Durante décadas en México, estudiar fue para muchos jóvenes un privilegio y no un derecho.
La falta de recursos económicos obligaba a miles de estudiantes a abandonar la escuela, no por falta de talento o capacidad, sino por falta de oportunidades. Esa fue una de las grandes desigualdades del país.
Las becas educativas no solo apoyan la economía familiar; también reducen la deserción escolar, generan movilidad social y permiten que miles de jóvenes puedan construir un futuro distinto.
Cuando un estudiante permanece en la escuela, no solo cambia su vida, cambia la historia de su familia y, poco a poco, la historia del país.
Apoyar a los estudiantes es fortalecer al país. Y construir oportunidades es la forma más profunda de transformar una nación.
Porque al final, los países no se transforman solo desde el gobierno, se transforman cuando millones de jóvenes pueden estudiar, prepararse y tener oportunidades reales para salir adelante.
Y en esa ruta, la educación pública seguirá siendo el proyecto más importante de México.
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