Marina pretende “narrar la feminidad a través de la historia de un danzante”
▲ Imágenes del documental Marina, el cual fue uno de los proyectos seleccionados del estímulo del Imcine.Foto cortesía de Luis Enrique Pérez
Merry MacMasters
Periódico La Jornada
Miércoles 19 de agosto de 2026, p. 7
Los negritos del candil, danza ritual de la huasteca veracruzana que se ofrenda a los difuntos, sirve de trasfondo para abordar la identidad de Rubén y al mismo reflejar una parte de la diversidad del México actual. La historia de dicho danzante tradicional de mediana edad es el tema de Marina, primer largometraje del realizador y fotógrafo Luis Enrique Pérez (Pánuco, 1984).
El documental, que se encuentra en etapa de escritura, fue uno de los 19 proyectos seleccionados de la octava convocatoria del Estímulo para la Creación Audiovisual en México y Centroamérica para Comunidades Indígenas y Afrodescendientes (Ecamc), organizada por el Instituto Mexicano del Cine.
Marina surge al conocer la danza Los negritos del candil, que se ejecuta en Día de Muertos en el norte de Veracruz, permitió a Pérez entrar en contacto con Rubén, oriundo de la comunidad de Zacamixtle y ahora uno de los personajes principales de esta historia que se escribe. Aunque el punto de partida era esta danza, al cineasta le interesaba también “explorar la feminidad a partir de uno de sus personajes que es Marina, Malintzin o Malinche. Esta danza tiene que ver justo con este proceso de colonialización suscitado en la región a partir de 1522”.
Rechazo y soledad
El tema, sin embargo, se evolucionó de tal manera que “me he enfocado más hacia las diferentes dimensiones de la identidad de Rubén, de hecho, en relación con la mía porque ambos estamos en la adultez media. De pronto, esto se ha vuelto también un ejercicio de espejearme en el sentido de cómo hemos afrontado ciertas circunstancias que nos atraviesan en esta etapa de nuestra vida. La historia, pues, empieza a abrirse hacia temas como la pérdida, el rechazo, incluso, la autotraición, supervivencia, pero, sobre todo, el tema más fuerte, por lo menos hasta ahora: el sentimiento de soledad bajo el que experimentamos nuestra cotidianidad”.
Después de cursar la carrera de ciencias de la comunicación, Pérez realizó una maestría en arte y ahora prepara su doctorado sobre, precisamente, la danza de Los negritos del candil. El cine llegó apenas hace unos años a su vida. En 2022, realizó su primer cortometraje Jolk’óxtalab, memorias sobre un arroyo, presentado en el 16 Festival de Cinema Indígena de Barcelona. Luego, produjo NOK (2023), estrenado en el 19 Festival Internacional de Cortometrajes “Shorts México”, mientras que Nanaa’ney i’n tének (2024), recibió el tercer lugar en el 14 Festival Internacional de la Imagen FINI. Estos dos últimos se realizaron con el apoyo del Sistema Nacional de Creadores.
Reconoce el “reto” artístico y técnico que significa hacer un largometraje. “Por fortuna, el Ecamc nos proporciona dentro de lo que es el estímulo una especie de asesor que en mi caso es la cineasta chiapaneca Gabriela Domínguez Ruvalcaba, con quien tengo un diálogo contínuo que me acompaña en el proceso creativo del argumento, que estamos a la mitad”. La idea es que tenga una duración de 80 minutos. Será en español porque uno de los personajes principales ya no habla su lenguaje materno, el tének, tampoco algunos secundarios, aunque “se autodescriben como tének y mestizos”.
Pérez, también historiador, conoció a Rubén en septiembre de 2025 al realizar un trabajo etnográfico en el norte de Veracruz para el que fue invitado a presenciar Los negritos del candil ya que forma parte de un ciclo ritual que comienza el 29 de septiembre con una ofrenda. Luego, Rubén lo invitó a su comunidad, Zacamixtle, para presenciar el ochavario, un “acontecimiento ritual multitudinario”, A partir de allí, “se generó un vínculo muy cercano. Se convirtió en una especie de informante para mi trabajo académico. Ya había platicado con él sobre la posibilidad de hacer un cortometraje o algo sobre esta tradición. Cuando salió la convocatoria, pues, vi la oportunidad de proponerlo”.
La región huasteca, en general, es “muy contrastante, por un lado, tiene sus cabeceras municipales que cuentan con todos los servicios, con cierto desarrollo social, económico, incluso, de infraestructura urbana, pero al mismo tiempo hay localidades cercanas que están en transición entre una zona rural y una semiurbana. Eso hace que estos habitantes históricamente, de hecho, están aislados muchas veces de este desarrollo que se vive en esos polos de desarrollo. Es como una zona liminal en la que todavía se puede ver cierta raigambre tradicional, a la vez que tiene acceso a los servicios básicos como luz eléctrica, Internet y telefonía celular”.
Homofobia y machismo
El realizador busca que el largometraje sea un documental para “hacer un corte de esta realidad que nos afecta a todos”. Sin ser una protesta, “de alguna manera la imagen en movimiento nos permite abordar la complejidad de la realidad. Esta historia, pues, estará plagada de este contexto social, cultural y económico a través de Rubén y otros personajes que se perfilan a lo largo del guion y la diversidad del México actual. Es decir, el país tiene muchas realidades y el cine nos permite acceder y contarlas, que muchas veces se han quedado marginadas. Incluso, negadas por el machismo que prevalece en estas sociedades. La homofobia que también nos atraviesa y son temas muy vigentes hoy y estarán presentes en la historia”.
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