Apuntes de economía
@EdgarSandovalP
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“Iturbide transformó una rebelión prolongada en un proyecto políticamente viable y en una nación independiente.”
Al comenzar el movimiento de Independencia, la Nueva España no era una economía pequeña ni completamente atrasada. Por el contrario, era una de las posesiones más ricas de la monarquía española, con aproximadamente 6.1 millones de habitantes, una agricultura extensa, importantes centros manufactureros y la principal producción de plata del mundo. Sin embargo, aquella riqueza estaba concentrada en pocas manos, dependía de instituciones profundamente desiguales y convivía con una población mayoritariamente pobre.
¿Cuánto producía esa economía? Como en 1810 no existían el PIB ni la contabilidad nacional moderna, cualquier cifra debe entenderse como una reconstrucción. A partir de las estimaciones de John Coatsworth, Angus Maddison y los estudios recopilados por Carlos Marichal, resulta razonable ubicar el producto novohispano entre 240 y 260 millones de pesos de aquella época, equivalentes a alrededor de 40 pesos por habitante al año.
Trasladar directamente esa cantidad a moneda actual sería engañoso, ya que el peso de plata de 1810 no es comparable con el peso fiduciario contemporáneo. Si se consideran su capacidad adquisitiva, los salarios, la población y el producto por habitante, aquella economía equivaldría aproximadamente a entre 280 mil y 340 mil millones de pesos actuales. Sería similar al tamaño de una economía estatal mediana, aunque con apenas 6 millones de habitantes y una productividad muy inferior a la actual.
La agricultura generaba probablemente entre 55% y 60% de la producción y ocupaba a cerca de dos terceras partes de los trabajadores. La mayoría cultivaba maíz, frijol, trigo, caña de azúcar y maguey, o se dedicaba a la ganadería. Otros trabajaban en haciendas, minas, obrajes, talleres, comercio, transporte y servicio doméstico. La minería representaba quizá entre 8% y 10% del producto, pero era estratégica porque la plata de Guanajuato, Zacatecas, San Luis Potosí y Real del Monte sostenía el comercio y los ingresos de la Corona.
Tampoco existía una tasa de desempleo comparable con la actual. En una economía rural, quien no encontraba trabajo asalariado cultivaba para autoconsumo, comerciaba o realizaba actividades temporales. Estimo que el desempleo abierto podía ubicarse entre 2% y 4%; sin embargo, el subempleo estacional probablemente superaba 30%. Es decir, el problema no era solamente carecer de trabajo, sino trabajar mucho, de manera irregular y con baja productividad.
Un peón agrícola recibía entre 1.5 y 2.5 reales diarios, mientras que mineros y artesanos especializados podían ganar entre 4 y 6 reales; ocho reales formaban un peso. Un ingreso representativo rondaría los ocho pesos mensuales, equivalentes, por capacidad de compra de alimentos esenciales, a aproximadamente 7,000–9,000 pesos actuales, aunque sin seguridad social y con profundas diferencias regionales.
Si bien Hidalgo inició el movimiento y probablemente es su personaje más importante, fue Agustín de Iturbide quien transformó una rebelión prolongada en un proyecto políticamente viable. El Plan de Iguala logró conciliar intereses insurgentes, militares, religiosos y económicos; posteriormente, el Ejército Trigarante y los Tratados de Córdoba hicieron posible la consumación. Por ello, desde mi perspectiva, Iturbide merece mayor reconocimiento como padre político de la patria: Hidalgo encendió la Independencia, pero Iturbide consiguió convertirla en Estado.
Dentro de esa historia también aparece María Ignacia Rodríguez, la Güera Rodríguez, una de las inteligencias políticas y articuladoras sociales menos reconocidas de su tiempo. Aunque no existe evidencia suficiente para presentarla como el “cerebro” absoluto de la Independencia, sí fue una mujer influyente, relacionada con actores centrales y capaz de participar en espacios económicos y políticos reservados casi exclusivamente para los hombres.
La economía de 1810 era rica en recursos, pero pobre en oportunidades. La Independencia no surgió únicamente del patriotismo, sino también de una estructura que producía plata para el mundo, mientras distribuía muy poco bienestar entre quienes verdaderamente la trabajaban.
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