Cardúmenes de mollys de Tabasco pueden recordar a sus depredadores

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▲ El investigador Korbinian Pacher señaló a La Jornada que aunque las dinámicas depredadores-presas existen en muchos lugares, las condiciones de los manantiales sulfurosos de Tabasco convierten al sitio en un laboratorio natural para estudiar la inteligencia colectiva.Foto Korbinian Pacher

Eirinet Gómez

 

Periódico La Jornada
Sábado 4 de julio de 2026, p. a10

Los cardúmenes de mollys azufrados que habitan en los manantiales sulfurosos de El Azufre, en Tabasco, parecen conservar información sobre ataques recientes de sus depredadores. Se trata de una especie de “memoria colectiva” que fortalece sus defensas y obliga a las aves rapaces a modificar sus estrategias de caza.

Así lo reveló un estudio dirigido por Korbinian Pacher, del Instituto de Ecología de Agua Dulce y Pesca Continental (IGB) de Berlín, publicado en la revista Proceedings of the Royal Society B.

“Con frecuencia se pregunta cómo las presas pueden defenderse de estos depredadores, pero casi nunca se pregunta lo contrario: qué hacen o qué pueden hacer los depredadores para superar las defensas de sus presas”, afirma Pacher a La Jornada.

Y agrega: “nuestros resultados muestran que los depredadores pueden desarrollar estrategias específicas frente a las defensas colectivas de sus presas. Ahora podemos buscar esto en otros sistemas donde estas estrategias podrían estar presentes, aunque sean menos evidentes”.

Los mollys azufrados viven en los manantiales sulfurosos de El Azufre, en Tabasco, un ambiente extremo donde pocos organismos pueden sobrevivir. Cuando aves rapaces intentan capturarlos, los peces responden con inmersiones sincronizadas que crean olas sobre la superficie del agua.

Estas olas formadas de manera colectiva por los pequeños peces dificultan la caza y obligan a los depredadores a esperar más tiempo antes de intentar un nuevo ataque. Hasta antes de esta nueva investigación se sabía poco sobre cómo responden las aves a esta defensa grupal.

Para este estudio, en el que también participaron integrantes del Cluster de Excelencia en Ciencia de la Inteligencia, los investigadores registraron 120 horas de video y analizaron 867 ataques de tres especies de aves rapaces.

Los científicos descubrieron que los martines pescadores preferían atacar los bordes de los cardúmenes, donde las olas defensivas eran menos intensas, en lugar del centro, donde las probabilidades de captura eran mayores, pero también se generaban respuestas colectivas más fuertes que dificultaban ataques posteriores.

“Nuestros resultados muestran que los depredadores parecen, al menos, anticipar que sus presas cuentan con esta defensa eficaz y la consideran antes de atacar”, apunta el científico.

El hallazgo más novedoso ocurrió al observar el comportamiento de las presas. Los científicos encontraron evidencia de que los cardúmenes reaccionaron con mayor intensidad cuando un ataque ocurría poco después de otro previo.

“Un cardumen de peces representa una red conectada de individuos; como el cerebro, que es una red de miles de millones de neuronas. Al igual que un pez individual, una sola neurona puede hacer muy poco, pero conectadas entre sí forman una red capaz de realizar tareas complejas, incluyendo recordar cosas”, explica el experto.

Pacher señala que, aunque un pez sólo percibe los eventos que ocurren directamente a su lado, la interacción con miles de vecinos permite al grupo responder de manera coordinada frente a un depredador.

“Los peces que obtuvieron información sobre el ataque del ave (porque vieron directamente al ave) entran en un estado de alta alerta. Cuando vuelven a ver al ave, saben instantáneamente lo que ocurre y comienzan la defensa. Otros peces ven esto y copian el comportamiento, lo que conduce a más olas colectivas”, detalla.

Hasta ahora no está claro cómo funciona esto y cómo el efecto de memoria colectiva está conectado e influenciado por las memorias individuales. “Esto plantea muchas preguntas interesantes para el futuro, como cuánto tiempo dura esta memoria colectiva y si los peces también olvidan colectivamente”, añade.

Según el investigador, aunque las dinámicas depredadores-presas existen en muchos lugares, las condiciones de los manantiales sulfurosos de Tabasco convierten al sitio en un laboratorio natural para estudiar la inteligencia colectiva.

Debido a las condiciones extremas del agua, muy pocas especies pueden sobrevivir en estos manantiales, por lo cual se infiere que el comportamiento colectivo de los peces evolucionó principalmente para responder a las aves que atacan desde fuera del agua.

Otra característica es que, como no hay oxígeno, los peces deben permanecer cerca de la superficie y los cardúmenes consisten en una sola capa de peces. Así que “todas las interacciones ocurren casi en dos dimensiones, lo que facilita observarlas y entenderlas”.

Además, los cardúmenes suelen permanecer en la misma zona y no se desplazan grandes distancias, como ocurre con otras poblaciones. Incluso, los investigadores pueden provocar olas sin la presencia del depredador, si así lo requiere la investigación.

Sin embargo, advierte, este laboratorio natural enfrenta diversas amenazas ambientales, como la pérdida de vegetación ribereña y la contaminación. De acuerdo con Pacher, la desaparición de estos manantiales significaría la pérdida de un sistema único para estudiar la inteligencia colectiva.

“El reto futuro es difundir la idea de que no sólo los manantiales sulfurosos son únicos y merecen protección, sino también sus pequeños habitantes, que son un verdadero tesoro natural de Tabasco.”

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