Pues lo que encontraría el gran Novo es una puesta en escena propositiva, inteligente, divertida, impredecible, profunda, retadora
Escrita por Martín Zapata, “El dolor debajo del sombrero” es una de esas obras que cuenta una trama que en un principio desconcierta, luego intriga y finalmente atrapa y cautiva.
Se fortalece entonces la teoría de quienes sospechábamos que esos personajes habitan en la mente de un X autor, y son tan inquietos y dan tanta lata que ello provocan “el dolor debajo del sombrero”.
Cada detalle del montaje está cuidado: la escenografía, la iluminación, el vestuario. Hay guiños a “Esperando a Godot”, a Buster Keaton, Polanski, Kieslowski, Charly Kaufman, Henry Mancini, Audrey Hepburn, Sofía Loren, Peter Brook…
Para quienes “cachan” esas referencias el montaje se vuelve doblemente divertido e ingenioso; sin embargo, no es necesario conocerlas, pues de cualquier manera es muy disfrutable.
Y todo esto en las manos de un trío de intérpretes excelentes, que mantienen el exigente ritmo que exige el montaje, con constantes giros en una trama que no avanza en línea recta.
Horacio Trujillo -quien participó hace 20 años en la puesta en escena original, dirigida por el mismo autor—da vida a un “Daniel” tierno, inocente, iluso, que oscila entre los fuertes caracteres de los otros dos personajes.
¡Bravo a tres grandes intérpretes!
Aplauso de pie para Trabuco Teatro y Coctel Producciones por una puesta en escena genial, que se presenta sólo dos martes más en el teatro La Capilla, en Madrid 13, en Coyoacán.
Estoy seguro que el gran Salvador Novo estaría muy satisfecho de los herederos que hoy mantienen vivo el espíritu propositivo, irreverente, e inteligente con el que nació este espacio escénico.
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