Una montaña de basura crece junto a la central de Tallapiedra

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By ndh
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La Habana/“La montaña de basura alcanza fácilmente más de cinco metros de altura”, calculaba este miércoles un vecino del municipio habanero de Diez de Octubre, observando la magnitud que ha alcanzado el vertedero junto a la termoeléctrica de Tallapiedra, fuera de servicio desde mediados de 2024. Pero ya nada lo asombra. “En otras ocasiones he pasado y ha estado mucho más ancha y alta, con buzos en sus alrededores”, añade, sin dejar de mirar hacia la cargadora amarilla que levanta cucharadas de desperdicios y escombros como si removiera los restos de una ciudad bombardeada.

El procedimiento, explica uno de los trabajadores de la zona, tiene algo de coreografía: los camiones recolectores llegan, los choferes se anotan en una lista en una mesa instalada en el parque de la rotonda –donde dos mujeres registran cada entrada–, descargan y luego un remolcador fijo vuelve a cargar los desechos en otros vehículos que los trasladan hacia el vertedero final. “Es un procedimiento de descarga y carga. En este punto no queman basura”, precisa.

Su aclaración es importante, porque una de las imágenes más cotidianas de La Habana actual es ver columnas de humo levantándose en todas partes. Y no solo se trata de una solución espontánea de la población para espantar el mal olor y los insectos, o para reducir el tamaño de los vertederos que se acumulan frente a sus puertas y en cada esquina. La quema de basura es también una decisión oficial.

La explicación de las autoridades, divulgada el martes por Cubadebate, es que esta incineración se debe a una autorización excepcional y transitoria, y que las ordenanzas municipales prohíben la quema en zonas urbanas sin autorización. Ante la actual crisis de combustible para los servicios regulares de recolección –como medida de contingencia–, se habilitaron 122 puntos de acopio temporal de desechos, de los cuales 24 fueron evaluados y certificados para “incineración controlada” por especialistas del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (Citma), Salud Ambiental, el Instituto de Recursos Hidráulicos y el Cuerpo de Bomberos. 

“En otras ocasiones he pasado y ha estado mucho más ancha y alta”, dicen.
/ 14ymedio

La Habana genera diariamente más de 23.000 metros cúbicos de residuos sólidos urbanos, según cifras oficiales difundidas por el Gobierno provincial en 2023. Los especialistas calculan que la cifra debe ser todavía mayor en la actualidad, debido al aumento de actores económicos como las mipymes. Sin embargo, la capacidad de recogida ha estado siempre muy por debajo de esa producción. 

De los 166 camiones con los que contaban a inicios de 2026, solo estaban trabajando 44. A ello se suma que La Habana solo dispone de 10.000 contenedores, cuando se necesitan unos 30.000. Si la situación ya era compleja entonces, todo empeoró luego de que la Isla perdiera a su principal benefactor, la Venezuela de Nicolás Maduro. La actual crisis de combustibles no solo ha dejado las calles desiertas, sino que ahora la basura se acumula en ellas sin una solución que demuestre eficacia. 

Las autoridades han detallado medidas organizativas. Cada municipio establecerá un puesto de dirección encabezado por el intendente y habrá un responsable por cada Consejo Popular para coordinar la recogida, supervisión de puntos de acopio e incineración, y control operativo del uso de combustible. En cada punto habrá un supervisor de Comunales y coordinación con Bomberos, así como herramientas y equipos de protección para el personal. La intención declarada es evitar la acumulación de basura en calles y espacios públicos, reducir vectores y minimizar riesgos sanitarios, aunque se reconoce que la incineración no es sostenible a largo plazo.

Pero las medidas solo parecen resolver el problema en las actas tras cada reunión gubernamental. Denuncias ciudadanas y alertas de instituciones como el Centro de Neurociencias de Cuba subrayan los impactos negativos de quemar residuos.

En el punto de acopio de Tallapiedra, cuando no hay trabajadores cerca, aparecen además los llamados buzos, personas que hurgan entre los residuos en busca de plástico, aluminio, cartón o cualquier objeto revendible. Para muchos, esa actividad informal se ha convertido en una tabla de salvación ante salarios estatales que no cubren ni siquiera la canasta básica.

Hombres y mujeres con sacos al hombro, niños que acompañan a sus padres, ancianos que escarban con un palo, son visitantes frecuentes de las montañas de basura. El riesgo sanitario es alto. Cuba ha experimentado en los últimos años brotes de dengue, chikunguña y otras enfermedades transmitidas por vectores que encuentran en la basura acumulada un caldo de cultivo ideal.

El problema se multiplica en distintos puntos de La Habana. “Hay otro como este por Guanabacoa, por el cementerio viejo”, añade un trabajador. En ese municipio del este habanero, los vecinos denuncian desde hace meses la formación de un vertedero informal que crece al borde de un barranco. Cada lluvia arrastra residuos ladera abajo, contaminando suelos y cursos de agua cercanos. 

La ubicación del punto de acopio junto a la fallecida termoeléctrica añade otra capa de ironía. En un país sumido en la oscuridad, la basura se acumula precisamente al lado de una planta que estaba destinada a generar electricidad y, tras más de 60 años de servicio, se dio de baja hace más de dos años. Apagón y basura, una pésima combinación sin solución a la vista.  

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