El primer ministro británico, Keir Starmer, anuncia su dimisión

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By ndh
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Londres/Keir Starmer anunció este lunes su dimisión como líder del Partido Laborista y primer ministro británico, tras perder el apoyo de su grupo parlamentario. Starmer prometió que hará todo lo posible para conseguir una transición ordenada del Ejecutivo.

Al frente de un Gobierno laborista que, en algo menos de dos años, pasó de obtener la mayoría absoluta bajo la promesa de traer un cambio al país, a convertirse en tremendamente impopular entre los británicos.

El proceso para sustituirlo puede alargarse hasta el otoño y el ex alcalde de Mánchester, Andy Burnham, ya ha confirmado que se presentará. De camino en tren hacia Londres, donde asume su escaño como diputado, Burnham dijo en X que la dimisión de Starmer “marca el inicio de una transición y es importante que este proceso se lleve a cabo de forma ordenada y responsable”.

“Yo me presentaré como parte de este proceso”, afirmó. Burnham ya ha asegurado que cuenta con los avales necesarios, mientras que el ex ministro Wes Streeting, que se perfilaba como posible aspirante, anunció este lunes que apoya al ex alcalde de Mánchester.


“Keir ha prestado un enorme servicio a nuestro país y quiero agradecerle su liderazgo y dedicación durante un periodo tan difícil”, declaró Burnham

“Keir ha prestado un enorme servicio a nuestro país y quiero agradecerle su liderazgo y dedicación durante un periodo tan difícil”, declaró Burnham, que ya sirvió como ministro en anteriores Administraciones laboristas.

“El país espera estabilidad, seriedad y un enfoque continuo en los asuntos que más importan, y eso es lo que va a recibir. A medida que avancemos, nuestra prioridad debe ser trabajar juntos para devolver al Reino Unido al punto en el que todos queremos que esté”, añadió.

Burnham señaló en su mensaje en la red social que “la gente quiere ver avances en crecimiento económico, coste de la vida, servicios públicos, vivienda y oportunidades para la próxima generación”. También adujo que “el cambio político nunca debe distraer de la responsabilidad de mejorar la vida de las personas” y subrayó que “el movimiento laborista siempre ha sido más fuerte cuando mira hacia adelante con confianza y determinación”.

“Eso es lo que haremos a partir de ahora, y nos aseguraremos de que esta transición sea un proceso positivo de renovación para nuestro partido y nuestro país”, mantuvo.

Burnham pudo regresar a la Cámara de los Comunes, donde jura este lunes, al ganar el pasado 18 de junio el escaño por la circunscripción de Makerfield, después de que un colega la dejara vacante justamente para que pudiera optar a ella y, en caso de ganarla, desafiar el liderazgo laborista.

Starmer, abogado de profesión, llegó el 4 de julio de 2024 a la residencia oficial del 10 de Downing Street con una victoria rotunda en las elecciones generales, tras 14 años de gobiernos conservadores.

Con un perfil serio y poco carismático –lejos de las excentricidades de Boris Johnson–, Starmer contaba a sus espaldas, no obstante, con una larga y exitosa trayectoria política y de gestión pública como principal baza.

Pero el mandato laborista de Starmer se ha caracterizado por su tibieza a la hora de posicionarse en temas controvertidos como el conflicto palestino-israelí, así como por algunas decisiones fiscales y políticas muy criticadas, como el recorte de ayudas a pensionistas o el nombramiento del ex ministro Peter Mandelson, con estrechos vínculos con el pederasta convicto estadounidense Jeffrey Epstein, como embajador en Washington.

Por otro lado, también abogó por restablecer las relaciones entre el Reino Unido y la Unión Europea (UE), dañadas tras el Brexit, en materia comercial, seguridad y de defensa –sin atreverse a abogar por una vuelta del país a la UE–, y dio el paso al frente a la hora de encabezar iniciativas internacionales como la denominada Coalición de Voluntarios, junto a Francia, para crear una posible fuerza de paz multinacional en Ucrania.

Pero su forma de gobernar no convenció ni al electorado que le había apoyado en un inicio, que dio la espalda al Partido Laborista en las elecciones locales y regionales del pasado 7 de mayo; ni a sus propios correligionarios, que acabaron pidiendo por decenas su dimisión como primer ministro y líder de la formación.


Pero su forma de gobernar no convenció ni al electorado que le había apoyado en un inicio, que dio la espalda al Partido Laborista en las elecciones locales y regionales del pasado 7 de mayo

Nacido el 2 de septiembre de 1962 en el barrio londinense de Southwark, hijo de una enfermera y un obrero industrial, Starmer se nutrió del laborismo desde la cuna, y se dice que debe su nombre al primer miembro del Partido Laborista en el Parlamento británico, Keir Hardie.

Licenciado en Derecho por la Universidad de Leeds, y con un máster en Derecho Civil en la de Oxford, Starmer empezó a ejercer como abogado en 1987, centrado en causas de derechos humanos y participando en procesos de alto perfil, que llevaron a su nombramiento como director de la Fiscalía de Inglaterra y Gales en 2008.

El que fuese “uno de los abogados más brillantes de su generación”, como lo llamó la prensa británica de entonces, abandonó la carrera fiscal en 2013, y dos años después dio el salto a la política como parlamentario en la Cámara de los Comunes (baja) con el Partido Laborista.

Tras el referéndum del Brexit en 2016, fue nombrado portavoz laborista sobre este asunto, entonces bajo el liderazgo del izquierdista Jeremy Corbyn, a quien acabaría sucediendo como cabeza de partido después de que Corbyn se viera forzado a dimitir entre acusaciones de antisemitismo. A Starmer (casado con Victoria, de origen judío), al contrario que Corbyn, se le ha atribuido una actitud demasiado complaciente con Israel.

En abril de 2020 fue elegido líder del Partido Laborista con un 56% de los votos en las primarias, con el objetivo de reconstruir la formación en un escenario posbrexit y tras una derrota electoral.


El descontento social con el Gobierno de Starmer ha sido un catalizador para la derecha populista de Nigel Farage

Seis años después, el escenario que deja tras de sí para la formación es similar, por no decir incluso peor. El descontento social con el Gobierno de Starmer ha sido un catalizador para la derecha populista de Nigel Farage, uno de los principales impulsores del Brexit, cuya formación Reform UK lidera ahora las encuestas de opinión de voto de cara a las próximas elecciones generales, previstas para 2029.

Los laboristas vieron claro, tras perder 1.500 concejales en Inglaterra y feudos como el de Gales, que si querían tener alguna opción de revalidar por una segunda legislatura frente al auge populista de Farage, tenía que ser con un líder diferente a Starmer.

El primer ministro se aferró al cargo hasta el último día, intentó reconducir las prioridades del Gobierno con ánimos renovados, rescató incluso al ex mandatario laborista Gordon Brown en un gesto simbólico para afianzar su posición interna como líder, pero nada fue suficiente para evitar su salida de Downing Street.

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