“Señales de humo”, dice EE UU sobre las reformas en Cuba

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La Habana/Estados Unidos calificó de “señales de humo” las reformas económicas aprobadas este jueves por el régimen cubano y reclamó cambios políticos y económicos mucho más profundos. La reacción de Washington contrasta con el respaldo expresado por la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, quien consideró que la apertura representa un “cambio importante”.

“Estas ‘reformas económicas’ graduales son modestas, llegan con gran retraso y, en última instancia, son señales de humo superficiales del régimen cubano”, declaró a la agencia AFP un portavoz del Departamento de Estado.

Las autoridades estadounidenses consideran que La Habana ha recurrido nuevamente a una “estrategia típica” consistente en anunciar “supuestas reformas para crear la ilusión de un compromiso con el cambio, para luego revertirlas rápidamente en cuanto se ve amenazado el control total del régimen”.

Washington exigió “reformas económicas y políticas mucho más sustanciales que hagan a Cuba atractiva para los inversionistas” y que ofrezcan a sus ciudadanos “la libertad, la dignidad y las oportunidades que merecen”, agregó el funcionario, cuya identidad no fue divulgada.

La reacción supone un jarro de agua fría para La Habana, que presentó las 176 medidas como una profunda transformación económica, aunque insistió en que el Gobierno no renunciará al socialismo ni permitirá que el mercado sustituya la planificación estatal.


Sheinbaum ofreció su apoyo a La Habana, aunque México se ha plegado a la exigencia de Washington de no mandar combustible a Cuba

Entre las propuestas se encuentran la entrada de bancos privados, la inversión directa en negocios cubanos de ciudadanos residentes en el extranjero, la posibilidad de que un propietario administre más de una empresa o la eliminación del límite actual de 100 trabajadores para las mipymes.

El paquete también abre la puerta a la venta de propiedades estatales a personas naturales y jurídicas, nacionales o extranjeras, y a la transformación de algunas empresas públicas en sociedades comerciales con participaciones de capital. Sin embargo, todavía se desconocen los plazos, los mecanismos legales y las condiciones concretas para aplicar buena parte de esas medidas cuya similitud con la transición rusa hace temer una apropiación encubierta de los bienes estatales por los cuadros dirigentes del régimen actual. 

El primer ministro, Manuel Marrero, aseguró durante la sesión extraordinaria de la Asamblea Nacional que el mercado será reconocido como “un instrumento para la asignación eficiente de recursos”, una formulación poco habitual en el discurso oficial cubano. Miguel Díaz-Canel, por su parte, dejó claro que los cambios no significan una ruptura con el modelo político. “No estamos renunciando al socialismo”, afirmó el gobernante antes de que los diputados aprobaran por unanimidad el programa.

Mientras Washington recibió las medidas con escepticismo, la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum elogió este viernes la decisión del régimen. “Es un cambio importante en una decisión que toman las y los cubanos de abrir su economía”, afirmó la mandataria durante su conferencia de prensa diaria.

Sheinbaum destacó especialmente la posibilidad de atraer capital privado y recursos de la emigración. “Están haciéndolo para la inversión, incluso llamando a cubanos que dejaron la Isla hace tiempo a que inviertan en Cuba”, señaló.

La presidenta mexicana también ofreció el apoyo de su Gobierno a las empresas de su país interesadas en participar en la apertura. Su reacción mantiene la línea de respaldo político y económico que México ha sostenido hacia La Habana, pese al aumento de la presión estadounidense, aunque se ha plegado a la exigencia de Washington de no mandar combustible a Cuba.


El ex embajador recordó que anteriores procesos de apertura parcial terminaron frenados por las propias estructuras oficiales

Una visión muy distinta expresó Ricardo Pascoe Pierce, quien fue embajador de México en Cuba entre 2000 y 2002. El diplomático reconoció que las medidas podrían representar “una transformación muy radical de la economía cubana” y abrir el camino hacia una economía de mercado, pero dudó de que el aparato estatal permita una competencia verdadera.

“La gran prueba es si realmente las empresas estatales van a aceptar que exista una competencia, un verdadero mercado abierto”, declaró Pascoe en una entrevista con W Radio.

El ex embajador recordó que anteriores procesos de apertura parcial terminaron frenados por las propias estructuras oficiales. “Las empresas que se han creado siempre han tenido un éxito y la reacción de las empresas estatales es impedir su continuación”, explicó.

Pascoe señaló que cualquier cambio real dependerá de que La Habana cumpla lo prometido y otorgue autonomía a las empresas. También puso en duda la posibilidad de atraer el capital necesario mientras permanezca intacto el actual sistema político y jurídico. “¿Quién va a invertir con esas condiciones cuando no hay ninguna certeza jurídica?”, se preguntó.

La respuesta estadounidense confirma que las concesiones económicas de La Habana no serán suficientes, por sí solas, para provocar una distensión con la Administración de Donald Trump. Washington no solo exige una mayor apertura del mercado, sino también transformaciones políticas que el régimen cubano no ha incluido en su programa.

Por eso, Trump recordaba, en una entrevista un día después del anuncio del paquete de reformas, que seguía viendo “posible” una intervención de EE UU en Cuba similar a la que permitió la captura, el 3 de enero, del entonces presidente Nicolás Maduro. 

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