▲ El auxiliar técnico de la selección asegura que se requieren varios cambios y hace énfasis en la mentalidad del futbolista nacional, pues a veces le gana el conformismo.Foto Afp
Alberto Aceves
Enviado
Periódico La Jornada
Viernes 27 de febrero de 2026, p. a11
Querétaro, Qro., Rafael Márquez, auxiliar técnico de la selección nacional, parte de una premisa para sentar las bases del proceso que encabeza hacia la Copa Mundial 2030. “Necesitamos mejores formadores, terminar con la corrupción en fuerzas básicas y hacer algo importante por los más jóvenes”, afirma. Su preocupación radica en el talento que queda fuera de los equipos por falta de recursos, pero también en la transparencia de una estructura deportiva. “Mucha gente dice que me hubiera quedado en Barcelona, pero regresé al país porque me mueve la posibilidad de representarlo una vez más. No busco quedarme con las manos vacías. Si queremos estar dentro de los mejores 10 del mundo, el trabajo empieza desde abajo”.
La presencia del ex internacional mexicano reúne a más de 300 entrenadores, directivos, responsables de academias y formadores de futbol en el cierre del segundo Congreso Formativo, organizado por la Federación Mexicana de Futbol en Querétaro. “No me preocupa sólo lo de arriba”, menciona y, por un momento, los asistentes dejan de verlo como una figura secundaria en el cuerpo técnico que encabeza Javier Aguirre cuando escuchan su discurso de mando. “Hoy, por cada 10 niños hay ocho que tal vez quieren ser futbolistas, pero el resto pretende vivir de lo malo. Tenemos que cambiar como sociedad. A veces creemos que con jugar es suficiente para ser entrenadores y estamos muy equivocados. Se necesita preparación, no es fácil llevar al campo lo que pensamos”.
Según el plan presentado hace dos años por la FMF, Márquez –cinco veces mundialista y multicampeón con el Barcelona– será nombrado director técnico del representativo nacional cuando termine el ciclo de Aguirre el próximo verano. Su principal ventaja es que conoce a los jugadores que han sido parte de las convocatorias rumbo a la Copa 2026. “He aprendido mucho de Javier y su cuerpo técnico”, admite, aunque intenta al mismo tiempo ver más allá del estilo, los sistemas tácticos o la consecución de resultados internacionales. “La parte más importante es la mentalidad. Puede que sea parte de nuestra cultura, pero yo aprendí desde muy joven a intentar ser el mejor. A veces nos pesa el conformismo, el decir ‘ya estoy aquí y a ver mañana qué pasa’”.
Otro problema es el uso de las redes sociales. Márquez observa que los jóvenes pasan más horas pendientes del celular, que muchas veces se crean problemas por reacciones a comentarios de personas que no conocen y pierden confianza a la hora de jugar. “Es un problema global”, define el ex capitán mexicano. “Lo viví muy de cerca con Lamine Yamal durante el primer año que estuve en el Barcelona B. A la campaña siguiente, Xavi lo llevó al primer equipo y en el club intentaron controlar ese tema. La solución empieza desde la educación en casa. Hay valores que se deben trabajar, como la humildad y el respeto. A veces buscamos la aceptación social, pero no nos gusta la otra parte, la difícil, la del hate (odio). Tiene que haber un equilibrio para entender que estás expuesto a gente que a veces ni siquiera existe”.
Aunque su cargo actual es de apoyo, Márquez ya no sólo anota situaciones de un partido y sugiere a Aguirre el cambio de un jugador. Ahora también ejecuta la transformación que el futbol mexicano reclama desde hace décadas. No basta con tener entrenadores, repite. Se necesitan maestros capaces de guiar el talento joven con metodologías actualizadas. Y, especialmente, que los procesos en fuerzas básicas erradiquen las prácticas de corrupción para que cualquiera tenga posibilidad de participar en un equipo, no sólo los que pagan por ello.
“El futbol cada vez es más difícil. Exige más esfuerzo, más presión, más tomas de decisiones dentro y fuera del campo. Demanda resultados más rápidos y uno tiene que estar preparado para sacar el máximo rendimiento de los jugadores. Hablamos de talentos jóvenes, pero ¿quién está a cargo de ellos? ¿Qué se está haciendo para desarrollar la capacidad de elegir entre quién tiene posibilidades y quién no?”, plantea como conclusión después de recorrer el entorno social que enfrentan niños y jóvenes en categorías formativas.
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