El estupor se mezcla con la certeza de que “esto ya no da más”

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By ndh
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Holguín/En las calles de Holguín se respira una mezcla extraña de estupor, ansiedad y expectativa. Las conversaciones se multiplican en las paradas, en los portales y en los triciclos eléctricos que ahora dominan el paisaje urbano. Mientras el transporte se desmorona y el precio del combustible rompe récords, muchos repiten una frase que se ha vuelto casi un estribillo: “Ya esto no da más”.

Un lector de 14ymedio que vive en la ciudad describe un ambiente tenso, cargado de comentarios y especulaciones. “La gente está como en un estupor, pero dentro de ese estupor están muy pendientes de todo”, cuenta. Según su testimonio, en la calle se habla de política, de la situación económica y también de lo que pueda ocurrir para lograr un cambio en la Isla. “Hay mucha esperanza, mucha gente pendiente de lo que está diciendo Donald Trump”.

La escena cotidiana, sin embargo, está marcada por problemas mucho más inmediatos. La gasolina, que ya venía encareciéndose desde hace meses, ha superado en el mercado informal los 4.000 pesos por litro y, según varias fuentes locales, se acerca a los 4.500. El resultado es visible en las avenidas de la ciudad oriental.

“Prácticamente no se ven motos de combustión ni carros particulares en la calle”, relata el holguinero. “Los que se ven son casi todos estatales”. Muchos propietarios han optado por dejar sus vehículos guardados en los garajes porque el combustible se ha vuelto inaccesible.


“Ya se están vendiendo los turnos por más de 3.000 pesos”

La ausencia de esos medios de transporte ha dejado el espacio a otro protagonista: las motorinas y los triciclos eléctricos, que ahora funcionan como la principal alternativa para trasladarse por la ciudad. En muchos barrios se han convertido en el único modo de moverse.

El auge de esos vehículos ha provocado, a su vez, nuevas tensiones con las autoridades. En varias paradas de transporte la presencia policial se ha intensificado, según denuncian varios residentes. Los agentes revisan documentos, detienen a conductores y supervisan los permisos de circulación.

“La policía está arreciando con el tema de los triciclos”, cuenta el lector. “Están parando a todo el mundo”.

Ante la desesperación del momento, las autoridades han empezado a otorgar permisos temporales para transportar pasajeros o carga, incluso a conductores que no cumplen todos los requisitos. Pero incluso obtener una licencia se ha convertido en un proceso casi imposible.

Las oficinas de tránsito están desbordadas por la demanda de personas que quieren legalizar sus vehículos eléctricos. Los aspirantes deben pasar por un sistema de turnos que se ha vuelto terreno fértil para la corrupción.


“Es una cadena de problemas que termina afectando el transporte entero”

“Hay cola de turnos para hacer el examen teórico en la computadora, y otra cola de turnos para el práctico”, explica. “Y se están vendiendo por más de 3.000 pesos”.

Mientras tanto, decenas de triciclos y motorinas permanecen inmovilizados en depósitos porque sus propietarios no han logrado completar los trámites necesarios. El resultado es una paradoja: vehículos que podrían aliviar el transporte permanecen detenidos mientras las paradas se llenan de pasajeros desesperados.

“Una cosa lleva a la otra”, resume el holguinero. “Es una cadena de problemas que termina afectando el transporte entero”.

En ese escenario, los comentarios políticos se cuelan en la conversación cotidiana. Algunos ciudadanos expresan abiertamente su frustración con el Gobierno. “Se escuchan frases como ‘Ojalá venga Trump y se lleve a estos singaos’”, cuenta el holguinero a este diario.

Más allá de esas expectativas, la frase que más se repite es otra mucho más sencilla: “Ya esto no da más”. El lector asegura que la ha escuchado en todos los ambientes. “Se la oyes a cualquiera: obreros, gente común, incluso a intelectuales”.

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