El futbol, al rescate de la niñez en La Lagunilla

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▲ Cuando el peso de los gritos y la violencia les cierran las puertas de sus hogares, los menores encuentran refugio en el futbol y en fundaciones que ayudan a borrar esas cicatrices.Foto Jorge Ángel Pablo

Alberto Aceves

 

Periódico La Jornada
Martes 11 de agosto de 2026, p. a11

En un callejón del barrio de La Lagunilla, los niños que corren detrás de un balón no le temen al desgas-te de sus zapatos. Llevan a cuestas el peso de los gritos en casa, donde la violencia solía ser el único idioma y el silencio un síntoma del abandono. Para varios de ellos, la puerta del hogar se cerró para siempre. La calle les enseñó a desconfiar, a endurecer la mirada y esconder el miedo debajo de una sonrisa. Pero cada vez que juegan al futbol, la memoria parece darles una tregua.

En el interior de la Fundación Renacimiento IAP, los más apasionados se divierten sobre una cancha de cemento en plena rehabilitación. El espacio forma parte de una red de 19 proyectos impulsados por la organización internacional love.fútbol en la Ciudad de México, estado de México, Hidalgo, Puebla, Jalisco, Guanajuato y Quintana Roo, –tres de ellos ya inaugurados y 16 todavía en desarrollo–. El deporte, de algún modo, opera como una restitución de lo que el entorno familiar un día les negó.

Erika tiene 16 años, pero desde hace siete integra la población de 60 niñas y niños en situa-ción de vulnerabilidad que acoge la institución. Su padre murió de cirrosis cuando era muy pequeña y, al tener que reconocer su cuerpo, descubrió que su vocación era estudiar medicina forense. “Cuando juego al futbol me siento libre, vuelvo a ser yo”, dice a La Jornada la también estudiante del tercer año de secundaria, seria y con el pantalón remangado, lista por si surge algún partido improvisado. “Estar aquí nos ha alejado de personas violentas y el consumo de sustancias que sólo hacen daño”.

Alrededor de la cancha se improvisa un pequeño gimnasio destinado a clases de boxeo, donde conviven trozos de madera, vidrios, estructuras metálicas y cartones recién pintados. Sobre el alambrado que corona la pared más alta –decorada con un mural que promueve la actividad deportiva en familia–, los comerciantes informales de la calle República de Ecuador sujetan las lonas gigantes con las que protegen sus puestos. El ruido sonoro del barrio lo componen los motores de las motocicletas, las sirenas de patrulla y el anuncio constante de ofertas de productos, mientras al interior se disputa un partido de tres contra tres.

“Estamos intentando que esto sea como un gimnasio callejero, una cancha abierta para toda la comunidad”, señala el fundador y director general de la Fundación Renacimiento IAP, José Vallejo. “Buscamos herramientas que permitan a los jóvenes interesarse en su persona y motivarlos a tomar rumbos distintos. El deporte es una herramienta fundamental, pero también aplicamos un programa integral contra las adicciones con base de acupunturas, hipnoterapia, masoterapia, aromaterapia y sicoterapia para regular los niveles de estrés y depresión provocados por el maltrato que han padecido”.

La amistad en un pase

Aunque las obras del espacio concluirán a finales del mes, los menores hoy descubren la amistad en un pase, aprenden a trabajar en equipo no por exigencia, sino para garantizar que el juego continúe. No necesitan que un Mundial se transmita por la televisión. Este deporte es para ellos un refugio sin fronteras ni requisitos, un lugar libre de maltrato y promesas rotas. Son libres. Y en esa carrera frenética detrás de una pelota, con el corazón batiéndoles en el pecho, recuerdan que el cansancio también puede ser algo hermoso.

“Yo aprendí a jugar en la calle. Hacía retas con mis amigos y, el que ganaba, se llevaba un refresco”, cuenta Brandon, un me-nor de 15 años que ingresó a la fundación desde los siete y se niega a saber más de su familia. “Mi vida de antes era triste, deprimida. Caminaba todas las noches por las calles y dormía en el albergue Coruña. Ahora, cada vez que pateo un balón me siento alegre; veo a mis amigos menos pensativos o decaídos, es algo que nos hace bien. De grande me gustaría ser deportista profesional, tal vez un buen boxeador”.

De acuerdo con datos de la organización love.fútbol, las instalaciones rehabilitadas darán servicio a más de 5 mil 500 personas a la semana, lo que representa la mayor expansión de la organización desde su llegada a México hace una década. “Padres que actualmente viven en situación de calle se han acercado a pedirnos que sus hijos estén con nosotros. De todo ello damos parte tanto al DIF como a la Fiscalía (General de Justicia)”, indica Vallejo sobre su institución. “El objetivo es integrar a la comunidad, incluidos los hijos de los comerciantes de La Lagunilla y Tepito para ofrecerles un espacio seguro”.

Al caer la tarde en La Lagunilla, los comerciantes empiezan a desmontar sus puestos. El ruido vuelve a apoderarse de la calle y el futbol, que no cambiará el mapa de la ciudad ni borra las cicatrices del pasado, les ofrece al mismo tiempo a decenas de niños un lugar segu-ro donde aprender que su historia no termina allá afuera.

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