Encontrar un fósil tan pequeño no fue tarea fácil. El material fue localizado por el paleontólogo Lúcio Roberto da Silva en el yacimiento fosilífero de “Cortado”. Según los investigadores que estudian el material, fue encontrado adherido a rocas que lo conservaron durante millones de años, y perteneció a un animal que vivió en el período Ladiniano del Triásico Medio.
En esa época, los continentes aún estaban unidos formando Pangea y los ecosistemas estaban dominados por los antepasados de los caimanes y los cocodrilos, explica el paleontólogo Rodrigo Temp Müller, de la UFSM, que lidera el grupo de investigación.
Debido a su reducido tamaño, la limpieza del cráneo fosilizado tuvo que realizarse con agujas bajo lupas de aumento, un trabajo minucioso que requirió paciencia y precisión. A continuación, el paleontólogo Leonardo Kerber sometió el material a microtomografías computarizadas, una tecnología que permitió ver detalles invisibles a simple vista. Los modelos tridimensionales generados a partir de estos exámenes revelaron características únicas, lo que confirmó que se trataba de un animal hasta entonces desconocido.
El nuevo espécimen recibió el nombre de Sauropia, que combina el término griego sauros (lagarto) con la palabra regional piá, utilizada en el sur de Brasil para referirse a un niño, en alusión al tamaño diminuto y a la posible etapa juvenil del individuo. Macrorhinus significa “nariz grande” en griego, destacando las fosas nasales proporcionalmente amplias que presentaba el animal.
Según los investigadores brasileños, el hallazgo proporciona información valiosa sobre cómo vivía el Sauropia macrorhinus. Se estima que tenía unos 5 centímetros de longitud total, aproximadamente el tamaño de un lagarto común. Sus dientes en forma de clavija, con sección transversal circular y sin constricción en la base, también indican que su dieta probablemente se basaba en pequeños invertebrados, como insectos.
Sin embargo, lo que más intrigó a los paleontólogos fue precisamente el tamaño del cráneo. Con solo 9.5 milímetros, es más pequeño que cualquier otro procolofonoide, un grupo de pararreptiles al que pertenece la nueva especie.
Para tener una idea, los cráneos de especies relacionadas son al menos 2.5 veces más grandes y, en algunos casos, llegan a ser 9.5 veces más largos. Esto plantea la posibilidad de que el fósil represente a un individuo joven, que aún no había alcanzado la madurez esquelética.
El espécimen ofrece una ventana para comprender cómo se desarrollaban estos animales, algo particularmente valioso si se tiene en cuenta que los procolofonoides son muy escasos en el registro fósil del Triásico Medio de América del Sur.
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