz, una pequeña parte de los padecimientos en la isla asolada por huracanes.
Todos somos América, afirma el borícua
El final fue una declaración por la soberanía de Puerto Rico, Benito ondeó la bandera de su país, pero aquella en azul celeste que representa la lucha por la independencia y la identidad de su pueblo. Y mostró un balón de futbol americano con la leyenda Together, we are America (Todos somos América), escoltado por decenas de banderas de los países de América Latina. Después de este espectáculo dejó claro que el futbol americano no sólo pertenece a Estados Unidos.
La colombiana Shakira, quien a su modo representó al talento latinoamericano en el número de medio tiempo en el Supertazón de 2020 –aunque gran parte de su actuación la hizo en inglés–, envió un mensaje en sus redes sociales para felicitar a Bad Bunny en esta edición de 2026.
“Recuérdale al mundo cómo es el verdadero sueño americano”, sugirió como respuesta a todos los que se indignaron con la elección del puertorriqueño como estelar.
Y el mensaje de Bad Bunny dio donde más duele al presidente Trump, en el plano discursivo. Poco después de que se transmitió, el magnate publicó un mensaje lleno de odio en su red social Truth.
“El espectáculo de medio tiempo del Supertazón es absolutamente terrible; ¡uno de los peores de la historia! No tiene sentido, es una afrenta a la grandeza de Estados Unidos y no representa nuestros estándares de éxito, creatividad ni excelencia”, declaró Trump.
Bad Bunny participa de las reglas del mercado del entretenimiento, pero cuando lo hace trafica con símbolos que son afirmaciones políticas de la comunidad latina.
En los meses previos, se encargó de dar la connotación que quería: sus temas son algo más que tonadas para el perreo o, mejor aun, el perreo como manifiesto político. Es el caballo de Troya con sombrero de paja.
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