La Habana/La urgencia de un cambio profundo para Cuba es tan obvia que todas las propuestas de transición se parecen en lo esencial. Con matices en la temperatura del lenguaje, sea moderado, académico o radical, a todos se nos ocurre lo mismo: libertad para los presos políticos, despenalización de la discrepancia política, apertura económica, equilibrio entre justicia y reconciliación, una nueva Constitución y, desde luego, elecciones pluripartidistas.
Sería pretencioso afirmar que he leído todas las propuestas, ¡son tantas!, y eso es bueno, pero echo en falta la secuencia expresada en el plano temporal, una cronología que deje en claro qué es lo primero que debe ocurrir.
Y aquí vuelvo al viejo tema de las cuatro variables posibles (mencionadas sin orden de preferencia):
- Una decisión desde arriba para salvar al país antes que a la ideología.
- Una explosión social incontenible que arrase con todo.
- Una intervención extranjera.
- Que todo quede como está para siempre.
La dos lleva a la tres. Si la tres se reduce a limitaciones económicas, excluyendo la acción militar, puede conducir a la uno o a la dos.
La cuatro abre la puerta a las demás.
Ya nadie duda de la obsolescencia de la propuesta ideológica que, en los discursos, defiende ese partido
Como suele ocurrir, lo óptimo es lo más difícil, y es que a los que mandan en Cuba les dé un “ataque de patriotismo” y decidan salvar al país antes que a la propuesta ideológica del único partido permitido, lo que también pudiera entenderse como salvar al país antes que sus obscenos atributos de poder, porque ya nadie duda de la obsolescencia de la propuesta ideológica que, en los discursos, defiende ese partido.
El escenario es transparente: la intervención extranjera, expresada en limitaciones para adquirir combustible, más las amenazas de escalar al plano militar, puede conducir a los que mandan en Cuba a salvar al país antes que a la ideología y, paralelamente, genera las condiciones para una explosión social incontrolable.
Hasta la fecha los que mandan en Cuba han ratificado su decisión de inmolarse, lo que se traduce como su decisión de inmolarnos, como si lo que defendieran tuviera algún futuro.
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