Cubanos en Nicaragua tras fin de la exención de visado

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By ndh
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Madrid/Una ola de cubanos, discreta y silenciosa, ha ido llegando a Nicaragua desde hace un año. Esta vez no están de paso, no vienen dispuestos a partir de aquí rumbo a Estados Unidos por tierra, como los que tomaban la “ruta de los volcanes”, ni a comprar para revender en la Isla, como las mulas que se hicieron habituales desde 2019. El endurecimiento de las medidas de Donald Trump en su segundo mandato, que incluyeron el blindaje de la frontera para no dejar pasar a ningún migrante irregular, eliminó en buena medida al país centroamericano como “trampolín”, pero no como destino.

“Mi marido que vive en Miami nos sacó de Cuba el año pasado para que pudiéramos estar aquí por el momento momento, pero como están las cosas ahora en Estados Unidos, estamos pensando que él venga aquí también”, cuenta una habanera residente en Managua con sus dos hijos –un niño y una niña–, refiriéndose a la incertidumbre que enfrenta su esposo, con un permiso I-220A que puede abocarlo a la deportación a la Isla si pierde su caso de asilo.

Nicaragua, dice, “es un país pobre, pero no hay la escasez que hay allá, ni apagones, ni horas esperando un autobús. En fin, esas cosas simples de la vida que uno debería dar por sentado”. La mujer cuenta que no tuvo ningún problema para obtener su residencia permanente, y que por eso piensa que para la familia puede ser más fácil asentarse aquí. Nada menor, tratándose de otro régimen autoritario, el de Daniel Ortega y su esposa y copresidenta, Rosario Murillo, que a su vez ha expulsado a miles de sus ciudadanos al exilio.

Son muchos los compatriotas que opinan como ella, aunque no hay cifras oficiales. Sí es un hecho que hasta 2020 apenas había en Nicaragua 984 cubanos, según datos de la Organización Internacional para las Migraciones de la ONU, y que esto cambió drásticamente con la eliminación del visado para ellos por parte de Ortega –en común acuerdo con Miguel Díaz-Canel para facilitar la emigración de los inconformes– en noviembre de 2021.

La inmensa mayoría de los cientos de miles de nacionales de la Isla que pasaron desde entonces por el país centroamericano solamente lo usaron de tránsito –casi 300.000 cruzaron la frontera estadounidense en 2022–, pero las nuevas reglas de Trump cambiaron el juego. Según publicó La Prensa el pasado noviembre, en 2025, desde enero hasta aquel mes entraron a Nicaragua desde Honduras 32.043 cubanos en situación irregular. No quiere decir que todos se quedaran, pero teniendo en cuenta la dificultad para alcanzar EE UU, el número da la medida aproximada del volumen de la ola migratoria cubana.

Junto a Nicaragua, también están recibiendo nacionales de la Isla Costa Rica y El Salvador, como demuestran innumerables videos colgados en redes sociales. “Puede que esas publicaciones provoquen un efecto llamada”, opina Julia, una nicaragüense que ha hecho amistad con muchos cubanos. “Todos se llevan una sorpresa al llegar al país. Al ser también un estado socialista, muy amigo del régimen cubano, lo lógico es pensar que las condiciones de vida son similares que allí, y no”.


Junto a Nicaragua, también están recibiendo nacionales de la Isla Costa Rica y El Salvador

Los testimonios en distintas plataformas se cuentan por decenas. Pequeños restaurantes donde se sirven croquetas, costillas horneadas de cerdo, moros y cristianos sin que la escasez de combustible o de materia prima detenga sus operaciones; jóvenes que venden lechón en la calle con la esperanza de llegar a tener un establecimiento propio; meseros entre 18 y 25 años que “colonizan” los locales y atienden con ganas y simpatía. “Esta gente va a llegar lejos”, estima Julia, “porque partiendo desde la humildad no le ponen peros a la vida”. 

Y esto, por no hablar del personal de más alta cualificación. Un amplio abanico de la comunidad de la Isla se ha venido a instalar en Nicaragua, desde “millonarios que han puesto grandes negocios con todas las de la ley, como los que han colonizado casi por completo el tabaco de Estelí”, afirma una fuente conocedora, “hasta gente que viene con lo justo para sobrevivir”.

En Managua, se atreve a decir, “no hay un sólo hospital, público o privado, que no tenga al menos un médico cubano”.

“Ese acento es inconfundible y está en todos lados”, afirma risueño Darío, un nicaragüense que simpatiza con este inesperado “efecto Trump”. Son muy reconocibles no solamente por la voz. “Hoy me encontré en el supermercado a una pareja de médicos (andaban de uniforme) llenando dos carritos como si no hubiera un mañana, y parecían Gulliver y su señora de compras por Lilliput, porque los dos eran muy altos y nosotros somos un país de hobbits”, relata con gracia.

Darío prosigue: “Aquí son muy queridos y apoyados por la gente. Es una fuerza laboral que ya viene preparada y que en general cuenta con un nivel educativo superior al nacional”. Esa es la razón, aventura, por la que, aunque Managua estableció a principios de este mes el fin de la exención de visado para los cubanos, este sigue siendo gratuito.

“Y si no fuera por la suspensión de los vuelos por la falta de combustible, los cubanos seguirían arribando, a pesar de las nuevas medidas, porque lo cierto es que a la bruja le conviene –opina aludiendo a la co-presidenta Murillo– de ahí el guiño de no cobrar la visa solo a ellos”. De hecho, concluye, “si Cuba se arregla y los que están aquí se regresan, el golpe para muchos pequeños y medianos empresarios va a ser duro”.



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