▲ Sus canciones han formado parte de la banda de sonora de Mean Girls, Los Simpson y South Park, entre otras producciones.Foto tomada del Facebook de la artista canadiense
The Independent
Periódico La Jornada
Lunes 9 de marzo de 2026, p. 6
La canadiense Merrill Beth Nisker, conocida artísticamente como Peaches, era maestra de primaria, pero dejó las aulas por seguir su instinto que la llevó a los escenarios; entre ellos, algunos de México, donde las cajas de ritmos, las guitarras eléctricas y las baterías acompañaron sus performances y las sugestivas letras de sus rolas.
El año pasado, el festival de Cine de la UNAM, por medio de la Filmoteca, exhibió el documental Teaches of Peaches (dirigido por Philipp Fussenegger y Judy Landkammer), sobre esta artista, que ha desafiado estereotipos de género.
Desde un escándalo sexpositivista hasta una piedra de toque feminista, Merrill Nisker ha pasado décadas desafiando límites y rompiendo barreras. Acaba de lanzar, a finales de febrero, su primer álbum en 10 años, No Lube, So Rude, por lo que, con la periodista Annabel Nugent, abordó poder, provocación y cómo el mainstream se pone al día.
Durante más de 30 años, Merrill Nisker ha deleitado a sus fanáticos y provocado a la crítica con éxitos de electroclash como F*** the Pain Away y sus conciertos vanguardistas y sex-positivistas. Al fin y al cabo, ¿qué sería de un concierto de Peaches sin una vagina gigante voladora?
Nisker, ahora cerca de los 60 años, vive en Berlín y observa al público en sus conciertos. Ve cejas levantadas, bocas abiertas y ojos desorbitados que miran el escenario con medias de rejilla y vello púbico al descubierto, mientras escupe letras sobre la sexualidad positiva y transgénero con un pene protésico. “Me he acostumbrado tanto a ir más allá, que siento que esa es mi esencia”, afirma.
Trascendió los límites de forma memorable con su debut de 2000, Teaches of Peaches, cuyo título hace referencia a su pasado de maestra. Con raíces en los sonidos synth-punk de los 80, el disco fue espectacular por su audacia. Publicados entre 2003 y 2015, sus álbumes posteriores (Fatherf ***er, Impeach My Bush, I Feel Cream y Rub) ampliaron su paleta sonora, a la vez que afinaban su voz en temas de guerra, derechos reproductivos, construcciones de género y deseo queer.
Esas preocupaciones políticas son más fuertes que nunca en No Lube, So Rude. Muchos de los temas se mantienen fieles a su sonido anterior –esa mezcla descarada y maleducada de electrónica, dance y punk–, pero también hay un esfuerzo por evolucionar. La producción es un poco más intensa (aunque parezca mentira) e incluye sonidos en directo, incluso una sección de vientos.
Es su primer álbum en una década, lo que no significa que haya estado hibernando. Lejos de eso, ha presentado una versión en solitario de Jesucristo Superestrella, interpretando ella misma los ocho papeles; ha escrito y hecho una gira con una ópera electrónica.
También ha aparecido en un fashion film dirigido por John Malkovich; interpretó la emblemática obra de arte de Yoko Ono, Cut Piece, con tanta maestría que la propia artista japonesa afirmó que “nunca se volverá a interpretar con tanta elocuencia”. A pesar de todo, Nisker se ha mantenido notablemente constante, firme, en las ideas que defendía a los 20 años.
“Al principio la gente me llamaba una chica de un solo truco, pero esto no es un truco; es una forma de vida”, expresa.
Ya salió el sencillo principal del álbum, Not In Your Mouth None of Your Business, declaración de autonomía corporal construida sobre un pulso electrónico implacable y la inexpresividad característica de Nisker. “Ojalá no fuera una canción de protesta, pero lo es”, dice.
“Toda esta discusión sobre quién define qué es una mujer… Mira, si dicen que son mujeres, son mujeres. Si dicen que son hombres, son hombres. Son quienes dicen qué somos, y debemos respetar eso”. Una parte de las ganancias de su próxima gira por Norteamérica se destinará al Proyecto de Financiamiento Trans.
Diez años después de su último álbum, descubre que “ya no me importa tanto, sólo voy a decir lo que quiero decir y a dejar caer todas mis ideas sobre lo que está pasando en el mundo”. Si bien nunca se ha andado con rodeos, se encuentra hablando más abiertamente sobre el edadismo, algo que ha enfrentado desde los inicios de su carrera.
En 2001, NME publicó una reseña de uno de sus primeros conciertos en Reino Unido con el título Abuela, estás asustando a los niños. Nisker tenía 34 años en ese momento.
“Sólo ahora estamos comprendiendo realmente que hay vida para las mujeres mayores”, afirma, señalando las diferentes generaciones de fanáticos que ve en sus conciertos. “La gente no es lo que uno se imagina. Hay muchas de 50 años o más. ¡Quieren salir! Quieren salir más que las jóvenes. La generación Z sólo quiere quedarse en casa”.
Experiencia con Marilyn Manson
En cuanto a la reseña de NME, no le importó. Ha lidiado con cosas peores, como cuando abrió el concierto de Marilyn Manson en la gira de 2003. “Sus seguidores me escupían. Quería llorar”, recuerda. Sobre cómo fue salir de gira con Manson, quien desde entonces ha sido acusado de abuso sexual por varias mujeres, Nisker dice que no estaba al tanto de ninguna irregularidad. “Sé cómo suena decir ‘No vi nada’, pero estaba demasiado ocupada”, comenta. “Estábamos en nuestra camioneta y ellos estaban en su autobús de gira haciendo lo que fuera que hicieran”.
Ella y Manson no pasaban tiempo juntos. “Me daba palmaditas en la cabeza y me decía: ‘Ve por ellos’, pero no quería estar cerca de ellos”.
Es curioso pensar que la primera incursión de Nisker en la música –casi al final de sus 20– fue como parte de un trío folk con un nombre peculiar, Mermaid Café. Dicho esto, su éxito de culto, Gabey and Mike, trataba sobre dos chicos enamorados, así que, en cierto modo, era muy Peaches.
En 1995, Nisker lanzó el álbum Fancypants Hoodlum, que vino y se fue. “Entonces desarrollé mi propia banda”, recuerda. “Todos veníamos de un lugar un poco descontentos y simplemente decidimos tirarlo todo, fumar mucha hierba y decir un montón de mierda sexual, lo que viniera a nuestras mentes. Realmente me liberó creativamente y conectó con la gente”.
Sin embargo, detrás de escena, a Nisker le habían diagnosticado y tratado cáncer de tiroides, lo que sólo reveló al público mucho después. “No estaba interesada en usar nada de eso para llamar la atención”, explica.
“Lo que era importante para mí era el mensaje real de mi música que se transmitía por sí solo, así que nada más en retrospectiva comencé a hablar de ello”. Deja escapar un pequeño suspiro. “Realmente, el cáncer de tiroides es el cáncer más afortunado, pero en ese momento, simplemente cambia tu cabeza para pensar en la inmortalidad y la intención. Eso es lo que hizo por mí”.
El diagnóstico impulsó a Nisker a romper con su marido y también a lanzarse como solista y grabar Teaches of Peaches, que, a su manera, es un álbum sobre una ruptura. En apariencia, es un disco de canciones de fiesta, pero como recuerda Nisker ahora, “la gente puede salir de fiesta porque siente mucho dolor.”
En 2026, una canción de Peaches podría no parecer tan escandalosa como antes, no porque haya perdido su atractivo ni se haya alargado los pantalones cortos, sino porque poco a poco ha ido sometiendo a la corriente dominante. Nisker señala a artistas como Billie Eilish y Chappell Roan, quienes han alcanzado el número uno con canciones que hablan explícitamente de su homosexualidad.
“Me encanta que todas estas grandes estrellas del pop sean abiertamente y líricamente queer”, dice. “A veces no resulta auténtico con otras personas… pero es mejor que esconderse”.
La infiltración de Nisker en la corriente principal, sin duda, se ha visto favorecida por su participación en los momentos más importantes de la cultura pop. Sus canciones han formado parte de la banda sonora de Mean Girls, Lost in Translation, 30 Rock, The Handmaid’s Tale, Los Simpson, South Park y Sex Education.
No obstante, su mayor logro sigue siendo la magia transformadora que ocurre en la sala de un concierto de Peaches.
El actor transgénero Elliot Page recordó una vez cómo ver a Nisker en vivo cambió su vida cuando era adolescente: “Ella se mantiene firme y no tiene miedo. Esa es mi definición de un héroe, una heroína, un progresista, un ícono: concentrado y listo para la lucha”.
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