▲ La banda durante una presentación.Foto tomada del Facebook de la agrupación
Hernán Muleiro
Especial para La Jornada
Periódico La Jornada
Domingo 7 de junio de 2026, p. 8
Es considerado 1966 un año en el que el rock se amplió: elepés como Pet Sounds, de The Beach Boys, devolvieron las orquestaciones al pop y realizaron algunos experimentos, mientras que Revolver encontró a The Beatles utilizando a la consola de sonido como instrumento lúdico y buscando referencias sónicas en Karlheinz Stockhausen. Del otro lado de ese panorama consagratorio se encontraban grupos como The Seeds, conjuntos de garage que aún sentían que el santo grial del rocanrol se encontraba cerca del mantra de canciones como Louie Louie, de The Kingsmen.
A las bandas les bastó con existir y la originalidad fue propiedad de algunos conjuntos, que sea por insistencia o una suerte absurda, se toparon con un resultado musical diferente de la fórmula. The Seeds tuvieron la frescura cubierta, en gran medida gracias a Sky Saxon, cantante que exudó honestidad en la voz y una vulnerabilidad más cercana a la música soul. Con Jan Savage en guitarra, Rick Andrige en batería y el rol destacado de Daryl Hooper en teclados, The Seeds llevaron la repetición a su conclusión lógica para 1966.
Influyentes y estafados
Si The Who mostró una fe en el rock expresada en conciertos de estadios, The Seeds hizo lo propio desde los antros; el elemento en común fue un rock autocelebratorio, un estilo doblado sobre si mismo, un rock elevado al cuadrado y aún joven.
La cantidad de grupos fue enorme, muchos más de los que fueron difundidos. Este desconocimiento colaboró, décadas después de su edición, para que los arqueólogos pop redescubrieran discos como el debut de The Seeds, con la sensación de estar encontrando un objeto propio del pasado que a su vez les pertenecía, gloriosamente monótono y como mínimo igual de bueno que los discos más renombrados de ese año.
The Seeds fueron reconocidos desde una docena de años después en adelante por diferentes estilos punk: The Fall, de Manchester, incorporaron un teclado por ellos, mientras que The Ramones les rindieron tributo en el disco de versiones Acid Eaters. ¿Qué habrá escuchado un cantante como Joey Ramone en The Seeds? Hacedores de canciones tan buenos como cualquiera en la factoría de Phil Spector, concretadas con muchísimos menos recursos económicos; en otras palabras, un antecedente a la propuesta de su banda.
The Seeds fueron definidos por Muddy Waters como “los Rolling Stones de Estados Unidos”, y si bien la popularidad no acompañó al grupo de Sky Saxon, es probable que Waters se refiriera al estilo de Richards, y a las canciones que iban directo al punto, cuando Brian Jones formaba parte del grupo, instantes antes de la apertura sicodélica.
El pico de su modesto éxito fue liderar una gira en autobús por Estados Unidos, de la que participaron grupos como Question Mark and the Misteryans y Shadows of the Night. El arreglo con la discográfica los despojó de regalías, en lo que fue una práctica espuria muy común en la época contra las bandas debutantes.
En 1966 la era del disco de rock de larga duración aún era nueva, y la competencia por colocar a un grupo joven en un mercado lleno era feroz, lo que llevó a que varias bandas sacaran dos elepés ese mismo año, y The Seeds fue parte del fenómeno: A Web of Sound fue su segundo disco, que compartió la frescura del primero, con canciones impulsadas por el teclado (Mr. Farmer) y una exploración blusera de casi 15 minutos (Up in Her Room).
Perdidos por la espiritualidad
Luego de un tercer disco que pasó sin pena ni gloria, el despertar espiritual de Sky Saxon significó el fin de The Seeds, cuyo talentoso líder pasaría a formar parte de la secta/hermandad californiana conocida como Ya Ho Wa 13, liderada por un ex convicto carismático llamado Father Yod, Saxon grabaría varios discos junto al grupo formado por integrantes de la agrupación, y hasta cambió su nombre por el de SunFlower.
La influencia de The Seeds se elevó exponencialmente durante el nuevo milenio y la era de la música digital, aunque su incuestionable aporte nunca se vio reflejado en sus cuentas bancarias.
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