El recuerdo de ese suéter le detona el trauma migrante. Con él se limpiaba, se secaba y se tapaba. Duró una semana así. Lo primero que hizo al salir fue tirarlo, aunque me confesó que hubiera preferido quemarlo y que ardieran también las memorias del encierro.
Antes, los funcionarios tenían que dar un aviso de siete días para visitar esos centros de detención temporal, pero gracias a un fallo de la Corte ahora pueden llegar así, sin “echar aguas”. Así que esta vez, todo fue distinto a lo que se veía en esos recorridos planeados.
Las autoridades migratorias dicen que todo está bajo control. En respuesta a los medios de comunicación, ICE asegura que operan bajo los estándares federales y que cualquier otra postura es “desinformación”.
Los valores de un país se reflejan en los rostros que encierra y en los silencios que provoca. Si el encierro y la indiferencia son nuestro espejo, ¿qué nos dice el reflejo? A ellos los tenemos hacinados en una pesadilla que alguna vez un sueño americano.
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