Madrid/El Ejército sudafricano detendrá finalmente el Proyecto Kgala, un polémico programa de cooperación militar con Cuba que comenzó en enero de 2025 y en el que se han gastado ya, de manera irregular, unos 279 millones de rands, equivalentes a 16,9 millones de dólares estadounidenses. El acuerdo pendía de un hilo desde que hace cuatro meses el Auditor General de Sudáfrica lo declaró inválido.
La noticia ha sido anunciada por la prensa local este jueves, que cita a un oficial de alto rango en la Fuerza Nacional de Defensa de Sudáfrica (Sandf), el teniente de marina James Matshimane. Este militar, nuevo jefe de política militar, estrategia y planificación del Ejército, dijo al Parlamento que “ya se ha emitido una instrucción” para detener el Proyecto, en el que, según sus propias palabras, han participado 119 cubanos.
Matshimane dejó, con una declaración tan fugaz, dudas como la fecha para el fin definitivo de la cooperación, ni de quién procede la orden, ni si se continuará pagando a la Isla mientras continúan los cursos ya iniciados, que “se permitirá que concluyan”.
El Proyecto Kgala, que reemplazó al Proyecto Thusano hace casi dos años, lleva al país sudafricano a ingenieros y técnicos cubanos que ayudan al Sandf con el mantenimiento y reparación de vehículos militares, así como equipos del transporte aéreo y naval.
El acuerdo pendía de un hilo desde que hace cuatro meses el Auditor General de Sudáfrica lo declaró inválido
El informe realizado por la Auditoría el pasado mayo documentaba muy bien lo que han supuesto ambos acuerdos. Solo en el período 2024-2025, se gastaron en manutención, alojamiento, viajes y costos operativos de los técnicos cubanos más de 1,5 millones de dólares. El Ejército documentó que durante los años de Thusano (2021-2024) se entregaron 18.498 “tarjetas de trabajo” –documentos oficiales para acreditar una tarea realizada–, entre ellas había más de 10.210 intervenciones en vehículos del Ejército, 1.067 en aviación y vehículos de la Fuerza Aérea (Saaf), 107 en la Marina y 4.505 operativas y médicas en el Servicio de Salud Militar (Samhs).
Kgala, en el poco menos de un año que llevaba vigente al realizarse la auditoría, había completado 2.502 órdenes de trabajo, con 1.198 reparaciones de componentes para el Ejército, 418 en vehículos y aviación, 196 intervenciones en la Marina y 659 tareas médicas para el Samhs. Aunque el informe consideraba que el volumen de trabajo acreditado era considerable, eso no justificaba cómo se había llegado al acuerdo.
El pacto con Cuba se saltó, según la Oficina del Asesor Jurídico del jefe del Estado, las normas de contratación pública del país, que exigen una licitación o, en caso contrario, un permiso especial (solicitud de excepción) del Tesoro. Sin embargo, el Departamento de Defensa firmó de manera directa con la parte cubana en virtud de un memorando que hay entre los dos países. Además, el programa había gastado casi un millón de dólares en el momento de ser examinado y que eran, por carecer de permiso, gasto irregular. Sin embargo, como el valor total del convenio eran 11 millones de dólares, todo ese monto –aún no entregado– se consideraba igualmente “irregular”.
La cúpula militar defendió entonces la viabilidad del acuerdo. El vicealmirante David Mkhonto, jefe de Logística de la Sandf, explicó al comité que la cooperación surgió de un Memorando de Entendimiento (MOU) bilateral de gobierno a gobierno y que aunque se debía haber tramitado solicitando la excepción, la elección era la más correcta.
“Los estudios revelaron costos excesivos, tiempos de respuesta prolongados y limitaciones de capacidad en la industria nacional. La colaboración cubana representó la opción más rentable, sostenible y operativamente viable para restaurar el equipo de la misión principal”, sostuvo Mkhonto, asegurando que el Departamento ya trabaja en un marco de delegación interna y en mecanismos de supervisión para corregir las irregularidades.
La paralización que ahora reconoce el Ejército no garantiza necesariamente que Sudáfrica prescinda de los cubanos. Si ya en 2025 rebautizó Thusano, que había estado en el ojo del huracán, ahora podría ajustar –e incluso volver a renombrar el convenio– para mantener el personal.
Si ya en 2025 rebautizó Thusano, que había estado en el ojo del huracán, ahora podría ajustar –e incluso volver a renombrar el convenio– para mantener el personal
La cooperación entre Cuba y Sudáfrica, que se remonta a los tiempos de Nelson Mandela y Fidel Castro, acumula episodios polémicos. Entre los casos más conocidos está la venta de Heberon Alfa R para la crisis del coronavirus, cuya compra realizó Defensa –cuando, al inicio del covid-19, creyó que era un arma bacteriológica– sin la requerida autorización de Sanidad. Solo en aquella operación, la Isla se embolsó casi dos millones de dólares, que pudieron haber sido 17 si se hubiera completado la compra.
La colaboración también comprende el intercambio de médicos o ingenieros entre ambos países, que ha dejado más gastos cuestionables, así como donativos más que generosos, incluyendo el de 3 millones de dólares que fueron finalmente anulados por la justicia del país africano en 2023.
El pasado mes de septiembre estalló una nueva polémica, cuando el sindicato militar Unión de Defensa Nacional de Sudáfrica exigió una investigación para conocer todos los detalles sobre la denuncia de un grupo de 38 oficiales que entrenaban en la Isla y fueron, supuestamente, presionados para donar dinero de sus salarios a la parte cubana. Las donaciones debían consignarse en una lista, junto al nombre de cada militar, con la cantidad sugerida, que, aunque era voluntaria, se esperaba que ascendiera a unos 940 dólares en el caso de los oficiales y al menos 188 dólares para los de rango inferior.
Este mes también han llovido las quejas de los estudiantes sudafricanos que realizan o completan sus estudios en la Isla, en unos casos por la falta de oportunidades que les ofrece su país al regresar –ya que después de pagar su formación en la Isla no tienen dinero para contratarlos– y en otros por las malas condiciones a las que se enfrentan en su vida cotidiana como residentes en Cuba.
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