Orizaba, Ver.- En Orizaba, según estadísticas, este año seis personas han muerto en accidentes de motocicleta, mientras la Policía Vial reporta alrededor de 15 incidentes mensuales.
En 2025, el panorama tampoco fue alentador. Durante junio se contabilizaban más de 40 accidentes, con 46 personas lesionadas y siete fallecidas, mientras un recuento regional al cierre de ese año documentó ocho motociclistas muertos.
El problema no se limita a Orizaba. Río Blanco, Nogales, Mariano Escobedo, Ixtaczoquitlán y Ciudad Mendoza forman parte de una zona metropolitana donde dichos vehículos se han convertido en un medio de transporte cada vez más frecuente, pero también en protagonistas recurrentes de percances.
Exceso de velocidad, invasión de carriles, adelantamientos entre vehículos, falta de respeto a los señalamientos, circulación sin el equipo adecuado y, en algunos casos, consumo de alcohol, aparecen de manera recurrente entre los factores relacionados con estos percances.
La Policía Vial de Orizaba ha identificado el exceso de velocidad y el incumplimiento del esquema de uno por uno como algunas de las principales causas de los percances. En 2026 informó que había hecho operativos para revisar documentación, uso de casco y velocidad.
Durante buena parte del día pueden observarse motociclistas que circulan entre automóviles, usa espacios reducidos para adelantar, pasan rápidamente por los cruceros o aceleran cuando el semáforo está a punto de cambiar.
El riesgo aumenta cuando estas maniobras se realizan sin casco adecuado, con pasajeros o con vehículos que no cuentan con las condiciones necesarias para transportar a más de una persona.
No es extraño ver que el conductor va acompañado por su esposa y hasta dos menores de edad.
El problema se vuelve todavía más grave cuando los menores son trasladados sin ningún tipo de protección.
La situación también involucra a repartidores de plataformas y establecimientos comerciales.
La necesidad de entregar pedidos rápidamente puede generar presión para circular con mayor velocidad, realizar maniobras riesgosas o detenerse en sitios prohibidos. No todos los repartidores conducen de esa manera, pero el comportamiento de algunos ha generado quejas entre automovilistas y peatones.
A esto se suma otro fenómeno que son las llamadas rodadas nocturnas. Las concentraciones de motociclistas pueden convertirse en espacios de convivencia y compañerismo cuando se realizan con organización, equipo y respeto a las normas. Sin embargo, algunas rodadas han generado preocupación entre habitantes de Orizaba.
En noviembre de 2025, alrededor de 200 motociclistas participaron en la “rodada del terror”. A pesar de la lluvia, los participantes continuaron el recorrido y fueron señalados por circular a exceso de velocidad sobre pavimento mojado. Ciudadanos pidieron entonces a las autoridades regular este tipo de actividades.
El problema no es la motocicleta, sino la forma de utilizarla. Así lo sostienen motociclistas que sí entienden la conducción como una responsabilidad.
Eduardo Ortiz y Jesús Cruz, integrantes de un grupo de bikers de la región, consideran indispensable que quienes utilizan una motocicleta comprendan que portar casco, guantes, chamarra, pantalón y calzado adecuado no es una cuestión de apariencia, sino una barrera entre el cuerpo y el pavimento.
Ambos coinciden en que la cultura biker no debe confundirse con velocidad, ruido o maniobras temerarias. “Una rodada responsable requiere organización, respeto entre participantes, conocimiento de las condiciones de la carretera y, sobre todo, la decisión de regresar a casa”.
Ese principio ya es aplicado por agrupaciones de la región. Algunos motoclubes organizan sus recorridos con responsables que encabezan y cierran las caravanas, mantienen formación y contemplan asistencia ante alguna eventualidad.
El llamado de los motociclistas responsables también alcanza a los padres de familia pues comprar una moto a un adolescente no significa que esté preparado para conducirla.
La Policía Vial ha advertido precisamente que una parte importante de los involucrados en accidentes son jóvenes y, en algunos casos, menores de edad.
Mientras tanto, queda pendiente fortalecer la vigilancia en calles y avenidas, particularmente durante las noches y fines de semana, cuando aumentan algunas concentraciones de motociclistas.
No se trata de criminalizar a quienes utilizan una motocicleta para trabajar, transportarse o disfrutar de una afición. Se trata de exigir que todos cumplan las mismas reglas.
Cada casco correctamente colocado, cada pasajero protegido, cada límite de velocidad respetado y cada maniobra realizada con prudencia puede marcar la diferencia entre regresar a casa o terminar en una cama de hospital.
En una región donde los accidentes continúan cobrando vidas, la motocicleta no tiene por qué convertirse en una sentencia.
La responsabilidad empieza en el conductor, pero también exige autoridades capaces de vigilar, prevenir y aplicar el reglamento antes de que una imprudencia vuelva a convertirse en tragedia.
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