En la zona de Perisur, al menos cinco figuras de la ruta creada con motivo de los Juegos Olímpicos del 68 en México, lidian con los estragos de la degradación social, así lo describe Luis Javier de la Torre, director del patronato
Karla Mora / El Sol de México
El Patronato de la Ruta de la Amistad, en colaboración con otras instancias y empresas, tiene medidas permanentes para cuidar las obras. Gracias a esa vigilancia, detectaron varias problemáticas recientes.
A un costado de la pieza de Clement Meadmore se acumula basura / Foto: Ivonne Rodríguez/El Sol de MéxicoLa Ruta de la Amistad, un corredor escultórico de piezas monumentales creado para los Juegos Olímpicos del 68 en la Ciudad de México, en los últimos meses, batalla con problemáticas como ambulantes, tiraderos de basura y pintas en las obras de arte cercanas al Anillo Periférico.
En 1968, el gobierno mexicano presentó este proyecto como el más grande del mundo en su tipo, con 17 kilómetros de longitud y 22 esculturas de concreto realizadas por artistas de cinco continentes y distribuidas en el corredor sur de la ciudad en Coyocán, Tlalpan y Xochimilco. Algunas de ellas están a unos pasos de Perisur.
Preguntar “¿Por aquí se llega a la Torre de los Vientos?” a un transeúnte al azar suele provocar dudas o desconocimiento. Incluso quienes circulan con frecuencia por el trébol de Insurgentes y Periférico difícilmente reconocen ese nombre o saben qué son esas enormes estructuras que, desde 1994, están bajo el cuidado del Patronato de la Ruta de la Amistad, dirigido por Luis Javier de la Torre.
En la zona de Perisur, al menos cinco figuras de la ruta lidian con los estragos de la degradación social, según Luis Javier, quien describe esto como problemas como el ambulantaje, los espectaculares indiscriminados o la indigencia, que afectan el entorno de algunas esculturas.
Las piezas artísticas, comentó, necesitan espacios de ruta, porque tuvieron una intención arquitectónica desde el principio, así que, además de defender las esculturas, es necesario hacer lo mismo con el espacio donde están. Revitalizar las piezas, quitarles los desperfectos, no es lo difícil; “el verdadero tema es todo lo de alrededor”, dijo.
A un costado del Metrobús Perisur está el Reloj Solar, del artista Grzegorz Kowalski; el sol en lo alto pinta las pirámides de un tono dorado que contrasta con sus sombras sobre el empedrado. Frente a ellas, en el puente por donde salen los pasajeros del Metrobús, otra imagen contrasta: hay alrededor de 15 ambulantes, casi recién llegados del puente del Estadio Azteca, debido a que la alcaldía Coyoacán ahí los reubicó.
Luis Javier de la Torre denunció que el incremento del comercio informal provocó más basura en la zona, pues muchos de los puestos son de comida. Esta casa editorial documentó que los vendedores se cuelgan del poste contiguo a la escultura para tener energía eléctrica en sus puestos.
Otro espacio afectado es el que rodea a la obra Janus, del artista Clement Meadmore, ubicada en el trébol vial de Insurgentes Sur y Periférico, sobre Insurgentes de sur-norte. La presencia de un indigente provocó un basurero que, a su vez, generó una plaga de ratas; la misma problemática la enfrenta el espacio que rodea a la obra Sol, del japonés Kiyoshi Takahashi, en el mismo trébol vial.
“En mi opinión hay una degradación del país fuerte y se está viendo en muchos temas, es muy claro. Por ejemplo, hay un aumento increíble de gente sin casa; todos nuestros espacios de roca volcánica de mil 800 años de antigüedad, de ecología, de fauna, de flora, se están viendo intervenidos dramáticamente porque hay gente que se está viniendo a meter a las cuevas, entendiendo que no hay dónde vivir”, detalló.
Señaló que otro problema que pensaron ya estaba erradicado es el de los grafitis, aunque los retiran inmediatamente, los encuentran de manera constante. En un recorrido realizado el 23 de abril, había una pinta en la pieza El ancla, de Willi Gutmann, ubicada en el trébol de Periférico e Insurgentes, esta fue limpiada.
Uno más son los anuncios espectaculares, que generan contaminación visual que compite con la Torre de los Vientos, una escultura que tiene en su interior elementos geométricos que hacen referencia a los muebles del interior de un hogar. A un costado de la torre, un grupo de taxistas intentó colocar ilegalmente una base.
El presidente y fundador del patronato destacó que, además del acervo artístico, la Ruta de la Amistad tiene que ver con el cuidado de jardines nativos del Pedregal, lo cual es visible en zonas como las que rodean a la escultura Hombre de paz, donde restauraron la zona, apoyando a la naturaleza a recobrar su entorno.
Sobre la importancia de la Ruta de la Amistad, Salvador Lizárraga, académico de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional Autónoma de México, explicó que esta es “exitosa y muy original”, pues pone el arte al alcance de todos, además de que genera espacios disfrutables alrededor.
“Siempre nos ha parecido que emiten ondas, como círculos concéntricos de energía que impactan a las personas que van caminando por ahí, que es muchísima, aunque la mayoría de las veces vamos en el camión o en Metrobús.
“Para nosotros, de niños, eran como un misterio las esculturas, eran enigmáticas; son esculturas con un lenguaje abstracto y casi geológico, como de montañas y piedras, y son muy modernas por el material que predomina en ellas, que es el concreto”, explicó.
Mayra Quiroz, pasante de la carrera de arquitectura y quien elabora su tesis sobre la ruta, destacó la monumentalidad de las obras y sus colores, y las características intencionales para que puedan verse desde los automóviles. Resaltó la estética abstracta de las obras, de modo que su disfrute también lleva el análisis de su composición.
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