Por qué deberías apagar tu PC correctamente (y cuándo no hace falta)

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By ndh
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Existe una confusión bastante extendida entre dos acciones que parecen idénticas, pero no lo son: reiniciar el equipo y apagarlo. La mayoría de los usuarios las trata como sinónimos, y esa suposición tiene consecuencias en el rendimiento y la salud de tu ordenador.

Durante años, apagar y reiniciar el equipo tenían un resultado prácticamente idéntico: el sistema operativo se cerraba por completo antes de volver a arrancar. La diferencia era sobre todo de conveniencia, no de funcionamiento. En Windows XP o Vista, ese proceso era lento, y arrancar desde cero podía llevar varios minutos.

Con Windows 8, las cosas cambiaron radicalmente tras la implementación del Inicio Rápido, una función dedicada para combatir los arranques lentos. En lugar de cerrar todo el sistema al apagar, Windows guarda el estado del kernel en el disco y lo recupera en el siguiente encendido. Esta característica cambió por completo el apagado tradicional y a la fecha existen muchos usuarios que no saben que la tienen activada.

El problema es que ese kernel hibernado puede cargar consigo errores acumulados. Los controladores de hardware, los procesos en segundo plano y los servicios del sistema generan basura con el uso continuo. Es por ello que muchos han optado por deshabilitar el Inicio Rápido y volver a los tiempos de antaño, cuando presionar un botón apagaba por completo tu ordenador.

A continuación te decimos cómo volver al apagado tradicional y por qué es recomendable que lo hagas.

Cuándo deberías apagar tu PC de verdad

Un apagado completo, con el Inicio Rápido deshabilitado, acaba con el círculo vicioso. Los componentes se desenergizan del todo, los capacitores se descargan y el kernel arranca desde cero la próxima vez. También resuelve un problema habitual con las actualizaciones de Windows en donde muchos parches que parecen instalarse correctamente quedan en realidad a medias porque la sesión del kernel anterior interfiere con las operaciones de archivo pendientes.

La forma más rápida de deshabilitarlo es abrir el Menú de Enlace Rápido con el atajo de teclado Win+X y elegir Terminal de Windows (o PowerShell/Símbolo del Sistema) como administrador. Una vez que se abre la ventana, solo escribe el comando powercfg /h off, teclea Enter y reinicia tu ordenador.

Hay otras razones que van más allá del software por las que deberías apagar tu PC. Una de ellas es el desgaste físico que sufre, sobre todo en las portátiles que tienen un número limitado de ciclos de carga antes de que su capacidad se degrade de forma apreciable. La seguridad es otro argumento de peso. Un equipo apagado no tiene superficie de ataque, ya que no hay procesos activos ni conexión de red que un malware pueda aprovechar.

En el campo del consumo eléctrico existe un incremento considerable en la factura de luz si dejamos el PC encendido todo el tiempo. Si lo apagamos, no solo ahorraremos energía, sino que nuestro ordenador será inmune a los picos de tensión que pueden dañar los componentes de forma irreversible. Los protectores de sobretensión cubren los casos menores, pero no protegen ante una descarga eléctrica severa durante una tormenta.

La recomendación es realizar, al menos, un apagado completo a la semana con el Inicio Rápido deshabilitado.

Casos en los que no es recomendable apagar tu PC

Hasta ahora hemos hablado de las ventajas de apagar el equipo cada vez que se deja de usar, pero no en todos los casos es recomendable. Encender una computadora genera un pico de electricidad que somete los componentes a estrés, algo que Dell documenta en su web de ayuda. El efecto está presente en todos los PC, por lo que apagar y encender el equipo varias veces al día puede acumular más desgaste del que evita.

Para pausas de pocas horas, el modo de suspensión es una alternativa más sensata que un apagado completo. Esta opción consume una cantidad mínima de energía, mantiene la sesión abierta y permite retomar el trabajo en segundos. Forzar un apagado completo entre cada bloque de uso no aporta beneficios proporcionales al tiempo que cuesta esperar el arranque.

Laptop con Windows 10 actualizándose.
Credit: Clint Patterson (Unsplash)

También hay contextos en los que mantener el equipo encendido es una necesidad funcional, como cuando automatizas las copias de seguridad, el acceso remoto, descargas o actualizaciones que ocurren fuera del horario de uso. En esos casos, el apagado nocturno interrumpiría procesos que tienen una razón de ser.

La clave, en definitiva, es la frecuencia y el contexto. Para la mayoría de los usuarios, la suspensión es suficiente para el día a día y un apagado completo semanal con el Inicio Rápido deshabilitado mantiene el sistema en buen estado.

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