▲ El equipo tricolor fue más agresivo y tuvo mayor llegada sobre el arco rival.Foto Afp
De la Redacción
Periódico La Jornada
Miércoles 1º de abril de 2026, p. a10
México no sólo juega con el rival de turno, sino también contra el apremio de una afición agotada de que el esfuerzo en los partidos no corresponda al sacrificio económico y apoyo incondicional brindado durante décadas. Los resultados han terminado con la paciencia y el crédito del equipo rumbo a la Copa Mundial, pero a diferencia del sábado, cuando la fiesta esperada de la reapertura del Estadio Azteca –ahora Estadio Banorte– derivó en un divorcio público que trascendió el marcador, el Tricolor dio señales de vida en el empate (1-1) ante Bélgica en el estadio Soldier Field de Chicago.
El escenario planteaba una interrogante seria para la cúpula directiva y el plantel. Mientras la crítica más feroz vaticinaba una reconciliación casi imposible, otros sostuvieron que sólo los triunfos contundentes podrían sanar las heridas entre el representativo nacional y sus seguidores más fieles. Lo cierto es que el descontento social parece haber encontrado en el futbol su principal altavoz. El gol del lateral Jorge Sánchez, precedido de un tiro de esquina que remató al segundo poste (19), funcionó como un bálsamo temporal. Fue la respuesta necesaria para acallar, al menos por un instante, aquel estruendoso abucheo con el que miles de personas castigaron al equipo tras el 0-0 con Portugal.
Durante la primera mitad, México logró neutralizar el ímpetu belga. Dominó en amplitud y profundidad, además de que mostró lucidez en el último pase. “Es la última prueba y lo que busco son rendimientos individuales”, advirtió el lunes el técnico nacional, Javier Aguirre, sobre el armado de la lista mundialista. Aunque Sánchez demostró con esfuerzo que se puede competir contra rivales de élite, también quedó de manifiesto que la acumulación de errores –sicológicos y deportivos– sigue impidiendo cerrar una fractura que diversos sectores consideran irremediable.
De tener al alcance un triunfo revitalizador, el partido terminó en asedio. Los mexicanos permitieron que los Diablos Rojos, ubicados en el lugar 10 del ranking FIFA, tomaran el control del complemento, una olla de presión que dejó el optimismo tricolor otra vez en suspenso. Dodi Lukébakio avanzó hasta el límite del área grande y disparó de zurda al poste más lejano del arquero Raúl Rangel –otra vez titular sobre el experimentado Guillermo Ochoa– para marcar el 1-1 con los defensores como testigos de lujo (46). El empate convirtió el Soldier Field en una nueva válvula de escape para el estrés y las frustraciones acumuladas de los asistentes por su selección.
Se escucharon silbidos, gritos discriminatorios en los despejes del arquero Matz Sels y el rendimiento de los jugadores dividió otra vez opiniones en las mesas de análisis. “El problema no es que el aficionado no sepa de futbol, como afirman en la televisión; sino la acumulación de fracasos”, mencionaron en la red social X. Desde la conquista de la Copa Oro 2025 a la fecha, el cuadro tricolor no pudo derrotar a ningún rival mejor calificado de una confederación ajena a la Concacaf: empató con Japón, Corea del Sur, Ecuador, Uruguay y Portugal, además de Bélgica; y cayó ante Paraguay y Colombia.
“No hay mucho más que decirle al aficionado. No me juzga por lo que diga aquí, en la conferencia de prensa. Hay que jugar y ganar, pero hoy tampoco se pudo. En cuanto a la actitud y energía, no hay nada que reprochar”, señaló Aguirre al final del encuentro. “No sé si el equipo está en deuda con los aficionados. Soy un hombre que tiene experiencia, que conoce los humores del público, pero hubo momentos en los que la gente vio un buen equipo mexicano y se sintió representada. No ganamos y eso afecta el ánimo para los que regresan a casa”.
DERECHOS DE AUTOR
Esta información pertenece a su autor original y se encuentra en el sitio https://www.jornada.com.mx/2026/04/01/deportes/a10n1dep?partner=rss