▲ Entrenamiento de la selección nacional de futbol en el CAR antes del partido de inauguración el próximo jueves.Foto Víctor Camacho
Alberto Aceves
Periódico La Jornada
Domingo 7 de junio de 2026, p. a10
Desde un costado del campo, Javier Aguirre observa el entrenamiento de la selección mexicana. Deja que su auxiliar, el cinco veces mundialista Rafael Márquez, dicte las órdenes y ejecute los diversos circuitos de trabajo. Si hay algo que corregir, el técnico nacional camina unos metros y se dirige al jugador con el que necesita elevar el nivel de exigencia. El Vasco usa la ironía, el lenguaje llano de la calle, la cercanía, pero bajo esa armadura de aparente ligereza late una personalidad inflexible: no les perdona un solo error de concepto básico a los más veteranos. “Controla de zurda, cabrón”, dice al zaguero César Montes después de una recepción accidentada con su pierna menos hábil.
Por estricto reglamento de la FIFA, el Tricolor dio acceso al Centro de Alto Rendimiento (CAR) para realizar su primera práctica oficial abierta al público de la Copa Mundial. Alrededor de un centenar de personas –entre invitados, patrocinadores y un pequeño grupo de niños– levantan sus teléfonos para capturar jugadas de los seleccionados desde una pequeña tribuna. No hay cánticos ni mariachis, tampoco la tradicional Ola mexicana. Apenas un puñado de gritos tímidos buscan a Raúl Jiménez, Guillermo Ochoa y Armando Hormiga González, quienes responden con la mano en alto cuando escuchan la voz de algún aficionado.
En una pausa repentina, Aguirre ordena a Montes que patee a una miniportería a 20 metros de distancia, pero el futbolista del Lokomotiv falla y entonces El Vasco, con ese gesto antiguo y teatral de los abuelos gruñones, se quita la gorra y la avienta sobre la espalda del defensor. “No me jodas”, reclama. Todos se ríen con el entrenador. Se percibe una complicidad de cuartel, la cual se replica en el resto del grupo. Sin embargo, el contraste es nítido cuando Márquez vuelve a tomar el control con la rigidez de un manual. “Toco y me muevo para tener más profundidad, no para estorbar al compañero”, repite el histórico capitán de la selección. Cada vez que lanza una indicación, el CAR se sumerge en el mismo silencio.
Cascarita de penales
Cuando la tarde termina, el rigor se diluye en un juego de amigos. Los porteros organizan una tanda de penales. Raúl Rangel, Guillermo Ochoa y Carlos Acevedo se turnan bajo los tres postes para medir la puntería de sus compañeros. Son ejecuciones sin gravedad, informales, realizadas con la displicencia de quien juega un encuentro de barrio. Casi todos buscan el ángulo perfecto, lo cual produce que sus remates se estrellen una y otra vez contra los metales.
En uno de sus primeros turnos desde el manchón de penalti, Álvaro Fidalgo golpea la pelota demasiado abajo, con un exceso de fuerza. El tiro sube, se pierde detrás del alambrado del CAR y sus compañeros estallan en una carcajada colectiva, un eco de burlas que se extiende hasta el cuerpo técnico.
“Lo que pasó en Qatar fue un aprendizaje para nosotros. Somos responsables, pero ahora estaremos en casa y queremos hacer historia, una diferente a la de aquella edición”, sostiene el sonorense César Montes, quien disputó tres encuentros en su primera cita mundialista. “La ilusión es muy grande. Para algunos, será la segunda o tercera Copa del Mundo, otros van a vivirla por primera vez”.
En la otra orilla de la cancha, el paisaje se vuelve más solitario. Santiago Giménez y Mateo Chávez trabajan aparte, alejados de los focos de las cámaras. El delantero del Milán, todavía con los rezagos de una lesión muscular, ensaya piques cortos, gambetea fantasmas, como simulando una jugada de gol que sólo él puede ver. Sigue lejos de su nivel ideal, pero tanto Aguirre como Márquez creen que el tiempo alcanzará para recuperarlo antes del encuentro inaugural ante Sudáfrica, el jueves en el estadio Azteca. Cuando la lluvia empieza a caer, la práctica llega a su fin.
Fueron casi dos horas de un entrenamiento vigilado por aficionados, medios de comunicación y enviados desde Corea del Sur que anotan en libretas cada movimiento del que será su segundo rival de grupo en la cita mundialista.
“Todos queremos estar el 11 de junio, pero vamos a ver qué decide Javier (Aguirre). En la selección no existen límites, somos un equipo que está para competir y hacer historia”, afirma el volante del Anderlecht, César Huerta, recuperado de una pubalgia que lo alejó casi siete meses de las canchas. “La competencia es todos los días. Te acostumbras a convivir con ella para ganarte un lugar, sobre todo antes de una Copa del Mundo”.
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