Instalan en el Franz Mayer muestra dedicada al futbol y su memoria

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▲ La exposición tiene objetos memorables, como la playera de Uruguay (al fondo), que se coronó en 1950 tras el mítico Maracanazo, cuando venció al anfitrión Brasil.Foto Yazmín Ortega Cortés

Karla Torrijos

 

Periódico La Jornada
Jueves 26 de marzo de 2026, p. a12

Un Mundial de futbol no sólo abarca lo que sucede dentro de la cancha, también retrata la cultura de los países sede, así como los momentos históricos por los que atraviesan. En esa amplia gama de imágenes, quedan además plasmados los aspectos artísticos, como el diseño de los carteles, los uniformes, los balones, los boletos, la arquitectura de los estadios, entre otros. Incluso, muchas ediciones, además de ser recordadas por las hazañas dentro del terreno de juego, también lo son por este tipo de detalles.

Ejemplo de esto es la Copa Mundial de Brasil 1950, cuando la Verdeamarela sufrió una dolorosa derrota en la final ante Uruguay, conocida como el Maracanazo, tras lo cual dejó de usar camisetas blancas con cuello azul, uniforme que consideró que estaba “maldito” luego del trágico episodio, y comenzó a vestir sus tradicionales playeras verdes con amarillo.

Otra edición memorable por sus materiales gráficos, según detalla la exposición Futbol: Diseñando una pasión, instalada en el Museo Franz Mayer, es la de México 1970, que cambió la forma de promocio-nar la justa mundialista al tener un logotipo oficial y una identidad visual que se extendió a diversos artículos publicitarios.

Para ese torneo se creó un logotipo simplificado y abstracto, inspirado en la corriente Op Art y que a la postre se volvió icónico, el cual consiste en un balón conformado por hexágonos y pentágonos. Además, se retomó la tipografía diseñada por el estadunidense Lance Wyman para los Juegos Olímpicos de México 1968, que hacía referencia al arte wixárika, y se lanzó como “mascota” oficial a Juanito, un simpático niño que vestía el uniforme de la selección mexicana y un sombrero típico del país.

La exhibición, que recorre la historia visual y material de las Copas del Mundo celebradas en el continente americano desde la mirada del diseño, también destaca la edición de Argentina 1978, realizada bajo una brutal dictadura militar que utilizó el certamen para fines políticos.

Esa justa tuvo un cartel, un logotipo y una mascota oficiales; la tensión política que se vivía en el país generó diversas protestas alrededor del mundo, lo cual propició la creación de folletos, dibujos y pancartas que conformaron una gráfica totalmente disidente.

En la muestra, que contó con la curaduría del doctor Kevin Moore, fundador del National Football Museum, en Manchester, y la cual está compuesta por más de 250 piezas, entre uniformes, balones, carteles, fotografías y memorabilia, también se exploran otras expresiones del diseño, como el arquitectónico, enfocado en la construcción de los grandes estadios mundialistas, como el Azteca o el Centenario, en Uruguay, así como el de modas, centrado en las tendencias de los uniformes de los jugadores.

Además, hay un espacio dedicado al Mundial femenil de México 1971, donde se pueden observar algu-nos dibujos y revistas de la época, los cuales muestran cómo fue sexualizado el cuerpo de las jugadoras durante la competencia, y otro para la edición de México 1986, en el cual se exhiben diversos artículos con la imagen de Pique, el chile jalapeño que se convirtió en una de las más emblemáticas mascotas de la magna justa futbolística.

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