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Periodista y editor antes que promotor cultural. Así arrancamos en 1979, cuando en la preparatoria de la Universidad la Salle, la Dirección de Difusión Cultural me facilitó un stencil para imprimir la revista Hojas sueltas. Un par de fascículos con ocho páginas, dos hojas carta dobladas a la mitad con poemas, cuentos cortos y comentarios sobre ciertos sucesos culturales de moda entre mi generación. Era además el encargado de prensa del salón 22, en el tercer año de preparatoria.
Cursante de la carrera de Comunicación y animado por mi hermano Jorge, fallecido en enero de 2020, presenté un proyecto más definido al rector de la UAM Xochimilco, Luis Felipe Bojalil. Amablemente me turnó con el secretario de la unidad, el físico Sergio Reyes Luján y luego fui con el coordinador de Extensión Universitaria, Raúl Hernández. Inició de esta manera el camino de Hojas sueltas. Monitor literario y el constante vaivén de aspiraciones profesionales.
Sin estos apuntes no podría contar lo que he compartido con Saúl Juárez (Morelia, 1957). Al distribuir la revista supe de él, como de quienes de igual manera se movían con enorme creatividad entre ser artistas, escritores, editores y promotores culturales a inicios de los años 80. Al lado de Saúl en las oficinas de Promoción Nacional del INBA en la colonia Juárez, que presidía el ya emblemático Víctor Sandoval, conocí a Eduardo Langagne, Jaime Vázquez, Roberto Bravo y Enrique Romo.
Pronto el liderazgo de Saúl se trabó al de Marco Antonio Campos, quien era director de Literatura en Difusión Cultural de la UNAM, y al de Evodio Escalante, director de Difusión Cultural de la UAM. Esta tercia de ases me abrió la ruta de la promoción cultural, en este siglo llamada gestión cultural. Aterricé en el trajín diario como colaborador de Evodio a partir de septiembre de 1983, restando un año para terminar la licenciatura y en la complicidad de ideas con realizaciones novedosas de la mano de Marco Antonio.
Prosista, narrador, cuentero, poeta: el autor Saúl a contrapelo de una incesante carrera como servidor público en numerosas instituciones, tanto en Michoacán, como en el gobierno federal. El primer libro que me obsequió viene de esos primeros años (1981): Paredes de papel, un cuadernillo con cinco cuentos cuya dedicatoria dice: “Para Eduardo Cruz, metido en los rollos editoriales con tanto entusiasmo como nosotros”. Pero, por razones que ya no recuerdo, en la siguiente página plasmó: “Rededicar es como un torero que brinda en dos ocasiones. Ay va este toro, a ver si no sale manso. Dicen que en las patas traseras lleva la marca de la casa. Por lo pronto: salud”.
Un segundo libro que me obsequió es El viaje de los sentidos (2000) un conjunto de prosas poéticas. En mi librero otro más: La Calle de los Fresnos (2003), una reunión de cuentos. Hace unas semanas sumé Breves historias del mundo frágil (2023) que en sus palabras “es una selección de cuentos, crónicas y estampas aparecidos, cada lunes, en el periódico La Voz de Michoacán, desde el año 2018. La columna semanal lleva por título Mirador”.
Añade: “Cada una de las piezas aquí reunidas tiene la característica de no rebasar los mil 700 caracteres, con espacios, limitación que ha constituido para mí un reto jamás imaginado. La columna se lee en la sección de nota roja por lo que, más de una vez, se ha confundido con las noticias trágicas ahí consignadas. Otras veces, el texto provoca un contraste rotundo”.
Son 92 textos repartidos en cuatro apartados, una edición del propio periódico en asocio con Huella Digital. Consultoría y Desarrollo, que presenta Sandra Aguilera Anaya, quien remata sus palabras calificando el catálogo de Saúl como un libro “de varia invención que traza una cartografía para todo tipo de viajeros”. En la contraportada, Álvaro E. Medina anota que es “un concierto armonizado con imágenes disruptivas, estampas asombrosas y remates insospechados”.
La tiranía del espacio periodístico me dejó al escritor en plenitud. Saúl logra narraciones tremendamente conmovedoras como lo es Una costumbre y Se busca vigía. Diré también que pensé en la exigencia de la trayectoria como promotor cultural del michoacano (oriundez a la que evoca con belleza) que le restó horas y le sembró de desvelos que mermaron su producción literaria.
Pero llegó, justamente, el 2018. Ahora Saúl, cerrado el ajetreo de la política cultural, expande su escritura como lo demuestra Breves historias del mundo frágil. Sus logros en ambos destinos bien merecen un homenaje.
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