Isidro Cisneros explicó el pensamiento de Carl Schmitt, destacando que lo político no se basa en instituciones, sino en el conflicto. Subrayó que la distinción “amigo-enemigo” define la esencia de la política y criticó el intento del liberalismo por neutralizarla.
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En un contexto global marcado por tensiones, polarización y disputas por el poder, el análisis de lo político cobra nueva vigencia. El analista Isidro Cisneros abordó para El Acento el pensamiento de Carl Schmitt a partir de su obra Las categorías de lo político, donde plantea que el conflicto es el núcleo de la vida política. Por su parte, Cisneros comenzó con una distinción clave:
“Entonces, en la ciencia política y en la teoría política, cuando se habla de la política, la referencia es justamente a la política como una actividad institucionalizada que está representada por el estado, los gobiernos, los partidos, las elecciones, las políticas públicas, el diseño institucional, mientras que cuando hablamos de lo político, la referencia es una dimensión más profunda y ontológica, es a la condición conflictiva que hace posible la política».
En ese sentido, explicó que para Schmitt la esencia de lo político no está en las instituciones, sino en la confrontación.
“La tesis central del libro es la distinción entre amigo y enemigo. Para Schmidt, lo específicamente político no se define por el estado, la moral o el derecho, sino por una distinción existencial y más extrema representada por la contraposición entre amigo y enemigo. El enemigo no es un adversario moral ni un competidor económico sino un enemigo público.
Es un otro que represente una amenaza real y posible para la existencia del grupo. Si existe la posibilidad de un conflicto violento o de una guerra, estamos ante lo político en su forma más pura. La política en su sentido más profundo gira en torno a la posibilidad del conflicto mortal».
Esta visión rompe con la idea de la política como negociación o consenso. Afirmó Cisneros, al subrayar que incluso la posibilidad de la guerra define lo político, aunque no se concrete.
«Es un otro que represente una amenaza real y posible para la existencia del grupo. Si existe la posibilidad de un conflicto violento o de una guerra, estamos ante lo político en su forma más pura. La política en su sentido más profundo gira en torno a la posibilidad del conflicto mortal. Schmidt presenta lo político como una categoría autónoma e insiste en que lo político no puede reducirse a otras esferas. Señala así como en la moral se presenta la dicotomía bueno malo, en la estética la dicotomía entre bello y feo, en la economía la dualidad útil o inútil y asimismo dice: en la política existe la alteridad entre amigo y enemigo».
El especialista destacó que Schmitt lanza una crítica frontal al liberalismo.
“El autor señala que el error del liberalismo moderno es intentar neutralizar lo político, subordinándolo a la economía, la discusión racional o el derecho. Para Schmidt, este intento es ilusorio y peligroso porque el conflicto no desaparece, solo se oculta. Schmidt formula una crítica radical al liberalismo, dado que quiere transformar la política en negociación, debate racional o en simple administración técnica, además de que pretende eliminar la decisión soberana y y el conflicto real».
Además, explicó que esta lógica lleva a una conclusión central. Es decir, quien tiene la capacidad de suspender el orden jurídico para preservar el orden político.
«Schmidt formula una crítica radical al liberalismo, dado que quiere transformar la política en negociación, debate racional o en simple administración técnica, además de que pretende eliminar la decisión soberana y y el conflicto real. Pero de acuerdo con Karl Schmitt, la decisión extrema sobre la guerra, el orden o el estado de excepción no puede eliminarse. El parlamentarismo reduce la política a una discusión infinita y evita asumir una responsabilidad real. Y la neutralización de la política no suprime al enemigo, solo lo vuelve más peligroso. Y es aquí donde sostiene su afirmación clave de que el soberano es quien decide sobre el estado de excepción».
Cisneros detalló tres ideas fundamentales del autor: que el Estado define al enemigo, que la posibilidad de la guerra es inherente a lo político y que sin esa posibilidad el concepto pierde sentido.
“Pero de acuerdo con Karl Schmitt, la decisión extrema sobre la guerra, el orden o el estado de excepción no puede eliminarse. El parlamentarismo reduce la política a una discusión infinita y evita asumir una responsabilidad real. Y la neutralización de la política no suprime al enemigo, solo lo vuelve más peligroso. Y es aquí donde sostiene su afirmación clave de que el soberano es quien decide sobre el estado de excepción. Carl Schmitt plantea tres tesis».
Finalmente, advirtió que estas ideas siguen siendo relevantes en la actualidad. Así concluyó, al señalar que estas tensiones están presentes en debates contemporáneos sobre seguridad, terrorismo y poder estatal.
«Esta posibilidad basta para definir algo como político, incluso si la guerra no ocurre. Para Schmidt, la política no es negociación, es más bien la pregunta, ¿Quiénes somos nosotros y quiénes son ellos? Lo político se reconoce, Alberto, cuando la diferencia produce alineamientos existenciales que son irreconciliables de aquí que todo conflicto lo suficientemente intenso pueda volverse en político».
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