El futbol como catarsis y la urgencia de festejar “algo grande” con la selección

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El futbol como catarsis y la urgencia de festejar “algo grande” con la selección

▲ Casi medio milón de personas se reunieron en el monumento de avenida Reforma el jueves pasado.Foto Luis Castillo

Erendira Palma, Ángel Vargas, Sandra Hernández y Kevin Ruiz

 

Periódico La Jornada
Sábado 20 de junio de 2026, p. 2

El futbol, muchas veces, se vuleve un campo de libertad y fiesta donde los protagonistas ya no sólo son los jugadores, sino toda la afición. El festejo masivo por la victoria del Tricolor sobre Corea del Sur, que congregó a cerca de medio millón de personas en las inmediaciones del Ángel de la Independencia, fue el reflejo de la “necesidad de ser” que expresaron los seguidores, las ganas de “visibilizarse” y volverse actores sociales, al menos, en una fiesta efímera que habían contenido desde hace años, señalaron especialistas en sociología del deporte.

“(La celebración) podría leerse bajo una óptica de lo carnavalesco, puedes salirte de cierto límite. En México le decimos el desmadre, tanto fuera como dentro del propio individuo. El que griten, que bailen, que se emocionen es esa pulsión del goce pero que al mismo tiempo tiene límites. No está permitido todo, pero sí ciertas cosas que normalmente no se permitirían”, dijo Sergio Varela, sociólogo y profesor de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.

“Es como decir ‘miren, aquí estoy’, es una manera de visibilizar a los actores sociales, por eso se atreven a subirse al inmobiliario y otras cosas. Además, está el fenómeno de los medios y las redes sociales que magnifican esa visibilización”, agregó el especialista.

Desde la mirada del aficionado, e incluso de quienes no son seguidores del futbol, se unieron al jolgorio social donde todo es fervor. “Sigo impresionado: los mexicanos somos la mamada. Fue una locura total”. La frase, dicha por Eduardo Campos, sintetiza lo que miles de personas vivieron en el Ángel de la Independencia.

“Decidí ir (a El Ángel) porque el Mundial se hace aquí en el país, y yo siempre quise ir a uno, pero lo caro de los boletos me impiden ir a un estadio. Lo más cercano a vivir ahora el Mundial es ir a celebrar”, expresó Eduardo, quien es secundado por Luis Enrique Velázquez, responsable de unos baños públicos en la Zona Rosa: “Aunque no me alcanza el dinero para los boletos, ahora que el Mundial es en México nadie me va a quitar el gusto de disfrutarlo”.

Juan Carlos Bautista, mesero en un bar en la Zona Rosa, contrasta en su testimonio debido a una jornada laboral extenuante. “Nunca había visto tanta gente reunida en esta zona, y eso que viene mucha. Ni siquiera en las marchas (de protesta). Esto rebasó toda proporción. Fue algo histórico, único. Tuvimos gente en el bar desde las 3 de la tarde; se llenó en sólo 15 minutos, y nunca dejamos de estar saturados hasta que bajamos la cortina, a las 4 de la madrugada de hoy (viernes)”.

Es mejor celebrar ahora que esperar al quinto partido

La imagen de miles de personas que colmaron avenida Reforma contrasta con una postal que se registró hace apenas un año. En marzo de 2025, cuando el Tricolor ganó la Liga de Naciones no hubo celebraciones en las inmediaciones del Ángel de la Independencia, apenas estaba un vendedor de banderas mexicanas que tuvo pocos compradores esa noche de un festejo vacío en el emblemático monumento.

La selección apenas consiguió su segunda victoria en el Mundial 2026, el tercero que se realiza en el país después de 1970 y 1986. Fue un triunfo sufrido por 1-0 ante Corea del Sur, que sólo tiene como peso deportivo la clasificación a la fase de dieciseisavos del torneo cuando aún falta el juego contra la República Checa.

Fernando Segura, doctor en sociología por la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París, indicó que esta algarabía fue el reflejo de “un festejo contenido de algo grande (por parte del Tricolor) desde hace más de ocho años”, pues en este Mundial la selección ha tenido un mejor desempeño en comparación con el fracaso que se vivió en Qatar 2022, donde fue eliminado en la fase de grupos.

En el registro deportivo de la selección mexicana, el último triunfo con un peso futbolístico como social fue cuando se impuso ante la pentacampeona Alemania en la primera ronda del Mundial de Rusia 2018. Después, vendría el desafortunado ciclo mundialista que culminó en Qatar con una de las peores actuaciones en la historia del equipo tricolor.

Ahora, con el torneo en casa y un relevo generacional en el plantel, el equipo dirigido por Javier Aguirre tiene como objetivo alcanzar los cuartos de final, instancia a la que México no llega desde 1986, o lo que antes era conocido como disputar el quinto partido del torneo.

“Es mejor festejar ahora que esperar al famoso quinto partido porque quizá no llega”, añadió Segura. Indicó que el gran ambiente de fiesta que se ha visto en el país manda un mensaje de que “aquí todos son bienvenidos”, lo cual contrasta con las restricciones que se han visto en Estados Unidos, el principal anfitrión del certamen.

“Aquí, se valora más el futbol como deporte popular y el festejo. Juegue bien o mal el Tricolor, es importante para el sentir popular tener un gusto dulce con respecto a esta participación”.

La euforia también responde a una necesidad de goce y a la repropiación de la fiesta futbolera ante los altos costos de los boletos y de la mercancía oficial impuestos por la FIFA y las trasnacionales.

Aldo Bravo, investigador del fenómeno deportivo en la UNAM, comentó que muchos aficionados no pudieron ir a los partidos; sin embargo, encuentran en las calles una oportunidad para vivir y celebrar los triunfos “aunque en los hechos, la selección mexicana no ha ganado nada”.

Destacó también que la euforia viene de personas que, aunque “no saben de futbol” celebran la identidad nacional.

Finalmente, para el doctor en Ciencia Social para la Universidad La Salle, Felipe Gaytán Alcalá, los festejos de la afición mexicana se deben a que se vive una “efervescencia social” que suspende la cotidianidad de los capitalinos, y deja ver que las personas creen en su país.

 

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