Luis Francisco Trelles Iruretagoyena, compadre de Manlio Fabio Beltrones Rivera. Hombre útil.
‘Busque un hotel por aquí cerca y esté listo a la hora que lo llame, Samuel’.
‘¿Samuel qué?’, digo —se excusó Reyes Heroles—. ‘¿Cómo se apellida usted?’
‘¿Ocaña? Bueno, Ocaña, ya le dije’”.
Ocaña entró a esa campaña. Pasaba hambre, frío y necesidad en el Politécnico Nacional. Estudiaba Medicina. Vivía de milagro. ‘Gaviotas’ los llamó Alejo Peralta cuando decidió expulsarlos del Poli. Echó al Ejército a los muchachos. La tropa culateó a los estudiantes.
“¿Tú qué crees? No estaría mal que me hicieran candidato a diputado federal. Era cierto.
“Y la señora Albita —de familia muy adinerada ella, con mucha paciencia, buena, excelente fama, familia intachable—: ‘Que iba a ser diputado federal, todas las semanas en la capital… Hummm. Bueno, a ver’”.
Paquico y Mexía pelean prioridad en el testimonio.
“¿Es usted Samuel Ocaña García?”
“Sí, yo soy. Pero no entiendo de gritos y miradas broncas”.
“Venimos por usted. Hace muchas horas que lo espera el licenciado Jesús Reyes Heroles, el secretario de Gobernación…”
Cruzan órdenes los sombrerudos:
“Háblale al jefe. Dile que ya vamos para allá…”
“Mejor —interviene otro— comunícale que ya tenemos al Ocaña que nos encargó”.
Albita subió a su habitación.
Los ensombrerados de Gobernación subieron a Samuel Ocaña García a un automóvil que estacionaron frente al hotel Corinto. Arrancaron.
Samuel Ocaña García, hombre que siempre estuvo alejado de la bebida, sonrió al entrar al despacho de don Jesús Reyes Heroles. Era casi la medianoche. Reyes Heroles, sin saco y con la corbata floja bajo la nuez, lo sacudió:
“Cuando vino la primera vez lo pensé diputado federal, Ocaña. Con todo lo que supe por usted y que yo comprobé, sé que usted va a ser un muy buen gobernador de Sonora”.
“Señor…”, alcanzó a decir Ocaña.
“Nada. Ya es medianoche. Váyase a dormir. No se lo diga a nadie. No hable con ningún reportero. No le cuente nada a su mujer. Aquí lo espero mañana a las once. Vamos a ver al presidente de la República. Le da usted las gracias. Hasta mañana”.
Luis Francisco Trelles Iruretagoyena, “Paquico”, y el próspero restaurantero Miguel Mexía sonríen. Están de acuerdo. Ellos, los dos, vivieron esta y muchas historias.
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