“Es esencial no cerrar el diálogo”: Vikander sobre el filme en torno a Putin
▲ Alicia Vikander y Paul Dano en un fotograma de la cinta El mago del Kremlin, que narra el ascenso de Vladimir Putin, desde agente de la KGB hasta zar moderno.Foto
Tom Murray
The Independent
Periódico La Jornada
Martes 28 de abril de 2026, p. 7
No es de extrañar que Alicia Vikander aceptara protagonizar El mago del Kremlin, nuevo thriller político de Olivier Assayas sobre los turbulentos comienzos de la Federación Rusa. Al cabo de sus primeros 10 minutos en pantalla, la actriz sueca ha interpretado una canción de punk rock en una fiesta mientras sujetaba a un hombre desnudo con una correa y ha descendido desde las vigas como una especie de deidad metálica. “Es un papel secundario, pero tengo momentos muy especiales”, reconoce con una sonrisa.
Ni el trasfondo ni el tema, el suyo es el tipo de personaje complicado y poco desarrollado que Vikander logra hacer tridimensionalmente hábil con su mezcla de audacia y vulnerabilidad. Desde hace años, los directores la buscan por ese tipo de matices. Ahora, a sus 37 años, Vikander ha dedicado gran parte de su carrera a interpretar mujeres definidas por la contención: androides, esposas, musas, figuras atadas por el decoro o las circunstancias. Ganó un Oscar a mediados de sus 20 por su interpretación silenciosamente devastadora como la pareja de una mujer trans en La chica danesa (2015), después de haber eclipsado a Keira Knightley en Anna Karenina (2012), de Joe Wright, y haber aportado una inquietante interioridad a un robot humanoide en Ex Machina (2014). Hollywood no tardó en impulsarla: una hacker de la CIA en Jason Bourne (2016); la heredera de una franquicia multimillonaria en Tomb Raider.
Pero en los últimos años, se ha alejado de ese centro de gravedad. Proyectos como la sátira Irma Vep; la fantasía caballeresca de A24 The Green Knight, y el thriller distópico The Assessment (2024), la han llevado a explorar algo más esquivo: personajes que se resisten a una definición sencilla. Hablando desde su casa en Londres, que comparte con su esposo, el actor Michael Fassbender, y sus dos hijos, Vikander también es difícil de encasillar.
“Volvería a hacer algo de acción”
Al hablar de los tiempos que exige el cine, hace un gesto vago fuera de cámara, como si se refiriera a la vida que continúa justo fuera de plano. “Pasas meses haciendo algo… te aleja de los amigos, de los seres queridos, de la familia”. Intriga su aparente cambio: menos heroínas de acción y más personajes secundarios. No fue una decisión consciente, acepta. “Probablemente ahora tengo ganas. Me encantaría volver a hacer algo de acción”. Se trata más bien de una cuestión de instinto. “Es algo que me impulsa a pensar: ‘realmente quiero trabajar con esta o aquella persona’. Me he vuelto bastante buena eligiendo proyectos en los que sé exactamente por qué quiero hacerlos y me entusiasman mucho”, afirma. “En los últimos años, simplemente lo he pasado muy bien”.
Basada en la novela homónima de Giuliano da Empoli, El mago del Kremlin narra el ascenso de Putin, desde agente de la KGB hasta zar moderno, a través de la mirada de su asesor de imagen ficticio, Vadim Baranov, interpretado por Paul Dano. Jude Lawe encarna al presidente ruso y Vikander a Ksenia, objeto del afecto de Vadim, quien entra y sale de su vida a lo largo de las décadas mientras él se transforma de un joven artista idealista en uno de los principales artífices del régimen de Putin. Ksenia también evoluciona –de provocadora punk a esposa de un oligarca con abrigos de piel–, pero sigue siendo el contrapeso moral de la película, oponiéndose a la ambición de Vadim. “Es casi como si fuera un espejo de la belleza de lo que Rusia podría ser”, teoriza Vikander.
Alicia fue criada por su madre, también actriz, tras el divorcio de sus padres, y se formó como bailarina de ballet en Estocolmo antes de que una lesión la obligara a dar un giro hacia la actuación. “Siempre he sentido que Europa es mi base”, afirma. Sin embargo, Hollywood sigue estando muy presente en su vida. Sigue los Oscar con devoción. “Obviamente, veo todas las películas nominadas cada año”, dice con naturalidad.
▲ Alicia Vikander y Paul Dano en un fotograma de la cinta El mago del Kremlin, que narra el ascenso de Vladimir Putin, desde agente de la KGB hasta zar moderno. A la derecha, imagen tomada de la página de Facebook de la actriz.Foto
Recuerda su noche en el Dolby Theatre, cuando ganó el premio a mejor actriz de reparto: “fue un momento increíble”. Él fue nominado ese mismo año por su papel como Steve Jobs, en la cinta biográfica de Danny Boyle. Significó mucho para ella. “Perdí a mi madre hace unos años”, recuerda, “y el hecho de tener a mi familia allí y vivir esa experiencia…” Deja la frase inconclusa; el resto no hace falta decirlo.
“El momento en que me emocioné fue cuando Ex Machina ganó el premio a los mejores efectos especiales, porque había pasado muchísimo tiempo en el camerino.”
Con el director francés Assayas, Vikander ha encontrado un colaborador que vale la pena el tiempo que pasa lejos de casa. Ya habían trabajado juntos en Irma Vep, donde ella interpretaba a una estrella de cine estadunidense desilusionada que se ve envuelta en una nueva versión de una película muda francesa. Confiaba en él para manejar el delicado material original que constituye la base de El mago... “Teníamos muchos rusos y ucranios trabajando en este equipo, y eso fue fundamental para que Olivier hiciera esta película”, me cuenta. “Poder sumergirme en esa cultura real con gente real también fue una gran experiencia”.
Por su parte, Law afirmó no temer represalias por retratar a Putin, a pesar de los riesgos bien documentados que enfrentan muchos de los críticos del líder ruso. “No buscábamos la controversia por la controversia misma. Es un personaje dentro de una historia mucho más amplia”, declaró en el estreno de la película en Venecia. Vikander asegura que tampoco se sintió intimidada, señalando que la película se presenta claramente como una obra de ficción. Sin embargo, “apoyo firmemente la fuerza y el poder del arte en estas conversaciones”, enfatiza. “Creo que nos encontramos en un mundo donde puede haber miedo a hacer comentarios o expresar opiniones”.
¿Aparecería Vikander en una película sobre Trump, sabiendo la magnitud de la reacción negativa de MAGA que inevitablemente le seguiría?, se le pregunta. “Lo que hizo esa película, y lo que hizo la nuestra, es explorar lugares donde uno tiene que intentar visualizar el mundo desde una perspectiva diferente a la propia.
“No cerrar el diálogo, intentar comprender de dónde vienen los pensamientos, los ideales y los problemas es lo más esencial que debemos hacer si creemos que algo debe cambiar”, argumenta. “En ese sentido, creo que ambas películas lo lograron. No se trata de simplificar nada, sino de intentar ofrecer una visión general de esas personas y de por qué y cómo tomaron ciertas decisiones o hicieron lo que hicieron”.
Al concluir la conversación, volvemos a hablar de su familia y de la singular situación que ella y Fassbender mantienen como dos de los actores más solicitados de la industria. Hasta hace poco, comenta, habían evitado cualquier conflicto de agenda. El año pasado, ambos estuvieron en Londres: Vikander debutando con la reinterpretación de Simon Stone de La dama del mar y Fassbender filmando la segunda temporada de la serie de espías de Paramount+ The Agency . “Fue interesante pasar meses siendo como una familia; de hecho, ambos íbamos a trabajar por la mañana y volvíamos por la noche.”
DERECHOS DE AUTOR
Esta información pertenece a su autor original y se encuentra en el sitio https://www.jornada.com.mx/2026/04/28/espectaculos/a07n1esp?partner=rss