▲ Alex Lora, cantante del Tri, junto con ex seleccionados durante una mesa de análisis de las participaciones mundialistas del representativo nacional y el recuerdo de una canción que el roquero compuso a propósito del tema hace 20 años.Foto Alberto Aceves
Alberto Aceves
Periódico La Jornada
Miércoles 11 de marzo de 2026, p. a11
Cuando habla de futbol, Alex Lora piensa en la distancia que existe entre la realidad de un partido y la fantasía de disfrazar un campeonato del mundo en canciones de rocanrol. “Si México ganara el Mundial, cuántas cosas pasarían después de 15 días”, dice y al mismo tiempo el sonido de la guitarra recuerda aquella canción que compuso hace 20 años, cuando imaginó un escenario hipotético del triunfo nacional. “Todavía seguiría el vuelo abajo del Ángel / y si México ganara el Mundial / habría miles de borrachos tirados en las esquinas del Centro Histórico”.
El vocalista del Tri coincide en la misma mesa con otros seleccionados, ex jugadores que cantan canciones, analizan los exce-sos comerciales del deporte y realizan un inventario de las derrotas de México en la Copa de la FIFA.
“El nivel de la selección es un reflejo de nuestro futbol”, señala el ex mundialista y director técnico Miguel España sobre un equipo que arrastra varios procesos a la espera de que un rebote o una jugada milagrosa cambie de golpe su historial de fracasos. “Va a pasar mucho tiempo para que tengamos otra oportunidad. Han cambiado mucho los formatos, pero la gente sabe la importancia que tiene un Mundial en casa. Muchos seguimos recordando el primer gol de Fernando Quirarte en 1986, la tijera de Manuel Negrete y el apoyo de un país que venía de enfrentar el terremoto del 85. Las últimas ediciones no fueron de grandes proyectos, pero tampoco los jugadores llegaron en su mejor forma”.
Los asistentes a la reunión se miran para ver lo que no tienen. Aunque el futbol en México es un espacio donde el aficionado común asiste todavía a los partidos, el torneo de la FIFA genera un efecto contrario. “Antes el futbol era popular, ahora quien paga un boleto para ir al estadio es un privilegiado”, plantea el ex internacional mexicano Rafael Chávez Carretero mientras observa cómo la lógica de mercado de la FIFA premia el poder adquisitivo sobre el arraigo cultural. “Mis respetos para quienes los compren. Yo tengo el mío, pero para verlo desde casa con mi familia. Curiosamente, de esa manera contraje matrimonio con el futbol: tenía 11 años y vi a Brasil ser campeón en México 70. Entonces entendí que ser seleccionado era lo más maravilloso para un jugador”.
Chávez Carretero y Miguel España conocen de memoria las canciones del Tri. Cada letra es una historia con personas distintas: un policía, una estación del Metro, la Virgen, personajes de la política, aunque ellos prefieren abrazarse al único milagro que les queda. “Si México ganara el Mundial / los comercios tendrían que cerrar / y toda la policía no alcanzaría / pa’ aplacar el júbilo nacional”, cantan sobre el escenario de madera. Lora es un guardián de esa esperanza utópica, la de creer que un equipo mexicano puede ganar la Copa. “Ta’ muy cabrón, porque cuando jue-ga la selección contra rivales fregones, los jugadores se subliman y compiten a ese mismo nivel. Pero luego pasa lo contrario. Van a llegar hasta donde quieran hacerlo”.
Con decenas de personas reunidas alrededor, en el Centro de Coyoacán, el líder del Tri y los ex jugadores de la selección cierran el foro mundialista a ritmo de rocanrol. Mi mayor frustración –se escucha en medio de la música– fue en el Mundial de México 86. La voz no sale de un palco oficial, sino de la garganta de un viejo rockero de 73 años. “Hugo Sánchez era la imagen de un anuncio pedorro y salía metiendo un golazo”, menciona Lora. “Luego, a la hora del partido contra Paraguay (en la fase de grupos), el árbitro marca un penal a nuestro favor y dijimos “¡ya chingamos!”, pero Hugo falló el pinche cobro. Lo estábamos viendo en Cuernavaca. Definitivamente, en este juego, como en muchos otros, la suerte tiene mucho que ver”.
Los aficionados se arremolinan cuando los tres invitados abandonan el escenario. Hacen preguntas relacionadas con el técnico Javier Aguirre, la posibilidad de que el arquero Guillermo Ochoa –cinco veces mundialista– regrese a una convocatoria y el futuro de los delanteros más jóvenes. “Yo veo una selección muy justa”, responde Miguel España al descender las escaleras. Lo más importante es que el equipo tenga una manera de jugar. De nada sirve que tengamos al mejor delantero si no le llega ningún cacahuate”.
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